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20 de marzo de 2015

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 8 BITÁCORA: HACIA TENNESSE(Borrador archivo Diego Henestrosa. Investigador Privado)



Gatsby me dice que recién había sido ascendida en la agencia, Tennesse apareció de la nada pidiendo trabajo. Todavía era muy joven y muy a pesar
de su carácter volátil y de su necesidad de disolverse en la vida, no parecía una puta de profesión ni siquiera una de esas putitas que llenan las universidades y los colegios y que cobran ilusiones en lugar de billetes, al menos así lo expresó Gatsby. Tú no eres una puta, qué carajos haces aquí cuando debieras estar buscándote la vida, le preguntó durante la entrevista antes de la entrevista cuerpo a cuerpo; no hay más mundo para las personas como yo, contestó y de inmediato se puso a la defensiva, si no quieres contratarme alguien va a querer hacerlo, dijo y se encaminó hacia la salida. Gatsby la detuvo porque se percató de que estaba perdida en serio y para ser sinceros, también la había atrapado. Al parecer, con un poco de suerte, Tennesse hubiera podido seducir al mismo Jesucristo.

Salimos del hotel y pasamos rápidamente al lobby por un trago, pido un whiskey doble y ella “lo de siempre”, diciéndole al barman que se trata de un negocio personal y determinante. Bebo con avidez pero mi garganta no es tan profunda o joven o no tiene tantos motivos como la de Gatsby que hace pasar el licor sin remilgos y con todo, yo sigo pareciendo un bruto sin modales en comparación con la elegancia de esa mujer frente a la cual, todo sexo se sentiría humillado en su natural fealdad. Termina, toma una servilleta y se limpia la boca dejando perfectamente marcados sus labios púrpuras, da media vuelta y se dirige hacia la salida. Yo respiro y sigo bebiendo mientras detengo la mano del barman que ya recoge la servilleta; dejo el vaso sobre la barra y me guardo esos labios en el bolsillo interior del saco. Parada en la gran puerta del hotel, se cierra la gabardina y ésta vuela gracias al siempre violento e inesperado aire de la Ciudad de México; frente a ella los autos pasan velozmente dejando estelas rojas y
blancas; la noche detrás de los edificios iluminados es densa y la gente
camina de un lado a otro, ignorando que forman parte del precario equilibrio del milagro de la decadencia. Me acerco y la tomo del brazo, así caminamos hasta mi automóvil, le abro la puerta, ella sube, enciende un cigarro. Qué haces, no puedes fumar dentro del auto, ella me mira con más sentencia que extrañamiento, espero un par de segundos y le sonrío, es una broma, claro que puedes fumar aquí dentro, puedes incendiar la ciudad y luego meterla aquí dentro si lo deseas, ella sonríe y me dice que soy un cursi, así que soy un cursi, bueno, bastante viejo para ser cursi, ‘¿no?, ser viejo es en sí ya una cursilería, pero le viene bien a esa cara de hijo de puta que tienes, entonces los dos nos carcajeamos, dame un cigarro, me da el que tiene las líneas de sus labios, pensé que serían mentolados, los mentolados son para niñas. Nos alejamos en silencio sobre la avenida…
le abro la puerta, ella sube, enciende un cigarro. Me siento y tomo el volante, me quedo un segundo en silencio y ella me pregunta si puede fumar dentro, claro, por supuesto que puedes fumar le contesto y busco mis cigarrillos pero los chingados cigarros no aparecen, si quieres te doy uno, saca la cajetilla para ofrecerme. Gracias no sé dónde quedaron los míos. Enciendo el cigarro. Enciendo el auto. Nos alejamos en silencio por la avenida.

Más tarde le pregunto acerca de la agencia, pero me dice que no sabe nada y que de eso no piensa hablar así que es mejor que no insista. Me dice que su mayor interés en todo esto es saber que Tennesse se encuentra bien. Me indica el camino pero antes de llegar me detengo en una tienda de 24 horas, voy por cigarros le digo y me meto a la tienda para comprar también una pequeña botella de whiskey, el chico que atiende me recomienda que me lleve latas porque es más práctico y le contesto que el whiskey en lata es como un ramo d flores, como el tronco de un árbol recién cortado, como el amor de una mujer que se larga sin volver el rostro: algo dentro late pero en realidad se trata de muerte; y luego de un instante en silencio me pregunta si voy a pagar con tarjeta de crédito y yo pienso que es una
tristeza que el mundo sea una granja de idiotas a los cuales se acostumbran las hembras quienes siempre quieren ser libres y así la situación en este jodido planeta. Luego de un buen trago regreso y comienza a lloviznar y las calles se llenan de un dulce olor a carne fresca...
Conozco bien a Tennesse porque fuimos pareja durante dos años ¿Es lesbiana? No ¿Entonces? No confía mucho en ellos, no entiendo, es demasiado, esa es su complicación con la vida, que siempre fue demasiado y al mismo tiempo frágil… como todo lo bueno en este mundo de la chingada… ¿tenía algún enemigo, problemas con alguna compañera, algo, cualquier conflicto en el trabajo? No que yo supiera, quiero decir ninguno más allá de los normales en este trabajo. ¿Y ya vas a decirme qué buscas exactamente con ella? Es que no estoy seguro, hasta donde sé puede estar secuestrada, puede haber matado a alguien y estar huyendo o quizá puede estar muerta, por eso necesito pistas. Llegamos hasta los departamentos donde vive Tennesse. El tipo de seguridad nos deja pasar luego de anotar la placa, pedirme una identificación, hacer doscientas preguntas y realizar un llamado preventivo a los refuerzos más cercanos.

