2 de septiembre de 2014

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 3



Entramos a la cantina, una canción suena tristemente en la rockola y cuando acaba únicamente quedan las pequeñas voces de los meseros que se cuentan chistes con el cantinero, el cual se encuentra distraído viendo un noticiero deportivo en el televisor; el lugar está vacío excepto por un viejo bebedor que al fondo, en la última mesa duerme desparramado sobre una botella de tequila a medio beber y un plato de plástico con frituras rancias. Nos sentamos en los taburetes, se acerca uno de esos meseros ancianos cuya actitud va mucho más rápida que su cuerpo, como si se fueran tomando la vitalidad de los borrachos que poco a poco van perdiendo la energía y agotando la conciencia. Mira a Tennesse y su expresión cambia de inmediato, en un santiamén se vuelve más jocoso y dicharachero; hace un par de chistoretes viejísimos y clava la mirada en las heridas y la sangre seca que aún tengo en el rostro para preguntarme qué voy a pedir para la “señorita”, haciendo un énfasis en las comillas, con más amistad que malicia. Únicamente hago un débil movimiento con la mano indicándole que decidirá por sí misma y ella pide una copa de Jack Daniel´s sin hielo, yo le digo que me traiga una Negra Modelo pero de inmediato se interpone su voz femenina para reclamar que no hemos venido hasta acá para bebernos una cerveza, que eso es bastante cutre, declaración que el mesero reafirma con un sarcástico “hágale caso a la señorita (esta vez sin comillas) ella sabe… ¿cerveza?, ni que estuviéramos en una fonda a las tres de la tarde”, seguido de una amplia carcajada que se expande por todo el salón haciendo eco. Ignoro si alguno conoce el significado exacto de la palabra “cutre” pero no quiero investigarlo y entonces pido otro Jack. Enseguida, dice el mesero y se va hablando sólo como hacen los tipos chistosos en las cantinas antiguas. Dame unas monedas voy a poner una canción, de algún modo tenemos que alegrarnos la vida, dice Tennesse. Saco unas cuantas monedas y se las entrego en la mano, ella se levanta y camina hacia el aparato. Sería justo decir que su cuerpo no es perfecto pero resulta atractivo aun dentro de toda esa vestimenta exagerada. Se mueve cadenciosa y a paso lento, segura de que todos allí dentro la miramos, segura de que ha aprendido bien el caminar de las divas hollywoodenses. Se inclina sobre la rockola y sus caderas se pronuncian con un erotismo que viene a demasiado incluso a esta hora. Elige durante un buen rato golpeando suavemente el suelo con el imposible tacón derecho de sus zapatos. Luego da media vuelta y camina a prisa para que la música le alcance en el camino. Suena No headstone on my grave y en seis pasos largos y cuatro pequeñísimos llega a nuestra mesa. En ese instante, como sugestionado por el aliento teatral de Tennesse, aparece el anciano mesero para dejarnos nuestros tragos y se va con una leve risa entre los dientes.
-Dónde en toda esta ciudad mal parida encuentras una cantina que tenga en su rockolla un disco de Jerry Lee Lewis- Le pregunto, no creyendo en la extraordinaria sucesión de eventos que caen a buen tempo.
-Esta es una noche distinta; yo soy una musa distinta; quizá hoy también tú puedas llegar a ser distinto-me dice moviendo los hombros al ritmo de la música y con una sonrisa pícara en sus bien definidos labios
-Tennesse, estoy presintiendo que toda tú eres una paradoja-
- “CARA Y CRUZ[1]: Vida: soy de tu cara y tu cruz. / Casi siempre / colgada boca abajo, / pero fuerte como una telaraña al viento. / Mi corazón arde, / pero yo soy escarcha fría resplandeciente.”- Dice antes de comenzar a desmantelar su extravagante belleza dos horas después de que tomara con suavidad mi mano para apartarla del camino y desviarnos hacia una de esas cantinas solitarias del centro. Con el tiempo sabría que su mente era capaz de recordar poemas completos, párrafos enteros, expresiones exactas de todo tipo, incluso las que leía pintadas en los baños públicos y todo para cumplir con ese ritual suyo de hacerse y deshacerse a sí misma a través del personaje que había aceptado ser para sobrellevar la vida.
De un trago se bebe todo el contenido del pequeño vaso y comienza a sacarse las pestañas dejándome ver por fin sus dos grandes y profundos ojos cafés, luego se quita el cabello rubio platinado y brota de allí dentro una larga cabellera negra como mi suerte; se saca los tacones escarlata y los coloca a su lado, toma de un bolso unos zapatos de piso tan discretos que antes nunca hubiera podido relacionarlos con ella. Sentada como está se deshace del brilloso y ceñido vestido para ponerse uno de líneas negras sobre la tela blanca, de manga corta y sin escote que define mejor su edad, su belleza natural, su verdadero carácter. No pudo pasar por alto que el brasier y las bragas combinan perfectamente. De las bolsas del vestido toma unos guantes blancos y lentamente los hace a sus delgados dedos para señalarle al mesero que traiga otra ronda; me apresuro a beber y observo cómo cuidadosamente se quita el exceso de maquillaje y hace algunos nudos con su cabello para que no le estorbe.
Al final me encuentro sentando con alguien que es completamente distinta, por lo menos cinco años menor de lo que hubiera pensado y aunque aún no podría decir que la respeto, sí lo pienso dos veces antes de tirarle algún comentario desatinado. El mesero trae la siguiente ronda y nos quedamos como dos bobos, mirándonos sin saber qué sería lo adecuado; yo trato de leerla pero me encuentro como saliendo al sol de la tarde luego de haber dormido toda la mañana; por su lado, me parece que ella me tiene clasificado y con todo, permite que siga jugando el rol que me corresponde.
-No podemos quedarnos mucho tiempo, todavía hay algo que no hemos hecho- le comento.
-Voy a hacer una agenda empezando hoy, que termine dentro de diez años, para que al llegar a este día pero en diez años, sepa cuantas carcajadas pude sacarle a Dios con los planes que tenía para mi vida- me comenta, como iniciando uno de esos juegos íntimos que tienen las parejas después de cierto tiempo.
-Mi padre era implacable, no dejaba pasar nada. Si alguien se quejaba de nosotros era costumbre suya suponer que efectivamente éramos culpables y entonces nos azotaba. Decía que debíamos aceptar que así era la vida, que no podíamos hacer nada para cambiarla. Que él buscaba la razón y lo justo, que no iba a cubrirnos por el hecho de que fuéramos parte de su familia. Cuando se hizo viejo le sobrevino una revelación espiritual y se llenó de compasión y misericordia. Nunca entendió por qué fuimos tan duros e implacables para con sus errores, nunca entendió por qué, según él, estábamos tan equivocados, pero nos perdonaba y nos siguió perdonando hasta el día de su muerte y así fue como se salió con la suya el viejo-.
-Los orgasmos están sobrevalorados, yo no quiero que tú te preocupes de mis orgasmos, esa es una aventura mía a la que no has sido invitado…[2]-.
Seguimos hablando así durante una hora excepto por las salidas a fumar o cuando ella iba a poner nuevas canciones. Finalmente pagamos la cuenta, me pide que suba el cierre de su vestido y salimos a la calle. Enciendo un cigarrillo, me pregunta a dónde es que nos dirigimos, saco la tarjeta y se la muestro, ella la mira con cierto desaire.
-Conozco un poco la zona, puedo decirte cómo llegar más rápido-.
-Pues vámonos, no quiero dormirme manejando-le contesto, abro el automóvil y subimos.
Nos alejamos del lugar y No headstone on my grave se desvanece entre las calles del centro repleta de chicos que en la madrugada comen o fuman, que entran o salen de las cantinas y bares; y mientras más pienso en aquello que persigo más me voy sintiendo perseguido. Pienso en Tennesse y me digo que es como una prostituta virgen, como una madre que me da hijos que son hermanos, como una antagonista que se lleva los aplausos al final de cada acto. Pienso que todo este viaje, que todo este paseo por el amor y la muerte, incluso yo mismo, en realidad formamos parte del destino de Tennesse; que si ella decidiera desaparecer toda la ciudad se vendría abajo. Pienso que no importa qué haga de ahora en adelante porque necesitaré quererla, pero que debo hacerlo clandestinamente para que no me disuelvan las potencias inevitables de su orgullo. Me doy cuenta de que ella se ha convertido en el ombligo del mundo y de que yo continúo siendo un esclavo…Don't put no headstone on my grave, all my life I've been a slave. Want the whole wide world to know, that I'm the man that loved you so. Mama, mama, don't you cry, i'm gonna meet you in the by and by, in the sweet by and by…




