2 de septiembre de 2014

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 3



Entramos a la cantina, una canción suena tristemente en la rockola y cuando acaba únicamente quedan las pequeñas voces de los meseros que se cuentan chistes con el cantinero, el cual se encuentra distraído viendo un noticiero deportivo en el televisor; el lugar está vacío excepto por un viejo bebedor que al fondo, en la última mesa duerme desparramado sobre una botella de tequila a medio beber y un plato de plástico con frituras rancias. Nos sentamos en los taburetes, se acerca uno de esos meseros ancianos cuya actitud va mucho más rápida que su cuerpo, como si se fueran tomando la vitalidad de los borrachos que poco a poco van perdiendo la energía y agotando la conciencia. Mira a Tennesse y su expresión cambia de inmediato, en un santiamén se vuelve más jocoso y dicharachero; hace un par de chistoretes viejísimos y clava la mirada en las heridas y la sangre seca que aún tengo en el rostro para preguntarme qué voy a pedir para la “señorita”, haciendo un énfasis en las comillas, con más amistad que malicia. Únicamente hago un débil movimiento con la mano indicándole que decidirá por sí misma y ella pide una copa de Jack Daniel´s sin hielo, yo le digo que me traiga una Negra Modelo pero de inmediato se interpone su voz femenina para reclamar que no hemos venido hasta acá para bebernos una cerveza, que eso es bastante cutre, declaración que el mesero reafirma con un sarcástico “hágale caso a la señorita (esta vez sin comillas) ella sabe… ¿cerveza?, ni que estuviéramos en una fonda a las tres de la tarde”, seguido de una amplia carcajada que se expande por todo el salón haciendo eco. Ignoro si alguno conoce el significado exacto de la palabra “cutre” pero no quiero investigarlo y entonces pido otro Jack. Enseguida, dice el mesero y se va hablando sólo como hacen los tipos chistosos en las cantinas antiguas. Dame unas monedas voy a poner una canción, de algún modo tenemos que alegrarnos la vida, dice Tennesse. Saco unas cuantas monedas y se las entrego en la mano, ella se levanta y camina hacia el aparato. Sería justo decir que su cuerpo no es perfecto pero resulta atractivo aun dentro de toda esa vestimenta exagerada. Se mueve cadenciosa y a paso lento, segura de que todos allí dentro la miramos, segura de que ha aprendido bien el caminar de las divas hollywoodenses. Se inclina sobre la rockola y sus caderas se pronuncian con un erotismo que viene a demasiado incluso a esta hora. Elige durante un buen rato golpeando suavemente el suelo con el imposible tacón derecho de sus zapatos. Luego da media vuelta y camina a prisa para que la música le alcance en el camino. Suena No headstone on my grave y en seis pasos largos y cuatro pequeñísimos llega a nuestra mesa. En ese instante, como sugestionado por el aliento teatral de Tennesse, aparece el anciano mesero para dejarnos nuestros tragos y se va con una leve risa entre los dientes.
-Dónde en toda esta ciudad mal parida encuentras una cantina que tenga en su rockolla un disco de Jerry Lee Lewis- Le pregunto, no creyendo en la extraordinaria sucesión de eventos que caen a buen tempo.
-Esta es una noche distinta; yo soy una musa distinta; quizá hoy también tú puedas llegar a ser distinto-me dice moviendo los hombros al ritmo de la música y con una sonrisa pícara en sus bien definidos labios
-Tennesse, estoy presintiendo que toda tú eres una paradoja-
-CARA Y CRUZ[1]: Vida: soy de tu cara y tu cruz. / Casi siempre / colgada boca abajo, / pero fuerte como una telaraña al viento. / Mi corazón arde, / pero yo soy escarcha fría resplandeciente.”- Dice antes de comenzar a desmantelar su extravagante belleza dos horas después de que tomara con suavidad mi mano para apartarla del camino y desviarnos hacia una de esas cantinas solitarias del centro. Con el tiempo sabría que su mente era capaz de recordar poemas completos, párrafos enteros, expresiones exactas de todo tipo, incluso las que leía pintadas en los baños públicos y todo para cumplir con ese ritual suyo de hacerse y deshacerse a sí misma a través del personaje que había aceptado ser para sobrellevar la vida.
