CAPÍTULO 3
Entramos a la cantina, una canción suena tristemente
en la rockola y cuando acaba únicamente quedan las pequeñas voces de los
meseros que se cuentan chistes con el cantinero, el cual se encuentra distraído
viendo un noticiero deportivo en el televisor; el lugar está vacío excepto por
un viejo bebedor que al fondo, en la última mesa duerme desparramado sobre una
botella de tequila a medio beber y un plato de plástico con frituras rancias. Nos
sentamos en los taburetes, se acerca uno de esos meseros ancianos cuya actitud
va mucho más rápida que su cuerpo, como si se fueran tomando la vitalidad de
los borrachos que poco a poco van perdiendo la energía y agotando la conciencia.
Mira a Tennesse y su expresión cambia de inmediato, en un santiamén se vuelve
más jocoso y dicharachero; hace un par de chistoretes viejísimos y clava la
mirada en las heridas y la sangre seca que aún tengo en el rostro para
preguntarme qué voy a pedir para la “señorita”, haciendo un énfasis en las
comillas, con más amistad que malicia. Únicamente hago un débil movimiento con la
mano indicándole que decidirá por sí misma y ella pide una copa de Jack Daniel´s sin hielo, yo le digo que
me traiga una Negra Modelo pero de inmediato se interpone su voz femenina para reclamar
que no hemos venido hasta acá para bebernos una cerveza, que eso es bastante cutre, declaración que el mesero reafirma
con un sarcástico “hágale caso a la señorita (esta vez sin comillas) ella sabe…
¿cerveza?, ni que estuviéramos en una fonda a las tres de la tarde”, seguido de
una amplia carcajada que se expande por todo el salón haciendo eco. Ignoro si alguno
conoce el significado exacto de la palabra “cutre” pero no quiero investigarlo
y entonces pido otro Jack. Enseguida,
dice el mesero y se va hablando sólo como hacen los tipos chistosos en las
cantinas antiguas. Dame unas monedas voy a poner una canción, de algún modo
tenemos que alegrarnos la vida, dice Tennesse. Saco unas cuantas monedas y se
las entrego en la mano, ella se levanta y camina hacia el aparato. Sería justo
decir que su cuerpo no es perfecto pero resulta atractivo aun dentro de toda
esa vestimenta exagerada. Se mueve cadenciosa y a paso lento, segura de que
todos allí dentro la miramos, segura de que ha aprendido bien el caminar de las
divas hollywoodenses. Se inclina sobre
la rockola y sus caderas se pronuncian con un erotismo que viene a demasiado
incluso a esta hora. Elige durante un buen rato golpeando suavemente el suelo
con el imposible tacón derecho de sus zapatos. Luego da media vuelta y camina a
prisa para que la música le alcance en el camino. Suena No headstone on my grave y en seis pasos largos y cuatro pequeñísimos
llega a nuestra mesa. En ese instante, como sugestionado por el aliento teatral
de Tennesse, aparece el anciano mesero para dejarnos nuestros tragos y se va
con una leve risa entre los dientes.
-Dónde en toda esta ciudad mal parida
encuentras una cantina que tenga en su rockolla un disco de Jerry Lee Lewis- Le
pregunto, no creyendo en la extraordinaria sucesión de eventos que caen a buen tempo.
-Esta es una noche distinta; yo soy una musa
distinta; quizá hoy también tú puedas llegar a ser distinto-me dice moviendo
los hombros al ritmo de la música y con una sonrisa pícara en sus bien
definidos labios
-Tennesse, estoy presintiendo que toda tú eres una
paradoja-
- “CARA Y CRUZ[1]: Vida:
soy de tu cara y tu cruz. / Casi siempre / colgada boca abajo, / pero fuerte
como una telaraña al viento. / Mi corazón arde, / pero yo soy escarcha fría
resplandeciente.”- Dice antes de comenzar a desmantelar su extravagante belleza
dos horas después de que tomara con suavidad mi mano para apartarla del camino
y desviarnos hacia una de esas cantinas solitarias del centro. Con el tiempo
sabría que su mente era capaz de recordar poemas completos, párrafos enteros,
expresiones exactas de todo tipo, incluso las que leía pintadas en los baños
públicos y todo para cumplir con ese ritual suyo de hacerse y deshacerse a sí
misma a través del personaje que había aceptado ser para sobrellevar la vida.