[1] Monroe, Marilyn: http://lejosdeltiempo.wordpress.com/
[2] Estimado lector, la conversación aunque extensa y metafórica me parece interesante sin embargo podría distraer de la acción dinámica aunque secundaria de nuestros personajes, por tal motivo la podrá encontrar completa próximamente en el anexo a este capítulo (N. A.).

22 de agosto de 2014

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 2




El caos es oscuridad. Y nuestra condena es jugar ajedrez con la muerte. No ser nunca nadie. Que Dios a fuerza de albedrío, a fuerza de esa lógica imperturbable dominada por los adoradores de sí mismos, nos deje con el saludo en la boca.

Nuestra condena es el destierro al que nos obligaron aquellos que hicieron la juventud únicamente suya, que en el influjo de cada día se ceban en la esencia de las cosas, en la naturaleza visible e invisible del mundo de la vida y se apropian sin reservas, como dice Tomás Segovia, a ti que te gusta tanto, hasta de nuestra puta tristeza ¿Y qué hacemos los hijos bastardos de este siglo? ¿De qué nos alimentamos sino de negros pájaros de rencor y resentimiento, de remordimientos y terrores, que a diario te dicen que es demasiado grave la herida para salvarte; que es imposible liberarte del recuerdo de esa mujer que en el precario equilibrio de la memoria siempre devuelve tu sonrisa con un seco desprecio sin gestos y parte hacia el amor, hacia el sexo, hacia el amor, hacia las mezquinas manos de algún privilegiado, dejándote más triste que un zapato olvidado que cuelga de un cable.
:::::::::::::::::
Vamos a la caza del tiempo que perdimos creyendo en nuestros veinte años. Dejo de jugar con gatillo de la pistola, ya sabes, haces presión esperando que-se-no-se dispare y queden embarradas sobre la mugre de la pared todos esos que podrías haber sido. Pienso que este no es el punto límite que espero y me despabilo de estos malos días. Miro a lo lejos a través de la ventana, el cielo nublado se abre… diría que a unas cuantas horas de distancia… y me parece que veo la reproducción vieja y percudida de una pintura, una de las tantas que mi abuela colgaba orgullosa en las paredes de su casa. No puedo desprenderme de mi educación católica, pienso que allá está sucediendo un milagro mientras acá seguimos solos. Guardo la Beretta como hacen los protagonistas en la televisión o en la pantalla de los cines y no me avergüenzo, me convenzo de que es mejor de esta manera. Me pongo la camisa y el abrigo; tomo los Ray Ban falsos y tiento pegada a mi pecho la cajetilla de cigarros. Enciendo uno y toda percepción se esfuma con la primera bocanada…
::::::::::::::::
Miro el cuadro del auto, mantengo desde hace varios kilómetros una velocidad constante y mi pensamiento anda al paso. Miro el cuadro del auto y estamos a punto de quedarnos sin gasolina y mi pensamiento anda al paso, pero está a punto de quedarse sin impulso, algo de combustión interna le hace falta. Tengo entumido el cuello y un martilleo leve pero interminable detrás de la cabeza. Los cigarrillos me saben a jugo gástrico, no hemos comido en todo el día. No podíamos detenernos, la noche, la Ciudad, este nuestro destino ha dejado de una vez por todas las pendejadas y se abre para que entremos completamente en nuestras pesadillas. No me engaño, nada en esta historia le pertenece a mis convicciones, soy apenas un pretexto, un peón sacrificado para que algún mediocre imbécil al final sea coronado con la chica hermosa. Sé que apenas soy una sombra para la esperanza.