De un trago se bebe todo el contenido del pequeño vaso y comienza a sacarse las pestañas dejándome ver por fin sus dos grandes y profundos ojos cafés, luego se quita el cabello rubio platinado y brota de allí dentro una larga cabellera negra como mi suerte; se saca los tacones escarlata y los coloca a su lado, toma de un bolso unos zapatos de piso tan discretos que antes nunca hubiera podido relacionarlos con ella. Sentada como está se deshace del brilloso y ceñido vestido para ponerse uno de líneas negras sobre la tela blanca, de manga corta y sin escote que define mejor su edad, su belleza natural, su verdadero carácter. No pudo pasar por alto que el brasier y las bragas combinan perfectamente. De las bolsas del vestido toma unos guantes blancos y lentamente los hace a sus delgados dedos para señalarle al mesero que traiga otra ronda; me apresuro a beber y observo cómo cuidadosamente se quita el exceso de maquillaje y hace algunos nudos con su cabello para que no le estorbe.
Al final me encuentro sentando con alguien que es completamente distinta, por lo menos cinco años menor de lo que hubiera pensado y aunque aún no podría decir que la respeto, sí lo pienso dos veces antes de tirarle algún comentario desatinado. El mesero trae la siguiente ronda y nos quedamos como dos bobos, mirándonos sin saber qué sería lo adecuado; yo trato de leerla pero me encuentro como saliendo al sol de la tarde luego de haber dormido toda la mañana; por su lado, me parece que ella me tiene clasificado y con todo, permite que siga jugando el rol que me corresponde.
-No podemos quedarnos mucho tiempo, todavía hay algo que no hemos hecho- le comento.
-Voy a hacer una agenda empezando hoy, que termine dentro de diez años, para que al llegar a este día pero en diez años, sepa cuantas carcajadas pude sacarle a Dios con los planes que tenía para mi vida- me comenta, como iniciando uno de esos juegos íntimos que tienen las parejas después de cierto tiempo.
-Mi padre era implacable, no dejaba pasar nada. Si alguien se quejaba de nosotros era costumbre suya suponer que efectivamente éramos culpables y entonces nos azotaba. Decía que debíamos aceptar que así era la vida, que no podíamos hacer nada para cambiarla. Que él buscaba la razón y lo justo, que no iba a cubrirnos por el hecho de que fuéramos parte de su familia. Cuando se hizo viejo le sobrevino una revelación espiritual y se llenó de compasión y misericordia. Nunca entendió por qué fuimos tan duros e implacables para con sus errores, nunca entendió por qué, según él, estábamos tan equivocados, pero nos perdonaba y nos siguió perdonando hasta el día de su muerte y así fue como se salió con la suya el viejo-.
-Los orgasmos están sobrevalorados, yo no quiero que tú te preocupes de mis orgasmos, esa es una aventura mía a la que no has sido invitado…[2]-.
Seguimos hablando así durante una hora excepto por las salidas a fumar o cuando ella iba a poner nuevas canciones. Finalmente pagamos la cuenta, me pide que suba el cierre de su vestido y salimos a la calle. Enciendo un cigarrillo, me pregunta a dónde es que nos dirigimos, saco la tarjeta y se la muestro, ella la mira con cierto desaire.
-Conozco un poco la zona, puedo decirte cómo llegar más rápido-.
-Pues vámonos, no quiero dormirme manejando-le contesto, abro el automóvil y subimos.
Nos alejamos del lugar y No headstone on my grave se desvanece entre las calles del centro repleta de chicos que en la madrugada comen o fuman, que entran o salen de las cantinas y bares; y mientras más pienso en aquello que persigo más me voy sintiendo perseguido. Pienso en Tennesse y me digo que es como una prostituta virgen, como una madre que me da hijos que son hermanos, como una antagonista que se lleva los aplausos al final de cada acto. Pienso que todo este viaje, que todo este paseo por el amor y la muerte, incluso yo mismo, en realidad formamos parte del destino de Tennesse; que si ella decidiera desaparecer toda la ciudad se vendría abajo. Pienso que no importa qué haga de ahora en adelante porque necesitaré quererla, pero que debo hacerlo clandestinamente para que no me disuelvan las potencias inevitables de su orgullo. Me doy cuenta de que ella se ha convertido en el ombligo del mundo y de que yo continúo siendo un esclavo…Don't put no headstone on my grave, all my life I've been a slave. Want the whole wide world to know, that I'm the man that loved you so. Mama, mama, don't you cry, i'm gonna meet you in the by and by, in the sweet by and by…




[1] Monroe, Marilyn: http://lejosdeltiempo.wordpress.com/
[2] Estimado lector, la conversación aunque extensa y metafórica me parece interesante sin embargo podría distraer de la acción dinámica aunque secundaria de nuestros personajes, por tal motivo la podrá encontrar completa próximamente en el anexo a este capítulo (N. A.).

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