Caminamos a través del estacionamiento para invitados y en medio de las casas iluminadas, del ambiente hogareño y familiar, adivino que para Gatsby todo esto resulta igual de ajeno e hiriente. Por fin encontramos el número 24, al lado unos chicos tienen una fiesta bastante ruidosa, ella se adelanta mientras yo palpo lo compacto del revolver debajo de la camisa. Las luces del departamento de Tennesee están apagadas y el polvo en las ventanas parece llevar días acumulándose ¿Hay algún lado por el que podamos entrar?, ayúdame a sostener esta rejilla… De la fiesta salen tres tipos bastante ebrios contando dinero, si buscan a Tenn, no ha venido en días, quién sabe en qué anda esa morra, me dice uno con esa manía de los jóvenes de suprimir y distorsionar el idioma; ¿la conoces bien?, le pregunto. A veces salimos a beber o de fiesta cuando tiene días libres, pero hace varios días que no la he visto por acá. Estás seguro de que no ha venido ni de pasada. Bastante seguro, ¿ustedes son familia o algo? Sí, soy su papá, pero no me contesta el teléfono, por eso vinimos a verla. Pues si
quiere puedo brincarme por atrás y de una vez vemos si está o no, a veces lo hacía cuando se le quedaban las llaves adentro, me dice y de inmediato lo hace. Una vez abierta la puerta, me dice que no está, entramos. El departamento es una bodega de papeles, recuerdos, figurillas y demás chucherías de gran valor sentimental –supongo- pero completamente intrascendentes, además de eso todo parece bastante convencional como cualquier habitación de chica universitaria. Efectivamente parece que no ha estado por aquí en varios días, se escucha un gran destrozo del otro lado, ahorita regreso dice el chico y salen corriendo, me apuro a recoger su laptop y antes de salir veo y me extraña, una sola fotografía colgada inusualmente en la cocina, la… le digo a Gatsby sin poder pronunciar la palabra y le señalo casi desesperado, ¿la fotografía?, ¡¡¡sí, sí, tráela!!! Apagamos las luces y cierro con seguro. Los chicos regresan y me preguntan si todo va bien, claro, yo creo que estará con su tía, regresamos en un par de días, gracias. Antes de irnos, nos piden un par de cigarros. Se los damos.

Al salir el tipo de seguridad, luego de otras doscientas preguntas me dice que tiene que revisar el auto, le digo que es guardia de seguridad no policía de la dictadura, pero que puede estar seguro de que no he robado nada. El tipo me ordena que baje y le abra el maletero y yo odio a los tipos que se toman atribuciones que no les pertenecen para compensar su desequilibrio psicológico. Mejor hazlo y vámonos, me dice Gatsby. Bajo, ya frente al maletero pasan dos autos a nuestro lado, uno se detiene, el chico amigo de Tennesse se asoma por la ventanilla, no hay problema son familiares de la chica del 24, dice y desaparecen tambaleándose sobre sus cuatro llantas. No
importa, ábralo o aquí vamos a tener problemas, me vuelve a ordenar y para entonces ya estoy más que exasperado. Abro el maletero, él mete su cara para revisar y está por ordenarme que levante la alfombra cuando le pongo el cañón de la S&W en la nuca dejándolo frío, levanta las manos, tiembla y me ruega que no lo mate, ¡mira cabrón, para ser así de molesto eres bastante idiota!, y ni te espantes que no voy a hacerte nada, sólo que me disgusta tu actitud, ahora ve por mi credencial y cálmate, sí señor. Antes de irme le hago ver que tiene anotada mis placas y que ha visto mi rostro, pero que sigo siendo más listo y decidido que él, así que es un buen momento para mejorar como persona y no hacer otras pendejadas. Nos vamos. Qué fue todo eso, me pregunta Gatsby. Yo y mi mala actitud para con el mundo…

En la foto aparece Tennesse con dos idiotas en un antro de la Zona Rosa ¿Quieres un trago?, le pregunto a Gatsby. ¿No creerás que allí vamos a encontrarla, verdad?, es una idea estúpida. Así pasa la gloria del mundo,
linda. Eso es una cursilería, me contesta, saco la botella, le doy un trago y se la paso, ella enciende dos cigarros y me regala uno con las líneas de sus labios impresas, ¿Demasiado viejo para ser cursi? La vejez es en sí una cursilería, pero como pareces un hijo de puta creo que te viene bien. Me sonrío y le contagio a ella un poco de risa. Nos alejamos en silencio sobre la avenida, mientras me crece en el estómago esa sensación de cuando dejas de estar en paz con la maldad y el fuego está por arrasar la tierra…