El mentol del cigarro que fuma la chica a mi lado entra por mi nariz y derrama las ideas que son como una enfermedad que padezco desde hace años. Se terminó la gasolina, si vas a secuestrarme, sé un caballero y cómprame por lo menos un café y un par de cajetillas de cigarros, me dice mientras me acerco a la gasolinería. Le pido al chico que llene el tanque y pago con billetes que ella me ofrece de una pequeña bolsa negra de plástico. Una vez cargados meto el arma en la guantera y bajo a comprar café y varias cajetillas de cigarros en la tienda de veinticuatro horas. Adentro, los chicos que atienden el sucio local se mueven como señores feudales dentro de ese miserable establecimiento que es su tormento, con esa autosuficiencia que tienen los supervisores. Pienso que nada nos queda entre las ideologías de moda y la libertad de supermercado. Que mi mentalidad burocrática no tiene cuerpo, que estamos esclavizados en una rapidez vacía, que nuestro simpáticos gestos no tienen significado y que en realidad nos vamos muriendo de nada. Pago y echo un vistazo a las revistas del corazón y me avergüenza salir con las manos llenas de envidia. Afuera encuentro a la chica de los tacones escarlata recargada en el auto rodeada de tres malditos pretensiosos de pantalones ajustados, mocasines de gamuza, ridículos bigotes y sombreritos idiotas.

Galantean con ella y le encienden otro cigarrillo. al irme acercando siento cómo el miedo comienza de nuevo a relatarme la vida, este es el que te tiene secuestrada, pregunta uno, deberías por el bien de todos dejarla con nosotros, me dice otro mientras el tercero me abraza con firmeza como reclamando el territorio, sabes que es peligroso fumar aquí, podrías incendiarlo todo, le comento apenas levantando la mirada –mi estómago arde- súbete, ya nos vamos, ¡hey, compañero, porque no te vas a la chingada!, me dice uno de ellos, dejo los cafés sobre el toldo y le entrego unos Benson mentolados, meto las manos al abrigo para sacar las llaves ¡Qué no oíste, que te fueras a la chingada! Me dice otro y de inmediato le estrello mi puño en la boca, siento cómo un par de dientes se clavan en mis dedos y con ese impulso me retraigo para deformarle el parpado al que está a mi derecha, el tercero me golpea justo en el pómulo y entonces aquello se vuelve una danza burda de agitados esfuerzos por mantenerme en pie y ellos por derribarme, finalmente cedo a sus intenciones; me arrojo sobre uno de ellos y ya encima le destrozo el rostro como un maniático, los otros se incorporan, me toman del cabello, detesto que me pateen con mocasines y sandalias, me siguen pateando las costillas, cada vez más débilmente, gritando que lo suelte y yo sé que si lo hago estoy acabado.

Se acercan los empleados para separarnos, los tres tipos suben a un convertible y eso en verdad que me fastidia. Se largan. Espero todavía un rato en el suelo que a pesar de la hora sigue cálido y a estas alturas me comienzo a sentir un poco fatigado de cargar con mi vida. El coraje se combustiona y efervescen las lágrimas y sé que no podré contenerme. Entonces ella tira el cigarro, lo aplasta suavemente y se acerca para cubrirme con su sombra; desprecio el mundo, me dice, se hinca para tomarme de la mano, vámonos, no pienso abandonarte, contigo llevo todo lo mío. Me es inevitable acariciarle el rostro y mancho su maquillaje de sangre, sombras y polvo, comprendo que he recibido toda la compasión y el consuelo que el hombre necesita de la mujer. Le sonrío levemente y ella entiende que con ese gesto ha recibido la aprobación que toda mujer necesita del hombre. Me incorporo con el cuerpo molido y subimos al auto. El rostro me punza pero no es dolor sino una sentencia
-necesito ponerle un nombre a ese rostro-
-dime como quieras… “Tennesse”-
Lo aceptamos. Giro la llave. Enciendo el auto.


14 de agosto de 2014

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 1

Absolutamente nada. No recuerdo absolutamente nada. Sólo tengo el rumor de un perfume y la imagen fija e un rostro masculino ensangrentado. Mis ojos se clavan en el compulsivo parpadeo rojo del semáforo y su luz intermitente llena de manchas carmesíes las gastadas vestiduras de este viejo auto. Dentro, el silencio se hace a fuerza de una cantidad interminable de pequeño ruidos.
-No me dejes tirado sobre la avenida- pienso.

Siento entonces cómo mis manos tiemblan aferradas al volante. Estoy sudando, pero este sudor no es nuevo, puedo adivinar que se trata de la acumulación de varias horas. Contrario a mi cuerpo que hierve y se sofoca como si fuera el cuerpo de un adolescente, la camisa negra y la playera debajo están empapadas de frío. Un auto detrás hace sonar su claxon con furia y siento que me apura la mirada desencajada de un copiloto que hasta ahora desconocía. No me atrevo a voltear, miro de reojo a una mujer de tacones escarlata y cabello rubio platinado, que a su vez mira el arma que llevo, a cartucho cortado, sobre las piernas.

Por la izquierda me rebasa un Versa gris con cuatro tipos que en pleno alarde me insultan a gritos; uno de ellos baja la ventanilla y arroja a mi puerta su vaso lleno vino. Los sigo con la mirada hasta que se pierden en la siguiente curva y pienso que este no es el límite que espero, sin embargo, me es inevitable fijarme en la placa del auto y me parece que se trata de alguna manía personal. Meto primera, el auto se sacude y hace que se sacuda la tierra; amaga con apagarse y ese acto me resulta familiar como la culpa, tanto que sufro una regresión momentánea y recuerdo el Valiant Duster azul de mi padre, el humor de mi padre, sus ojos embravecidos…

Noto que la mujer a mi lado tiene el mismo semblante y a partir de ahora me provoca un desprecio indiferente y una obligación sin responsabilidades y de alguna manera sé que puedo confiar en ella, que ella puede contar conmigo.