De un trago se bebe todo el contenido del pequeño vaso
y comienza a sacarse las pestañas dejándome ver por fin sus dos grandes y profundos
ojos cafés, luego se quita el cabello rubio platinado y brota de allí dentro
una larga cabellera negra como mi suerte; se saca los tacones escarlata y los
coloca a su lado, toma de un bolso unos zapatos de piso tan discretos que antes
nunca hubiera podido relacionarlos con ella. Sentada como está se deshace del brilloso
y ceñido vestido para ponerse uno de líneas negras sobre la tela blanca, de
manga corta y sin escote que define mejor su edad, su belleza natural, su
verdadero carácter. No pudo pasar por alto que el brasier y las bragas combinan perfectamente. De las
bolsas del vestido toma unos guantes blancos y lentamente los hace a sus delgados
dedos para señalarle al mesero que traiga otra ronda; me apresuro a beber y
observo cómo cuidadosamente se quita el exceso de maquillaje y hace algunos
nudos con su cabello para que no le estorbe.
Al final me encuentro sentando con alguien que es
completamente distinta, por lo menos cinco años menor de lo que hubiera pensado
y aunque aún no podría decir que la respeto, sí lo pienso dos veces antes de
tirarle algún comentario desatinado. El mesero trae la siguiente ronda y nos
quedamos como dos bobos, mirándonos sin saber qué sería lo adecuado; yo trato
de leerla pero me encuentro como saliendo al sol de la tarde luego de haber
dormido toda la mañana; por su lado, me parece que ella me tiene clasificado y
con todo, permite que siga jugando el rol que me corresponde.
-No podemos quedarnos mucho tiempo, todavía hay algo
que no hemos hecho- le comento.
-Voy a hacer una agenda
empezando hoy, que termine dentro de diez años, para que al llegar a este día
pero en diez años, sepa cuantas carcajadas pude sacarle a Dios con los planes
que tenía para mi vida- me comenta, como iniciando uno de esos juegos íntimos
que tienen las parejas después de cierto tiempo.
-Mi padre era implacable, no
dejaba pasar nada. Si alguien se quejaba de nosotros era costumbre suya suponer
que efectivamente éramos culpables y entonces nos azotaba. Decía que debíamos
aceptar que así era la vida, que no podíamos hacer nada para cambiarla. Que él
buscaba la razón y lo justo, que no iba a cubrirnos por el hecho de que
fuéramos parte de su familia. Cuando se hizo viejo le sobrevino una revelación
espiritual y se llenó de compasión y misericordia. Nunca entendió por qué
fuimos tan duros e implacables para con sus errores, nunca entendió por qué,
según él, estábamos tan equivocados, pero nos perdonaba y nos siguió perdonando
hasta el día de su muerte y así fue como se salió con la suya el viejo-.
-Los orgasmos están sobrevalorados,
yo no quiero que tú te preocupes de mis orgasmos, esa es una aventura mía a la
que no has sido invitado…[2]-.
Seguimos hablando así durante
una hora excepto por las salidas a fumar o cuando ella iba a poner nuevas
canciones. Finalmente pagamos la cuenta, me pide que suba el cierre de su
vestido y salimos a la calle. Enciendo un cigarrillo, me pregunta a dónde es
que nos dirigimos, saco la tarjeta y se la muestro, ella la mira con cierto
desaire.
-Conozco un poco la zona,
puedo decirte cómo llegar más rápido-.
-Pues vámonos, no quiero
dormirme manejando-le contesto, abro el automóvil y subimos.
Nos alejamos del lugar y No headstone on my grave se desvanece entre las calles del centro repleta de chicos que en
la madrugada comen o fuman, que entran o salen de las cantinas y bares; y
mientras más pienso en aquello que persigo más me voy sintiendo perseguido. Pienso
en Tennesse y me digo que es como una prostituta virgen, como una madre que me
da hijos que son hermanos, como una antagonista que se lleva los aplausos al
final de cada acto. Pienso que todo este viaje, que todo este paseo por
el amor y la muerte, incluso yo mismo, en realidad formamos parte
del destino de Tennesse; que si ella decidiera desaparecer toda la ciudad se
vendría abajo. Pienso que no importa qué haga de ahora en adelante porque
necesitaré quererla, pero que debo hacerlo clandestinamente para que no
me disuelvan las potencias inevitables de su orgullo. Me doy cuenta de que ella
se ha convertido en el ombligo del mundo y de que yo continúo siendo un esclavo…Don't put no headstone on my grave, all my life I've been a slave. Want
the whole wide world to know, that I'm the man that loved you so. Mama, mama,
don't you cry, i'm gonna meet you in the by and by, in the sweet by and by…
[1]
Monroe, Marilyn: http://lejosdeltiempo.wordpress.com/
[2] Estimado lector, la
conversación aunque extensa y metafórica me parece interesante sin embargo
podría distraer de la acción dinámica aunque secundaria de nuestros personajes,
por tal motivo la podrá encontrar completa próximamente en el anexo a este capítulo (N. A.).

No hay comentarios:
Publicar un comentario