19 de enero de 2015

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 7


BITÁCORA: HACIA TENNESSE
(Borrador archivo Diego Henestrosa. Investigador Privado)

Doce Horas más tarde, me despierta el llamado incesante del teléfono
celular; contesto sobresaltado luego de varios sueños inquietantes porque últimamente las imágenes se me arremolinan en múltiples y confusas visiones en mi cabeza, algunas muy personales otras de viejas amistades que se perdieron en esta miserable cotidianidad. El teléfono, las redes sociales son así, como la inminente espera de una mala noticia. El chico que me contrató me llama para decirme que tiene todos los datos del sitio de escorts y que aún más, que me ha concertado una cita con la chica que tiene más tiempo trabajando allí, me dice que no fue fácil pero que a través de unas vagas mentiras y unos cuantos movimientos bancarios desde los oscuros fondos de la red, los contribuyentes más adinerados de este país van a patrocinar nuestra investigación y que así, estos “contribuyentes” hechos de la injusticia social contribuirán al servicio de la justicia moral, me lo dice con esas palabras, me dice que si no me pone contento esta ironía literaria, me lo dice con un tono de satisfacción aspiracional que me fastidia. Me pide que me conecte por Skype o algo así y que por allí podemos charlar y compartir la información. No tengo nada de eso, le contesto cortante, de hecho casi no enciendo la computadora, pero mándamelo a mi correo, él se carcajea horriblemente y por un momento pienso que se está ahogando, luego me dice que eso es del siglo pasado. Espero tu correo, le contesto y cuelgo. Pienso que toda su tecnología es también del siglo pasado, que todos los adelantos tecnológicos no son sino adornos de algo que ya era desde el siglo pasado.

Me desperezo sobre el sillón y me pregunto cuándo fui a sentarme al sillón allí; para entonces los zapatos me están matando y Harry me ha calentado el vientre como a un radiador sin agua. Tengo una colilla todavía pegada entre mis dedos y la botella de Vat al lado de mis piernas. El cenicero se ha caído esparciendo ceniza, colillas y vidrio por toda la sala. El gato se despierta, se estira sobre mí encajándome sus uñas y de un salto se libra del caos; come un poco, bebe agua haciendo gestos como indicándome que debo cambiarla y voltea a mirarme fijamente, inmóvil. No te preocupes ya limpio todo este desmadre, le digo y eso basta para que de otro salto llegue a la ventana y se largue. Los gatos tienen esa cualidad de hacerte sentir que estás cotidianamente en deuda con ellos.

Me pongo a limpiar, me baño, como me alimento un poco algo mientras reviso la información. Parece un sitio bastante legal para todo lo ilegal que allí ocurre seguramente, como todo en este país sin buen gusto, se trata de un lugar muy profesional pero falto de clase y glamour, es una especie de men´s club para la alta burocracia. La cita se realizará en un hotel conocido a las 20:00 horas. Mi nombre será Alfonso Paredes, que es el que comúnmente uso en casos como este; el de ella Ofelia Castillo aunque en privado debo llamarla Gatsby y esto ya me inspira un poco de confianza en que no se tratará sólo de una tonta con bonito cuerpo.

Tomo el último trago de la botella, enciendo un cigarrillo y salgo hacia el hotel, todavía es temprano pero soy maniático de la puntualidad y además quiero ver a Gatsby cuando entre el lobby, necesito leerla antes de enfrentarme con ella, saber de qué forma se sobrepone a la presión de esta hipócrita sociedad que nos ha contaminado a todos con sus cuentos rosas y su sexo en rasurado. A esas horas, los establecimientos decentes comienzan a cerrar y los indecentes apenas se preparan para recibir toda nuestra necesidad de reafirmarnos en oscuras calles y exóticos tragos sin embargo algo llama mi atención sobre la avenida, en medio de casas abandonadas y entre un ensuciadero de grafittis superpuestos unos sobre otros, apenas alejada de la zona comercial, se encuentra una librería con un logo idéntico al del sitio de escorts y en este momento de mi vida se me hacen insoportables las casualidades. Me detengo unos metros adelante, enciendo el último Lucky de la cajetilla y camino lentamente observándolo todo con detenimiento. Frente a la entrada doy una fumada más, en ese momento sale el dueño y me dice que está a punto de cerrar pero que si quiero un libro en especial, quizá pueda vendérmelo. El librero parece más del tipo intelectual a la antigua, con peinado de raya al lado perfectamente relamido, grandes lentes de gota y escaso bigote bien cuidado. No, no se preocupe, quería echar un vistazo porque me pareció bastante pintoresco su lugar, le comento. Claro que es pintoresco, me responde, tenemos abierto desde antes que el D. F., fuera un estado, desde que era una regencia, imagínese, me responde con un orgullo que nadie tendría únicamente por un montón de libros. Tiene alguna tarjeta o algo porque estoy de pasada y quizá olvide la dirección, le pregunto y el tipo se me queda viendo con suspicacia, como tratando de encontrar un detalle en mi rostro o mi persona que pueda recordar por si las cosas se complican, ¿ya le habían hablado de mi librería? Me pregunta en un tono cordial pero que por un