Ahora lo sé, avanzamos hacia el norte cruzando la Ciudad de México a través de la Avenida Insurgentes. Todo a nuestros costados son impresiones de una vida que no quiso dársenos, que a palos nos fue negada. La necesidad de un cigarrillo me golpea con un costal de resentimientos y comienzo a buscar alguno en los bolsillos del abrigo, meto la Beretta debajo de mi pierna y sigo buscando. La mujer a mi lado me ofrece una cajetilla de Benson and Hedges mentolados y para entonces no puedo soportar ni verlos; se la arrebato de la mano y la arrojo a sus pies en un seco desprecio sin gestos. Busco de nuevo en el bolsillo interior del abrigo y encuentro unos Marlboro 100´s que me tranquilizan apenas al tocarlos. Saco uno mientras sostengo el volante y rápidamente lo enciendo. Aspiro profundo para que el humo ahogue todas las dudas que llevo dentro, la primer bocanada me tranquiliza, el humo azul y gris golpea el parabrisas y luego lo acaricia hasta llegar al tablero; entonces noto al reverso de la cajetilla, metida entre el plástico y el cartón, una tarjeta con el nombre de una mujer y una dirección, todo escrito a mano. Tengo que encontrar a su dueña, ahora lo entiendo. La chica a mi lado recoge sus cigarros y un cassette maltratado que mete en el autoestéreo. Suena Love Sick de Bob Dylan mientras ella se cruza de brazos para fumar, mirando la acera llena de extraños que podrían lastimarte con cualquiera de sus pretensiones; mientras yo entiendo que ambos preferiríamos estar allí que dentro de este auto, pero que hemos respondido al llamado… tengo que seguir conduciendo… el tiempo es un lujo que nosotros los exiliados, los desgraciados, los imperdonables del mundo pequeño, no podemos darnos…

DISOLUCIONES

NOVELA POR ENTREGAS

 PRÓLOGO DEL AUTOR

Esta novela pretende ser, en el más estricto sentido del género: un folletín[1]. Una ficción caracterizada por la naturaleza de su producción, con un argumento poco verosímil, de simplicidad psicológica, que recurre a la temática amorosa, pero también al misterio y quizá a lo escabroso.

Este es el género popular por antonomasia, esencia de la cultura popular en cualquiera de sus facetas. Así, entiendo al lector como un sujeto pasivo que debe aceptar sin extrañarse, a través del viaje de nuestro personaje-héroe, las coordenadas no variables de la ética del mensaje (si lo hubiera)

Como la exigencia estética de este género no suele ser muy acusada, la publicación de ésta novela se realizará a medida que se difunda y el lector entenderá que el argumento no obedece a un plan previo y que por lo mismo, podrían aparecer incongruencias en la conducta de los personajes o no habrá una presentación adecuada de muchos personajes secundarios; y asimismo, la distinción entre buenos y malos será maniquea. Se hará presente el adjetivo común, la metáfora tópica y la descripción pintoresca.

En lo temático, es posible que prefiera lo exagerado, lo crudo, los actos de violencia, los raptos, los adulterios, etc., y el final no puede ser sino triste o trágico.

No es ocioso mencionar que este folletín está dedicado a todos los públicos, con independencia de edad, sexo y condición social y que por lo mismo, se espera la fidelización del estimado lector con quien espero se produzca, tarde o temprano, el Encuentro propuesto cada semana.
  
Antonio Mejía Ortiz (Antonio III)
Tlalpan, Ciudad de México a 14 de agosto de 2014



[1] Información trabajada para este Prólogo, recopilada de: http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_por_entregas.

28 de julio de 2014

PEQUEÑA NOTA CLOWNESCA

Por: Antonio Mejía

Conocí una vez a un mediocre y viejo clown judío

pensé como establecen los parámetros del cliché y los estereotipos
de las propagandas varias
que sería una personalidad interesante 
uno de esos tipos cuyos aspectos de identidad cultural e historia
llevan uno encima de otro como hacen los pordioseros con la ropa
o, que resultaría un patán megalómano con complejos varios
que mira a los demás con airada pero contenida condescendencia
que va por la vida como guardando el secreto de que el mundo
les pertenece, de que efectivamente hay diferencias entre "razas"
El clown judío era ambas.
Entonces comenta que si estás en contra del gobierno de
Israel en esta milenaria guerra contra el pueblo palestino
por congruencia del discurso debieras abstenerte de vivir
la realidad que ellos han creado y que por cierto es toda
o casi toda
y luego dice que si el ejercito de Israel lo llamara
con gusto se incorporaría para matar a unos cuantos
terroristas palestinos
como dice la canción: nos quedamos callados sin ningún reproche;
me pregunto qué tipo de hombre espera que su ejercito lo llame
para lanzarse a la guerra y defender la patria
y luego él, yo y todos los demás, volvemos a nuestras ocupaciones
en la terrible buena Ciudad de México.
Pienso en las personas de esa región
en que también aquí hay mucho por qué lamentarse
en los extremistas, en los potenciales "colaboradores"
de uno y otro bando
en la calidad moral necesaria para decir que tienes calidad moral
en las argumentos del exterminio
en las posibilidades adversativas del exterminio
en el derecho a liberarnos de nuestra egoísta Santa Guerra propia
en el silencio
en las posibilidades del silencio
en el silencio hondamente acariciado por la vocación paródica
de lo clownesco,
hecha y deshecha y negada y viceversa
Pienso en el silencio y viceversa
pienso hasta donde puedo
en todos los viceversas...

13 de enero de 2014

EL CINE, LA REDEFINICIÓN DEL ARTE Y "POST TENEBRAS LUX"

O, CARLOS REYGADAS: En un país de ciegos el tuerto es rey

Por Antonio Mejía Ortiz
En ocasiones es mejor estar desfasado que a la moda, sobre todo cuando se trata de hacer un juicio crítico, porque la distancia provee de una perspectiva más amplia, y como yo he estado desfasado siempre, ahora que viene la temporada de premiaciones, me atrevo a compartir algunas reflexiones sobre Carlos Reygadas y su tristemente célebre Post tenebras lux, melodrama burgués hecho a partir de un sinnúmero de clichés del cine de culto, el cual después de pensarlo y ejercitar la paciencia, tuve por fin el disgusto de ver. Considero que un año es tiempo suficiente para poder emitir una opinión clara y bien templada. La película causó polémica en el Festival de Cine de Cannes y en México bastó para qué la mayor parte de la crítica mexicana por frivolidad, conveniencia o simple servilismo, estableciera lamentablemente, que era un parámetro de calidad, transgresión y vanguardia. Sin embargo, estoy seguro que no pocos estarán de acuerdo conmigo en que se trata de lo contrario.

