14 de agosto de 2014

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 1

Absolutamente nada. No recuerdo absolutamente nada. Sólo tengo el rumor de un perfume y la imagen fija e un rostro masculino ensangrentado. Mis ojos se clavan en el compulsivo parpadeo rojo del semáforo y su luz intermitente llena de manchas carmesíes las gastadas vestiduras de este viejo auto. Dentro, el silencio se hace a fuerza de una cantidad interminable de pequeño ruidos.
-No me dejes tirado sobre la avenida- pienso.

Siento entonces cómo mis manos tiemblan aferradas al volante. Estoy sudando, pero este sudor no es nuevo, puedo adivinar que se trata de la acumulación de varias horas. Contrario a mi cuerpo que hierve y se sofoca como si fuera el cuerpo de un adolescente, la camisa negra y la playera debajo están empapadas de frío. Un auto detrás hace sonar su claxon con furia y siento que me apura la mirada desencajada de un copiloto que hasta ahora desconocía. No me atrevo a voltear, miro de reojo a una mujer de tacones escarlata y cabello rubio platinado, que a su vez mira el arma que llevo, a cartucho cortado, sobre las piernas.

Por la izquierda me rebasa un Versa gris con cuatro tipos que en pleno alarde me insultan a gritos; uno de ellos baja la ventanilla y arroja a mi puerta su vaso lleno vino. Los sigo con la mirada hasta que se pierden en la siguiente curva y pienso que este no es el límite que espero, sin embargo, me es inevitable fijarme en la placa del auto y me parece que se trata de alguna manía personal. Meto primera, el auto se sacude y hace que se sacuda la tierra; amaga con apagarse y ese acto me resulta familiar como la culpa, tanto que sufro una regresión momentánea y recuerdo el Valiant Duster azul de mi padre, el humor de mi padre, sus ojos embravecidos…

Noto que la mujer a mi lado tiene el mismo semblante y a partir de ahora me provoca un desprecio indiferente y una obligación sin responsabilidades y de alguna manera sé que puedo confiar en ella, que ella puede contar conmigo.


Ahora lo sé, avanzamos hacia el norte cruzando la Ciudad de México a través de la Avenida Insurgentes. Todo a nuestros costados son impresiones de una vida que no quiso dársenos, que a palos nos fue negada. La necesidad de un cigarrillo me golpea con un costal de resentimientos y comienzo a buscar alguno en los bolsillos del abrigo, meto la Beretta debajo de mi pierna y sigo buscando. La mujer a mi lado me ofrece una cajetilla de Benson and Hedges mentolados y para entonces no puedo soportar ni verlos; se la arrebato de la mano y la arrojo a sus pies en un seco desprecio sin gestos. Busco de nuevo en el bolsillo interior del abrigo y encuentro unos Marlboro 100´s que me tranquilizan apenas al tocarlos. Saco uno mientras sostengo el volante y rápidamente lo enciendo. Aspiro profundo para que el humo ahogue todas las dudas que llevo dentro, la primer bocanada me tranquiliza, el humo azul y gris golpea el parabrisas y luego lo acaricia hasta llegar al tablero; entonces noto al reverso de la cajetilla, metida entre el plástico y el cartón, una tarjeta con el nombre de una mujer y una dirección, todo escrito a mano. Tengo que encontrar a su dueña, ahora lo entiendo. La chica a mi lado recoge sus cigarros y un cassette maltratado que mete en el autoestéreo. Suena Love Sick de Bob Dylan mientras ella se cruza de brazos para fumar, mirando la acera llena de extraños que podrían lastimarte con cualquiera de sus pretensiones; mientras yo entiendo que ambos preferiríamos estar allí que dentro de este auto, pero que hemos respondido al llamado… tengo que seguir conduciendo… el tiempo es un lujo que nosotros los exiliados, los desgraciados, los imperdonables del mundo pequeño, no podemos darnos…

No hay comentarios:

UN BREVE Y MORTAL SUEÑO

Novelas para el fin del mundo UN BREVE Y MORTAL SUEÑO (Antonio Mejía Ortiz, México 2019), nos conduce a un viaje a través del alma y la men...