momento me manda de nuevo a la primaria y contento contengo mi necesidad de contestarle de inmediato que no, que yo sólo pase por allí porque iba a hacer unas compras y una serie de tonterías que sólo me descubrirían; en cambio, le sostengo la mirada, miro de nuevo el nombre y el logo del establecimiento y le contesto digo que no, pero que no sería raro si es que tienen tanta tradición como acaba de decirme; el tipo me mira unos segundo más como tratando de encontrar un gesto que delate mi mentira; ¿y qué libro andaba buscando?, me pregunta para insistir, ah, pues uno de Rimbaud, donde venga Sueño para el invierno, le digo y comienzo a leerlo también y él de inmediato se acomoda las gafas. Pues creo que tengo unas tarjetas dentro, por qué no pasa y ahorita buscamos su libro, me dice con cierto aire de que voy a encontrar algo más, eso que “ando buscando”, pero en desde hace unos meses que no sé lo que ando buscando y prefiero no arriesgarme; no, no se moleste, prefiero regresar luego y con calma revisar yo mismo, ya sabe que eso de meterse en una librería requiere su tiempo, nunca sabe uno con qué va a encontrarse, le comento. Eso, sí, eso sí, me responde y se mete por la tarjeta. Me la entrega, le agradezco y camino de vuelta hacia mi auto. Por el retrovisor de una auto camioneta veo que hace señas a alguien dentro y ese alguien, un gordo enano sale de inmediato detrás de mí, supongo que con la orden de vigilarme, de otra manera no habría avanzado tanto. Sigo de largo cuando llego al auto y me meto en el primer Oxxo que encuentro a comprar unos Lucky Strike. Mientras pago veo al gordo de ida; me quedo viendo las revistas y lo veo de regreso. Me fumo un cigarro en el estacionamiento y luego voy por mi auto dando un rodeo por las calles. Aun cuando estuvieran esperándome, en medio de esa oscuridad no podrían identificarme ¡¡Mierda, se me ha hecho tarde!!

Llego corriendo al hotel y me siento a esperar, sudoroso, fatigado y con la respiración a tope, como si hubiera corrido una maratón de 5 kilómetros, me digo que debo bajarle al cigarro, pero eso me digo desde los treinta años. Me limpio el sudor y me acomodo la ropa. Por un momento me parece que ha pasado sin que yo pudiera reconocerla, pero entonces la veo y entiendo que mi mente pertenece a otra época, que mis estereotipos son en realidad decadentes. Aparece en la entrada un mujer cerca de los cuarenta pero que en realidad no los aparenta, con una vestimenta hípster que de inmediato me envejece diez años y es que a excepción de ciertos lugares muy específicos ya es casi imposible distinguir a una prostituta de una chica cualquiera. La veo entrar y caminar hasta la recepción donde la atienden con una galantería ya anacrónica. Ya han pasado los mejores días de este hotel pero sus empleados siguen conservando los modales de un siglo pasado que se diluyó en la disolución precipitación de las individualidades. Gatsby entra arrancando las miradas de propios y extraños y por el breve momento en que se encuentra en el lobby, logra sacarnos a todos de la mediocridad de nuestras emociones y pensamientos; su cabello café cae sobre su frente y hace un medio remolino para terminar en puntas decoloradas sobre sus hombros, su maquillaje es tan discreto pero colocado en los puntos exactos para que por un momento me sienta avergonzado de mis labios partidos por el frío y la deshidratación. Viene enfundada en una gabardina impecablemente blanca estampada con golondrinas en varias posiciones y luego sus largas piernas desnudas que rematan en unos botines rojos de piel. Apenas abre la boca le dan la llave de la habitación. Se encamina hacia el elevador y desaparece blanca y cándida por sobre el velo de la incredulidad de quienes compartimos un mar de falsos conceptos e ideas tergiversadas acerca de la vida. Ella flota hacia el elevador y desaparece detrás de sus puertas metálicas y yo no puedo más que recostarme sobre la pequeña sensación de muerte de suspira sobre mi costado. Me digo que debo ser profesional, pero quién puede serlo en esta ciudad del demonio cuando ha visto la belleza de frente.

Voy a la recepción y digo que me están esperando, menciono el nombre de Ofelia Castillo, por favor su identificación señor Paredes y su ticket, me dice el chico, le muestro la identificación falsa y le pregunto para qué carajos necesitan un nombre sobrenombre entonces, es cuestión de discreción señor Paredes, sólo cuestión de discreción, aunque si usted prefiere… no, déjelo así, le contesto. Habitación 111, tiene dos horas. Subo al elevador, muy de cuerdo a la situación, se escucha Everybody knows del grandioso Leonard Cohen. Pienso que sería un error hacerse aquí el rudo, pero que tampoco debo parecer primerizo aunque de seguro se me ve la cara. no importan cuantas experiencias tengas, la primera vez para algo nada más no puedes deshacerte de esa cara de idiota que se aferra al rostro.