Nos encontramos en una época donde los paradigmas que revolucionaron la percepción del arte en el siglo XX, han sido negados para encaminarse hacia una redefinición de aquello que conforma la identidad de uno u otra expresión artística; desde la negación de los absolutos hasta la negación del objeto artístico, haciendo a un lado las formalidades académicas, enciclopédicas o tradicionales (al menos así va el discurso), los creadores se concentran cada vez más en la expresividad matérica de un acontecimiento sensible, incluso fracturando la comunicación figurativa o directa con el espectador, convencidos de la importancia de no inducir la experiencia de quien se confronta con un hecho estético. Esto ha provocado una multiplicidad de visiones y formas de concebir los procesos creativos, logrando hasta cierto punto que el arte por fin se encuentre al alcance de todos, más todavía cuando las herramientas necesarias de producción son bastante accesibles. Sin embargo, como es de imaginarse, lo anterior no implica que las posibilidades, las oportunidades y los espacios de difusión sean las mismas para todos, sobre todo en México donde vivimos una cultura de supermercado y donde la realidad del artista es la misma que la de un empleado en oficina burocrática; así como unos ciudadanos “son más iguales que otros”, hay artistas que son “más artistas que otros”, título designado por las cúpulas sin rostro que dominan el nivel de proyección de las creaciones, dividiendo a la comunidad artística entre los que se ciñen a las perversas reglas del juego y serán promovidos, becados o apoyados tarde o temprano; quienes se niegan a seguir los manipuladores lineamientos de escuelas, talleres, estilos o líneas del mercado y por lo mismo son marginados de los escenarios significantes y obligados a vivir como exiliados del arte; y los “figurines” que por la caprichosa voluntad de un selecto grupo de snobs y neo-déspotas ilustrados han sido designados como representantes de una corriente o tendencia en boga, siendo el caso de Michel Franco,  Eugenio Derbez y Carlos Reygadas, por ejemplo.

La negación que hacen los artistas de preceptos establecidos en la búsqueda de una redefinición que no olvida ni menosprecia la historia personal ni el devenir histórico del arte, sino por el contrario intenta hacer a un lado los artificios para resaltar las características irreductibles de cada experiencia artística, genera como daño colateral un grupo de aduladores sin talento, devotos y simpatizantes a ultranza que sin haber llevado a cabo el extenuante y descarnado proceso de reflexión crítica que precede a una poética personal, se ciñen y toman como suya una visión de mundo, sólo a partir de las formas, sin escudriñar en los contenidos y con el único propósito de satisfacer el ego personal, todavía más, cuando los elitistas poderes fácticos de la cultura en México encuentran en ello un blasón para divulgar una ideología o realizar un buen negocio. No quiero decir que esto suceda exactamente con Carlos Reygadas, los procesos, motivos y fines de su, a mi parecer, muy limitada forma de hacer películas que obviamente pretenden ser de culto, sólo él los conoce. Al mismo tiempo, una serie de voces “autorizadas” pero sustentadas en la inconsistencia del gusto, se dedican a defender a creadores de esta índole, no sólo ferozmente, sino con desproporcionadas celebraciones, lo cual es todavía más triste y empobrece las virtudes, si las hay, de su trabajo fílmico. El vacío de sentido, la carencia o desprecio por el talento y la masificación de frivolidades mediáticas de la cultura pop, aunado a la desaforada protección de ciertos ramplones y aburridos personajes del medio artístico, conducen a la creación de “frankensteins” hechos con la pedacería material de lo que el mexicano promedio considera como expresiones artísticas y asimismo, al adiestramiento sensiblero y enajenado que distorsiona la sensibilidad perceptiva, ocasionando por un mezquino ejercicio de la profesión o por una abyecto entendimiento de los elementos que definen las cualidades de una obra artística, que se eliminen las insalvables diferencias, para equiparar, en el clímax de la excitación del adoctrinamiento, a C. Reygadas con James Joyce o A. Tarkovski, por ejemplo, como ridículamente hace Javier Betancourt en su nota de Proceso (http://www.proceso.com.mx  Cultura y espectáculos. 14/XII/2012)

El desprecio, desconocimiento o desinterés por conceptos tradicionales como los géneros, propicia una confusión de conceptos que recae en un libertinaje de pensamiento, donde el valor de una obra no reside en lo que proyecta sino en el consenso arbitrario que las “voces autorizadas” (léase los detentores del discurso oficial) dicen que proyecta. Con todo, el resultado de una búsqueda de la verdad, expuesto a través de un soporte, difiere y es totalmente distinto a la parafernalia efectista utilizada por muchos autonombrados artistas. Mientras grandes maestros del cine como Ingmar Berman utilizan los medios propios de su arte para conseguir la mayor expresividad visual de un discurso que proviene de una reflexión personal sobre la realidad, otros de mucho menor calidad utilizan las herramientas técnicas, las formas y los estilos, como una manera de compensar la propia pobreza imaginatoria, técnica y/o argumentativa; de tal suerte que mientras el primero utiliza el color, el ritmo, el tono, la forma particular de actuación, el montaje, etc., por una necesariedad expresiva y de sentido, para el segundo es un efecto que remite a una referencia ya establecida que lo libera de la responsabilidad de componer una referencia personal -que no sea la ineficacia discursiva- que apuntale los niveles de sentido. Así, aun cuando en apariencia se asemejen, la traducción que se hace desde la narrativa personal de un filme de Ingmar Bergman o Bela Tarr, es radicalmente distinta a lo que se podría rescatar de una película de Carlos Reygadas, situación no definida por el gusto sino por la cantidad y calidad de las insinuaciones simbólicas.

Desde Japón, con una falsa humildad y utilizando las formas del cine culto, Reygadas no ha hecho más que artificiosos melodramas idealistas burgueses de mal gusto, que satisfacen y se ajustan a la ideología de los intelectuales orgánicos y snobs por aspiración o cuna, quienes calman su conciencia al sentir que a través de películas con una visión reduccionista de la idiosincrasia, con historias de ensimismamiento ligth y con una pretensiosa y aparente reflexión metafísica, complementan la visión de una sociedad ficticia que sólo existe en sus cabezas, de modo que toda opinión distinta es automáticamente registrada como prueba de psicologías y valores transgredidos. Así, mientras los grandes creadores expresan aspectos de la naturaleza humana que se sobreponen a sus limitaciones morales para acceder a la esencia de la dimensión cósmica, es decir, ética; mientras estos se refieren al tránsito de la psique a través del mundo del tiempo y erigen a sus personajes como héroes de sí mismos y por ende de la humanidad, aun cuando el universos de sus historias sea muy particular, Reygadas muestra o en el mejor de los casos expone sentimientos superficiales y contraposiciones básicas, a través de una anécdota mal contada y llena de descuidos, fetiches personales, efectos moralistas mal hechos y deficientes actuaciones. Una explicación detallada sería una labor más extensa y hasta cierto punto sin sentido puesto que es obvio (el que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que escuche). En todo caso hay ejemplos de cineastas con una visión honesta y una poética personal que han sido relegados, desde el gran Arturo Ripstein, pasando por Jaime Humberto Hermosillo -a quien considero mucho mejor que el laureado Almodóvar-, hasta Fernando Eimbke o varios de los creadores que presentaron sus trabajos en la Semana de cine mexicano independiente.

No es mi intención desprestigiar a Carlos Reygadas, ahora mismo sería tanto como tratar de abofetear al cine mexicano, sin embargo encuentro en la crítica mexicana una desbordada admiración, así como una cantidad indiscriminada de elaborados elogios que, frente a los estándares nacionales e internacionales, históricos y actuales, tanto en los aspectos narrativos, como técnicos y hasta de poéticas personales, suenan a vulgar fanatismo; comentarios sólo superados por la campaña mediática que Televisa realizó recientemente en la promoción de No se aceptan devoluciones de E. Derbez. Cabe aclarar que en la contemporánea realidad mexicana, independientemente de la calidad, cuando los reflectores caen de esa manera sobre algo o alguien nunca es bueno, porque significa que el estado lo ha asimilado como parte del discurso oficial. Nada tienen qué ver estos comentarios con el tan mentado “complejo del cangrejo” como podría pensar algún obtuso de mente corta, tienen qué ver con una necesidad de reconocer una circunstancia paradójica donde los mercenarios del arte, los burócratas de la cultura, ponen tan bajos los estándares de calidad y al mismo tiempo obstruyen y hacen elitistas las oportunidades de proyección, provocando un contexto creativo mezquino, servil, de masas, donde se celebra como triunfo nacional la película mediocre de un comediante mediocre y se pasa completamente inadvertido el interesante filme de hechura mexicana de Alfonso Cuarón (Gravity); donde se minimizan los alcances de películas como Nosotros los nobles de Gary Alazraki o 5 de Mayo de Rafa Lara, pero se maximizan, como prueba de trascendencia, las baratas polémicas de talk show que giraron en torno a Post tenebras lux. Donde son protegidos los argumentos facilones de moda, superficiales pero con apariencia de profundos y con sentido social, al mismo tiempo que se menosprecian las narrativas bien delimitadas y contextualizadas, que desarrollan sin parafernalias una condición humana, como sucedió con Después de Lucía y Año bisiesto, respectivamente. Donde cada año los mismos personajes y las producciones mexicanas de similar hechura monopolizan la cartelera, mientras otros creadores y producciones independientes reciben precaria distribución y nulo apoyo. Reitero que no hablo de gustos, cada quien es libre de gustar lo que desee siempre y cuando no violente al otro; hablo de las políticas culturales y de los dueños del discurso oficial del medio artístico que impunemente encumbran a unos y obstruyen a otros, claro está que aquí el menos culpable es Reygadas, que en un país de ciegos ha sido convertido en rey.





26 de noviembre de 2013

LITTLE BASTARD

Del Poemario Little Bastard. 
Acá, completo: http://sdrv.ms/18ED1Qs


Vivirás en una tienda de raya
en un campo de concentración tan grande y sofisticado
que no creerás en su existencia pero nosotros
sí creeremos en tu fuerza de trabajo en el valor de tu alma;
y habrás de defender a muerte los hierros de la apariencia:
la Libertad desierta                                   la autenticidad de mercadeo
el deseo de stock.
Recibirás miserable un sueldo miserable
por duras y largas horas tormentosas horas de faena
y por voluntad te llenarás de interminables deudas
-el mundo es una tarjeta de crédito
con ocultos y violentos intereses demoledores-.
Contrataremos a vuestros familiares y amigos
en pretensiosas Compañías de Telemercadeo
a las mujeres con las que querrás acostarte
a quienes abandonen las ilusiones y no puedan con el fracaso
a todos ellos les enseñaremos a cobrarte a presionarte
con la ferocidad que utilizaría un capataz o un capo
y tarde o temprano tendrás que pagar con algo que sirva
para que los cerdos se ceben en las posibilidades de la opulencia
en la posesión de tu propia sangre “capacitada”
entrenada para exterminarlos paulatinamente o
“en caliente” si es necesario.
A diario serás adiestrado con la paciencia y la atención
que le tiene el pecado al hombre
con promesas vacuas y jactanciosas fantasías de voluntades
que sacian los más bajos deseos y enfermizos temores.
Así podrás entretener el vacío de una vida sin personalidad y sin destino.
Por eso llenas tu cabeza de mierda con todo tipo de drogas
a través de la ansiedad y la pornografía
con humor barato y vulgar con intelectuales asalariados
por los inversores del status quo
con estereotipos de hombres y mujeres que no serás nunca
porque has nacido a la sombra de un fenotipo desgraciado;
con imágenes de un estilo de vida para el cual no estás hecho
a causa de tus hábitos arraigados que te convierten en un objeto:
cómprate un auto o no eres nadie
hazte de una casa o no eres nadie
vete de vacaciones a recorrer los sitios no comerciales del país
los pueblos mágicos los recónditos espacios exóticos o no eres nadie
renta a la mejor puta o no eres nadie
vive y trátame como dice la mercadotecnia que
un hombre verdadero trata a sus mujeres o no eres nadie
pero no compras ni siquiera la necesidad de obtener las cosas
eres en realidad un consumidor de fantasías
todos ustedes
consumidores de apariencias
consumidores de ideales prefabricados
consumidores de remordimientos
desechadores compulsivos
deseosos de "personalizarlo todo" de tener en las manos
la peripecia que cambiaría vuestro destino
temerosos del presentimiento de su propio egoísmo
de su vanidad mediocre y acobardada.
Vuestra furia de perro acorralado
vuestras ansias de mono en celo
vuestra educación hecha para despreciarse.
Ustedes hijos de la negación hijos de la tolerancia
generaciones abortadas por los estándares
de la cultura global y la moda
que empeñan vuestra sangre a cambio de la promesa
de pertenecer a una realidad que ya ha sido entregada
a los descendientes que nacieron fornicándosela.
¡Qué clase de mundo es este si es un loco el que os dice
que deberíais avergonzaros! 