Ya en el pasillo comienzo a ponerme nervioso, como un puberto en la primer cita donde sabe que inevitablemente tendrá que besar a la chica; y cuando estoy a punto de tocar, me detengo porque las piernas me tiemblan, no puedo creer que un arma cargada frente a mi rostro me cause menos impresión que una mujer que usa guantes blancos. Saco la anforita y le doy un trago largo. Llamo sutilmente a la puerta y ella pregunta quién es, le digo que Alfonso Paredes, ella abre y se va a sentar en los pequeños sillones, sirve dos tragos de tequila y me da uno. La saludo y ella me pregunta qué quiero hacer, me quedo pasmado por un momento… si tienes pensadas cosas raras de una vez te digo que llevo acá algún tiempo como para aguantármela… no, en realidad tenía algunas preguntas…. No doy entrevistas, así que si quieres hacer un reportaje te me vas al carajo, pero antes te me encueras no quiero salir en las noticias… me dice Gatsby con una pose de novela gráfica que me saca una sonrisa… de qué carajos te ríes imbécil… de que para ser una puta, tienes una actitud del carajo… no soy una puta cualquier, tú sabes cuánto pagaste para que yo estuviera aquí… en realidad pagaron los contribuyentes…. Qué…. Es un chiste local y en realidad muy idiota… entonces?.... me termino el trago y arrojo el vaso, mira linda, no soy burócrata ni nada por el estilo, no tengo un trabajo convencional ni nada de esas idioteces que crees saber sobre mí, soy un investigador privado, necesito hacerte unas preguntas y no me voy hasta que me contestes, puedo salir de este hotel en un dos por tres y no trabajo sólo, si pudimos traerte aquí podemos encontrarte hasta el fin del mundo, ¿entiendes?... ¿Investigador privado, como en las películas?, ¿estilo Raymond Chandler? Vaya, una piensa que esas cosas sólo pasan en las películas o en las novelas negras, qué quieres saber, me dice Gatsby realmente emocionada y yo sólo pienso en que las prostitutas se han ido superando mientras nosotros seguimos creyendo que podemos rescatarlas salvarlas. Le sonrío a su sonrisa de niña que recién abre su regalo navideño y voy por mi vaso. Sírveme una más y te cuento. Ella lo hace. Dentro de mí, no tengo más pensamientos: Gatsby, espero no ser tan viejo.

26 de septiembre de 2014

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 3


ANEXO 2

-Los orgasmos están sobrevalorados, mientras cada uno de nosotros se devalúa más y más con cada persona con la que decides desnudarte-
-Toda esta jodida realidad del mundo dominada por la posibilidad de la sexualidad, ni siquiera por el acto mismo, se la debemos a esa clase de prostitutas que sobre explotan el deseo y la fantasía y no el sexo como se supone es el oficio-
-Lo que es realmente terrible es la sobre producción de carne sin sustancia; la enajenación a la que te obliga todo este diseño de vida cotidiana hecho por los viejos calvos, obesos y pervertidos que son dueños de las posibilidades en el mundo-
-El sentido de posesión, es decir, cuánto posees de qué cosa. Todo tu valor lo tiene la actitud y la actitud es una historia que te cuentan tus padres y la crees… pero que te digo, si para nosotros, los que no tenemos nombre, nuestra actitud es la del despojo-
-Vamos por la vida masturbándonos en la publicidad, en los programas de televisión, en el cine, en la música, en las ganas de llenarte de glamour y fama, en ese cuerpo con el que haces el amor comúnmente… y vas a terminar desollándote a ti mismo y nunca vas a encontrar, ya no digamos paz, hablemos únicamente de placer, ese placer que te diluye-
-Es también nuestra culpa, por pensar que existe un Lado B de la vida, que cuando sea tocado romperá todos los paradigmas y entonces seremos nosotros los beneficiados, porque todo se trata del interés y de la envidia, se trata de que te das cuenta que el otro lo tiene y tú no-
-El lado B existe, sabes, pero aunque llegara tampoco formaríamos parte. Somos el momento de darle vuelta al disco y allí como sabes, no hay música-
-Las mujeres podrían perdonarlo todo, excepto un miembro precoz o un espíritu pusilánime; si no padeces de esto, entonces ya puedes preguntarte si tus posibilidades alcanzan para llenar un alto porcentaje de sus expectativas-
-Todo es una mentira bien elaborada y es perfecta porque depende de que ustedes la crean, pero son tan… inocentes, como un niño de tres años…-
-Tengo un amigo que estudió sociología o psicología social o alguna de esas tonterías y en algún momento hicieron un experimento con los trabadores de una fábrica, se trataba de liberarlos de todos los medios de explotación y exigencias patronales… al cabo de un tiempo aquello se había convertido en una carnicería… un explotado necesita de alguien que sepa explotarlo y todo por esa glorificación teórica del trabajo; estamos metidos hasta el fondo en el sistema-
-Según tu lógica deberíamos aceptar nuestro papel de tramoya en este gran espectáculo capitalista y dejarnos aplastar cuando se les antojara-
-Sólo digo que antes con cuarenta y cinco pesos podías comprar una cerveza y dos cajetillas de cigarros… que seguiríamos pagando por fumar y por sexo ya sea en un prostíbulo o en una cita-
-Conocí a un chico que detestaba a una mujer y en un año ya eran novios; pasó el tiempo y al siguiente año ya se habían casado y de inmediato se hicieron de tres hijos. Poco a poco él fue cayendo en un marasmo de humillaciones y problemas de matrimonio. Aquella chica no era bonita, no era ni siquiera agradable pero algo tenía, quizá un psicólogo podría explicarlo mejor. Un día este chico llegó de trabajar y estaba comiendo su sopa fría, al levantarse por sal ella le ordenó que no le pusiera sal a la sopa, que no era sano, entonces él se acercó a ella y comenzó a golpearla hasta mandarla al hospital. Luego de disculparse amorosamente, siguieron esa rutina durante veinticinco años. Al final, mi madre le preguntó a esa mujer por qué había aguantado todo esos malos tratos y ella le contestó que por sus hijos y yo siempre he pensado que no se refería a lo que todos estaban pensando en ese momento-
-Conocí a una prostituta que en realidad no era muy guapa, pero todos la buscaban porque juraban que se trataba de un hada madrina que en lugar de varita mágica tenía su sexo. Era como si estar con ella te asegurara que tus deseos inmediatos se cumplirían o por lo menos, estarías más cerca de cumplirlos. Era como si fuera un hada prostituta que en lugar de proporcionar placer te proporcionaba un destino mientras ella no podía abandonar esa sucia habitación que era su vida-
-Tengo un amigo que había elaborado toda una estrategia anarquista basada en la mediocridad y la condescendencia. No creía que le mundo fuera a cambiar aunque estallaran todas las guerras del mundo. Su estrategia se basaba en el desánimo que le sigue al hartazgo. Se trataba de ser estudiado y educado y realizar tu trabajo a penas lo suficientemente bien como para no desaparecer por completo. Se trataba de llenar de ideología todo trabajo de siervo para los administradores del mundo. Se trataba entonces de administrarles la vida a los administradores del mundo. Creer que el mundo podría pertenecernos sería un error. Creer que algún día nosotros ocuparíamos la punta de la pirámide sería un error. Él pensaba que no deberíamos apropiarnos de nada más que de la intención de aquello que nos proporcionaran nuestros medios. No ser asimilado, no ser incluido, no ser considerado. Se trataba de mantener vivo el rencor y el desprecio. Se trataba de abandonar la esperanza de un bien mayor y más sofisticado, porque es allí donde nuestro propio cuento sobre la realidad sucumbe ante la saciedad de posibilidades.-
-Recuerdo cuando el mundo se trataba de la pura contemplación y los placeres simples como esperar al lado de la radio a que comenzara tu programa favorito para grabar en viejos casetes la música que te gustaba. Como las tardes después del colegio mirando el televisor sin la necesidad de tener una opinión respecto de todo-
-Mi padre vivió con miedo toda su vida. Así nos educó en el temor, en la necesidad de aferrarse, pero no me mal entiendas, no era un cobarde, únicamente sabía que el mundo era un lugar terrible y no quería que por causa suya la realidad nos destruyera, como finalmente sucedió aunque no de manera definitiva. Hablo de la confianza, de la pertenencia, de la necesidad de saberse-
-¿Quieres escuchar algo que escribí?-
-Sí-
-A veces somos malos
únicamente porque serlo parece lo adecuado
pero todo mal es irreversible
queda la vida entera para equilibrarse
para llevar la balanza a un mejor estado
a quién le importa lo que necesitamos
si no es adverso para nadie.
Todos los momentos son importantes
para limpiar los malos humores
de la carne.
El mundo es un lugar triste
el dolor es esa realidad cotidiana
que nos envuelve
que nos apresura a juzgar y castigar
a llevarlo todo hacia
un sombrío subterfugio.
A veces somos buenos
únicamente por serlo
y lo pasamos por alto.
Se requiere de valor para aceptar la luz
y las sonrisas ligeras
que no tienen compromisos
mercenarios-
-Tennesse, ¿desde cuándo escribes?-
-Desde que tenía quince años-
-Y por qué nunca has publicado si hay un montón de estúpidos que lo hacen a diario-
-Esa es la misma pregunta idiota que todos me hacen. No se trata de mí finalmente-
-Tienes razón ¿Tennesse, quién es el último imbécil que no quiso publicarte?-
-¿Para qué quieres saber?-
-Ya que estamos perdiendo el tiempo, podríamos visitarlo…-

-Tú eres un pobre iluso… casi como un niño de tres años o un universitario-

14 de agosto de 2014

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 1

Absolutamente nada. No recuerdo absolutamente nada. Sólo tengo el rumor de un perfume y la imagen fija e un rostro masculino ensangrentado. Mis ojos se clavan en el compulsivo parpadeo rojo del semáforo y su luz intermitente llena de manchas carmesíes las gastadas vestiduras de este viejo auto. Dentro, el silencio se hace a fuerza de una cantidad interminable de pequeño ruidos.
-No me dejes tirado sobre la avenida- pienso.

Siento entonces cómo mis manos tiemblan aferradas al volante. Estoy sudando, pero este sudor no es nuevo, puedo adivinar que se trata de la acumulación de varias horas. Contrario a mi cuerpo que hierve y se sofoca como si fuera el cuerpo de un adolescente, la camisa negra y la playera debajo están empapadas de frío. Un auto detrás hace sonar su claxon con furia y siento que me apura la mirada desencajada de un copiloto que hasta ahora desconocía. No me atrevo a voltear, miro de reojo a una mujer de tacones escarlata y cabello rubio platinado, que a su vez mira el arma que llevo, a cartucho cortado, sobre las piernas.