Antonio Mejía Ortiz/2013

4 de noviembre de 2013

Por: Antonio Mejía Ortiz
Del poemario RECURRENCIA
Completo en: http://sdrv.ms/1f925QQ


Del tabaco se trasmutan, a través del filtro,
las viejas edades. El polvo gris que en algún momento
fue humo de cigarro, elevándose curiosamente por el espacio.
La espalda reclinada en un quejido ahogado,
palpita la palabra, cada ladrillo de la casa:
sonido gutural y pintura gastada.
El eco se liberó justo en el proceso de la caída.
Sólo quedó ansiedad en los pies.
Un rumor en el estómago, un hueco dominante,
el insondable misterio que alimentó la voz
en el lugar de los condenados.
El temor de los arrepentidos me transporta
al presentimiento, a la mesa donde he bebido y vomitado,
a la posición exacta del beso: la sofocación de espacios
serenos y vacíos en la carne espinada y
la avaricia de la sangre.
Claro que aún me satisface la crónica, el recuerdo
y la retrospectiva.
Las propiedades psicológicas de la placenta,
de la leche materna que fue mamada por el necesitado;
el gusto adquirido por la inocencia en la sepultura
del sueño y la proporción bizarra.
Dedos morbosos en los labios, el sabor quemado,
la pasión, la urgencia vil que perdura en el cuerpo.
La sal: el paraíso perdido y la muerte.
La verdad y el principio trascendente se diluyen
en lo multiplicado. Al abrirse paso por las venas,
trozos de luz avivaron la demencia,
el hueso áspero y el fuego.

24 de julio de 2013

TAUROMAQUIA PARA ANTITAURINOS

Por: Antonio Mejía Ortiz

“Aquí has venido siguiendo el molde de tus connacionales que se largaban a París para hacer su educación sentimental. Por lo menos en España eso se aprende en el burdel y en los toros, coño.”
Rayuela. Cap. 13. Julio Cortázar

Primer tercio.
La Cultura, en el amplio sentido del término, es aborrecida por las feroces pretensiones totalitarias porque implica reconocimiento de la identidad y conciencia; reflexión crítica y responsabilidad. Quien comprende la vida como la posibilidad de expresar los más altos valores de la naturaleza humana, habrá de alcanzarlos hasta en los peores momentos de su historia personal. Frente a él, se manifiesta lo sagrado en dos acciones del más elevado nivel de sabiduría, sublimación y divinidad; el primero tiene que ver con el sacrificio; el segundo con la misericordia que se traduce como: perdón, compasión, amor. Sin embargo, quien se sirve de los más bajos valores del hombre para tratar de imponer una percepción distorsionada o una ideología arbitraria a toda acción humana, se justifica en formas de pensamiento y comportamiento masificadas, donde la identidad del individuo no se centra en las características del mismo, si no en lo externo: los objetos no son a través del hombre, más bien, el hombre es a través de los objetos que posee, del sentido superfluo de lo material. No se trata ya del “ser”, se trata del “parecer ser”, de acuerdo a un prototipo establecido con alevosía. La diferencia entre esto último y lo que sucede en la naturaleza, la encontramos en dos conceptos: uno, “la necesariedad”; y dos, la “predeterminación del carácter”, que siendo innato es infranqueable. La sociedad masificada se rige por la aspiración al deseo y la apariencia, desde aquello que no es necesario, pero se vuelve indispensable; y, desde aquello que reemplaza la historicidad del individuo por la visión maniquea y simplificada de una realidad social que se establece como norma, no inevitable, más bien incuestionable. En tanto, la naturaleza acontece necesariamente en la existencia y su unicidad absoluta es múltiple.

Las sociedades modernas están cautivas por urgencias intelectuales, emotivas y psicológicas ficticias, desechables, que obedecen a tópicos de moda pertenecientes a ideologías frívolas que establecen un “nuevo orden” de pequeños guetos normalizados a través del automatismo, el egoísmo, la supresión de la identidad por una promesa de personalización. Por el contrario, la esencia de la naturaleza es aceptación de la condición del ser, en tanto la sociedad masificada es negación de dicha condición. La sociedad del espectáculo o sociedad del marketing[1], necesita de una ideología no reflexiva que se base en el ambiguo terreno del panfleto moral y las demagogias sensibleras, para realizar juicios y condenar –sin derecho a réplica- en aras de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Así los detentores del poder (quienes perversamente carecen de rostro), manipulan los placeres y condicionan todo tipo de deseo para implantar su “nuevo” orden, el cual será justificado por la “buena voluntad de las mayorías”. Lo anterior es lo que se encuentra detrás del discurso que intenta prohibir la Fiesta Brava, aun cuando la argumentación al respecto se ha banalizado hasta límites ridículos e intransigentes.

Siempre he pensado en la Tauromaquia como la lidia de las pasiones del hombre, como el performance en el cual acontece el agón entre la Hybris[2] y el Hombre, donde éste habrá de trascenderse a sí mismo y actualizar su conciencia o sucumbir en el anacronismo. Para comprenderlo es necesaria una mínima intuición acerca de lo sagrado y de los aspectos simbólicos propios del imaginario colectivo. Cuando hablo de lo “sagrado” me refiero a ello en dos sentidos: 1) El particular, como el espacio donde se lleva a cabo, sucede y trasciende lo espiritual y que necesariamente está influido por un estrato divino. 2) El general o secular, como el espacio en la mente del hombre donde sucede la reconfiguración de la realidad sensible y concreta de la existencia.

Así, la Fiesta brava es un acontecimiento simbólico de regeneración, reconfiguración y resignificación de energías. Cuando hablo de “energía” me refiero a los impulsos racionales, instintivos y químicos del ser humano, inscritos en un medio físico que lo lleva a decidir tal o cual cosa y no otra, en una circunstancia específica. Por lo mismo y como fiesta, aun cuando parezca desprovista de todo aspecto sagrado, se presenta como una súbita inmersión en lo informe, en la vida pura:

“El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a nuestra imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas. El arte de la fiesta, envilecido en casi todas partes, se conserva intacto entre nosotros […] Así pues, la fiesta no es solamente un exceso, un desperdicio ritual de los bienes penosamente acumulados durante el año; también es una revuelta, una súbita inmersión en lo informe, en la vida pura. A través de la fiesta la sociedad se libera de las normas que se ha impuesto. Se burla de sus dioses, de sus principios y de sus leyes: se niega a sí misma […] La fiesta es un regreso a un estado remoto o indiferenciado, prenatal o presocial, por decirlo así. Regreso que es también un comienzo, según quiere la dialéctica inherente a los hechos sociales […] La sociedad comulga consigo misma en la fiesta.”[3]
El sentido de comunión social en la Fiesta brava contiene un propósito didáctico al exponer la esencia inevitable de la existencia a través de una reconfiguración ritual de la vida; sin embargo en esta modernidad atea de desorientación cientificista y egoísmo antropocéntrico, esta reconfiguración la hallamos relegada a un recuerdo romántico o como ficción literaria; y en el peor de los casos, como tendencia pseudo-filosófica apoyada en percepciones esotéricas. La intuición acerca de lo sagrado y del ritual se ha conducido a fetiches sensibleros ofrecidos como vanguardias de supermercado: las formas occidentales del yoga, el taichí o el feng shui, etc.; la aplicación de la psicología como perversa deconstrucción del subconsciente para crear consumidores obedientes, por ejemplo. Este fetichismo proviene de una búsqueda inevitable de equilibrio espiritual, sin embargo, al anular todo aspecto metafísico cualquier ritual personal queda relegado a una mera materialidad del comportamiento, donde lo importante no es el tránsito interior que va del “sí mismo” del hombre hacia la realidad y de allí al universo, sino cómo los valores externos del hombre son afectados por la apariencia material de la realidad, ocasionando que el concepto de desprendimiento sea despreciado por una relación de intereses. La concepción oriental de la realidad no puede adquirirse en un curso de dos años en la casa de cultura de la comunidad y dicha concepción no puede separarse del medio que la originó; cuando ésta se traslada lleva consigo su cosmovisión. Lo que sí puede hacerse es encontrar correspondencia y retroalimentación entre culturas, pero si tenemos en cuenta que la visión de mundo en occidente ha sido paulatinamente orillada hacia un pensamiento positivista voraz, aquellas diferentes formas de conceptualizar la relación con la existencia, traídas de los pueblos “exóticos” que desde siempre han sido tratados como colonias, no pasarán de ser fetiches esotéricos para intelectuales burgueses.

El problema no es, en todo caso, la tendencia humana hacia la noción de lo sagrado y su posterior expresión ritual, sino la manipulación del sentido de acuerdo a los intereses personales. La Fiesta brava es un ritual simbólico, donde la experiencia de la vida se manifiesta en toda su dimensión. Como dice Albert Boadella: “En el ruedo, en la plaza de toros suceden casi todas esas cosas, esenciales, que suceden en la vida. Uno ve en directo el miedo, el pavor, la muerte, la astucia, la inteligencia, la sangre, el arte, el buen gusto, el mal gusto, etc., es decir, todos los elementos esenciales que existen en la vida están allí y en forma real…”[4] La corrida de toros es una metáfora, una enseñanza ética que propone al público reflexionar sobre aspectos esenciales de la vida y el arte. En la figura del toro se concentra el símbolo del sacrificio, como sucede con los héroes míticos, la diferencia es que mientras estos últimos suceden en el imaginario colectivo, en las corridas de toros confluye el universo mítico y el mundo del tiempo o “mundo de la vida”.

El apego del hombre contemporáneo a la vida como posesión material no proviene de la comprensión instintiva de la existencia, proviene del terror que ocasiona el desconocimiento de lo trascendental, de esa parte de la existencia que le sucede al plano físico. El hombre “moderno” se niega a cualquier forma de desprendimiento, de reconocimiento, de catarsis. Hay una suerte de fijación por retribuciones inmediatas de pasiones fútiles y placeres superfluos. Así, cuando la propuesta es enfrentarse a un trance agónico, la respuesta negativa es inmediata y furibunda, como sucede con un niño encaprichado. Los conceptos se mezclan y distorsionan, pierden peso y nada es tan significativo como para suprimir el ego; situación que pone distancia entre el sacrificio y el altruismo pequeño burgués. El antitaurino menosprecia al animal colocándolo en una categoría humana de índole inferior, como hacen los “buenos” colonizadores con los colonizados. A través de su apego material-cosificador y despectivo, sobrevaloran lo moral para defender a ultranza causas en las que no creen sino que consideran que es su deber defender. Su finalidad es ayudar para enaltecerse a sí mismo, venerar para venerarse a sí mismos a través de una sublimación auto-inducida de la propia “calidad moral”; y al considerar que resguardan los más altos valores de la naturaleza se olvidan de las condiciones que rodean el hecho y lo conducen todo hacia un morboso alarmismo, reduciendo la dimensión del acontecimiento a una sensiblería melodramática. Los grupos antitaurinos parecen más interesados en crear víctimas y tiranos, que en solucionar los problemas de relación y comunicación del amplio medio social egoísta, infantilizado y utilitario. 

Ver completo en:


[1] N. A.: En un sentido general, se puede entender como el resultado de la propaganda que a través de un desquiciado e inmoral adiestramiento subconsciente por parte del Estado o las corporaciones internacionales, promueven el ateísmo, el cientificismo, el egoísmo antropocéntrico y el fetichismo esotérico, para generar un grupo masificado y al mismo tiempo individualista; sensiblero y materialista, de consumidores ignorantes, voraces y obedientes.
[2] La Hibris (en griego antiguo ὕβρις hýbris) es un concepto griego que puede traducirse como 'desmesura'. No hace referencia a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales.
[3] Octavio Paz, El laberinto de la soledad. Ediciones Cuadernos Americanos, México, 1950.
[4] Albert Boadella, Intereconomía tv. Doce mujeres sin piedad (youtube.com/watch?v=gzMfBta20vo04/05/2012)

13 de julio de 2013

DISOCIAR

El siguiente poema lo escribió un amigo para alguna de las noches de tragos y cigarrillos. Lo comparto con su autorización porque considero que es bastante bueno.

DISOCIAR

La parte vital para atenuar la conciencia de la vida
recibe un baño de cinismo nocturno,
nubla el pensamiento periférico
y exige una asociación reflexiva.

Empapado, los sentidos acallan ante la oscuridad
que germina donde nace el grito.

Ligereza amorfa toma mi cuerpo,
comparto las restricciones infinitas de la habitación,
inanimado e incontenible,
la parte vital para atenuar la conciencia de la vida,
recibe un baño de cinismo matutino...

César González Vargas

UN BREVE Y MORTAL SUEÑO

Novelas para el fin del mundo UN BREVE Y MORTAL SUEÑO (Antonio Mejía Ortiz, México 2019), nos conduce a un viaje a través del alma y la men...