Por la izquierda me rebasa un Versa gris con cuatro tipos que en pleno alarde me insultan a gritos; uno de ellos baja la ventanilla y arroja a mi puerta su vaso lleno vino. Los sigo con la mirada hasta que se pierden en la siguiente curva y pienso que este no es el límite que espero, sin embargo, me es inevitable fijarme en la placa del auto y me parece que se trata de alguna manía personal. Meto primera, el auto se sacude y hace que se sacuda la tierra; amaga con apagarse y ese acto me resulta familiar como la culpa, tanto que sufro una regresión momentánea y recuerdo el Valiant Duster azul de mi padre, el humor de mi padre, sus ojos embravecidos…

Noto que la mujer a mi lado tiene el mismo semblante y a partir de ahora me provoca un desprecio indiferente y una obligación sin responsabilidades y de alguna manera sé que puedo confiar en ella, que ella puede contar conmigo.


Ahora lo sé, avanzamos hacia el norte cruzando la Ciudad de México a través de la Avenida Insurgentes. Todo a nuestros costados son impresiones de una vida que no quiso dársenos, que a palos nos fue negada. La necesidad de un cigarrillo me golpea con un costal de resentimientos y comienzo a buscar alguno en los bolsillos del abrigo, meto la Beretta debajo de mi pierna y sigo buscando. La mujer a mi lado me ofrece una cajetilla de Benson and Hedges mentolados y para entonces no puedo soportar ni verlos; se la arrebato de la mano y la arrojo a sus pies en un seco desprecio sin gestos. Busco de nuevo en el bolsillo interior del abrigo y encuentro unos Marlboro 100´s que me tranquilizan apenas al tocarlos. Saco uno mientras sostengo el volante y rápidamente lo enciendo. Aspiro profundo para que el humo ahogue todas las dudas que llevo dentro, la primer bocanada me tranquiliza, el humo azul y gris golpea el parabrisas y luego lo acaricia hasta llegar al tablero; entonces noto al reverso de la cajetilla, metida entre el plástico y el cartón, una tarjeta con el nombre de una mujer y una dirección, todo escrito a mano. Tengo que encontrar a su dueña, ahora lo entiendo. La chica a mi lado recoge sus cigarros y un cassette maltratado que mete en el autoestéreo. Suena Love Sick de Bob Dylan mientras ella se cruza de brazos para fumar, mirando la acera llena de extraños que podrían lastimarte con cualquiera de sus pretensiones; mientras yo entiendo que ambos preferiríamos estar allí que dentro de este auto, pero que hemos respondido al llamado… tengo que seguir conduciendo… el tiempo es un lujo que nosotros los exiliados, los desgraciados, los imperdonables del mundo pequeño, no podemos darnos…

4 de junio de 2013

RECONSTRUCCIÓN

Para: G.R.B.

Voy a comenzar un viaje a través de las inmortales
extensiones del universo que tendría sentido y únicamente
sería auténtico si tú vienes conmigo pero
pasa el tiempo y se nos acaba y no habrá manera
de volver cuando te vayas aunque siempre resguardo
un cigarro al final del día para esperarte y un gramo de
esperanza sin importar que éste sea como un mensajero
del ánima que en las noches asfixiadas me recuerda
que te pierdo al dejarme seducir por la desesperanza
porque debo mantenerme a flote por muy hombre solo que me sienta
y también porque soy hombre así me duelo a solas y en silencio
sin ningún derecho a derrumbarme por el contrario estoy
obligado a continuar a pensar que habrá un mañana
después del día siguiente en que pueda encontrarte
para que sucedan las risas la mujer y la magia
para que suceda y dure la pasión en tu nombre
cada mañana como voluntad agónica necesaria inmarcesible
porque aún cuando hiera no estoy realmente solo todavía
te me revelas en el comienzo y en el final
en el amor y la despedida y me pregunto
 si te conozco si ya te conocía si la realidad se abrirá para
incrustar un espacio en el que podamos seguirnos descifrando
en esta reconstrucción del proceso y la búsqueda
del mito sublime del eros entre dos desconocidos que se saben
y aunque me quede completamente abandonado indefenso
desarmado cuando se vayan las risas
cuando desaparezca la magia y no sea más que un viejo triste
y con toda razón me abandones porque la vida siempre
habrá de llamarte como a todo lo que está lleno de gracia
te seguiré amando hasta que explote la liturgia de las horas
y sabré entonces que fuiste lo mejor que hice con el tiempo
que tuve en mis manos y quedaré en paz con el mundo

Antonio Mejía Ortiz, 2013 

15 de noviembre de 2012

TENGO UN SILLÓN ROJO


Tengo un sillón rojo que no es muy viejo
pero en cambio está muy roto
me siento en el mismo lugar desde hace años
y he visto cómo fue perdiendo su pulcritud
no me lamento
así sucede la historia
me digo "esto lo hizo mi gato"
y casi me echo a llorar como un niño
veo las quemaduras de cigarro y podría
definir una a una
cuál de mis amigos la hizo.
Los hoyos que tiene me pertenecen
fueron noches incontenibles con música
de cantina, cervezas y cajetillas de Marlboro
aplastadas por manos adormecidas.
Cada rincón huele a una mujer distinta
a una distinta forma de satisfacerlas.
El color rojo de mi sillón se ha oscurecido
por la mugre y los sueños muertos
pero no sabría decirte cuál es la diferencia.
Por las tardes me recuesto en él y pienso en
cómo cada lugar se ha desocupado
cómo de alguna manera todos se han ido.
Regreso por las noches cierro las persianas
y me quedo un momento a oscuras
recargado sobre la puerta
mirándolo a través de la negrura
enciendo un cigarro y voy a sentarme
hasta bien entrada la madrugada
cuando el silencio hecho de maullidos y ambulancias
de viento perdido y ladridos acongojados
hacen crecer las grietas y las telarañas
entonces me digo que apenas amanezca 
será distinto pero nada cambia
mi sillón rojo y yo nos parecemos
algo de belleza brilla detrás de la suciedad
y lo cuarteaduras
pero
la suciedad y las cuarteaduras
ya son demasiadas.

Antonio Mejía O./ 2012


EL MEJOR Y MÁS SANGUINARIO COMPAÑERO


Comienzan a volverse ambiguos los recuerdos
las mujeres que de alguna manera he querido
vienen a mis sueños para despedirse
y abandonar mi memoria
las veo marcharse como las vi despreciarme
al final de nuestro tiempo juntos
y me pregunto si hubiera podido hacer algo
para retenerlas
o si tendría la desesperación y la sangre fría
para asesinarlas
al final soy un hombre contenido
Algo anda mal cuando los amigos comienzan
a volverse necesarios
pero nadie te necesita a ti
primero comienzan a irse temprano de las borracheras
es como si tuvieran de nuevo quince años
y sus padres les exigieran llegar a casa
antes de las once
luego dejan de asistir a las reuniones
"cosa de trabajo, ya sabes, no puedo negarme"
pero tú sabes que es un pretexto
que la vida de los adultos como decían los viejos
se trata de hallarle pretextos a las circunstancias
para justificar la incapacidad de odiar o amar de verdad
de lamentarse, de reírse, de continuar o quedarse
varados definitivamente
absolutamente
durante las últimas llamadas te prometen que apenas
tengan tiempo irán a visitarte
y entonces comprendes que eres un desposeído
cuando los viernes a la noche
estás demasiado cansado para embriagarte
y se pierden los motivos para despertar temprano
y salir de casa
cuando más allá de la puerta parece que sólo hay ruinas
y las dos o tres mujeres que se acostarían contigo
creen que ellas tienen suerte
y te preocupan las enfermedades más que los placeres
y el espacio entre una cruda y otra es cada vez más corto
y el silencio se ha vuelto el mejor y más sanguinario
compañero.

Antonio Mejía O./ 2012

TU CUERPO ES MÍO


Tomo tu cuerpo ya no te pertenece ahora es mío
lo tengo y sé que es mío
aunque a veces ya no pueda alcanzarlo
de tocarlo impunemente
pero me pertence
tu cuerpo que es como un aguacero
que me empapa a mitad
de un día frío
tu cuerpo que es como el calor de esas playas
donde el cielo está nublado siempre
tu cuerpo que es como una violenta sacudida
del aire que hace volar mis ojos
que son hojarasca de antiguos veranos
tu cuerpo es mío
todos sus aspectos todos sus defectos
cada fibra que se enternece o se crispa
cada cabello que nace o muere o se debilita
tu cuerpo que es abrasador como sol seco
cayendo a plomo en una tarde sin sombras
sin otredades indiscretas
cada sudor sin poro cada mirada sin rostro
cada palabra arrancada de la oración de tus latidos
la sé y es mía
y siento mi corazón desarraigado cuando
lo recuesto sobre tus pretensiones
no condicionemos el deseo
tomo tu cuerpo
que es una verdad
que debí olvidar que sabía.

Antonio Mejía O./ 2012

EL ÉXITO ES COMO UNA MUJER HERMOSA


Sucede que el éxito es como esa niña de la secundaria
a la que nunca pudiste decirle que la querías
es como ese viejo amor que se perdió entre resentimientos
y pasiones desenfrenadas
como la chica de la universidad que no sabías que amabas
hasta que la viste enamorada de un patán
presumido e insignificante
como esa puta de quien pensaste que si no fuera cruel
el destino hubiera podido ser la madre de tus hijos
como la amiga que después de acostarse contigo
no pudo ser más tu amiga ni tu amante
como la vecina para quien eres demasiado viejo
y tu estúpida decencia no te permite llevártela a la cama
como la vecina para quien eres demasiado joven
y tu estúpida decencia no te permite llevártela a la cama
como esa actriz mediocre de telenovelas de quien piensas
que si estuviera en tus manos podrías convertirla
en una Marilyn Monroe o una Dolores del Río
como esa mujer que viste un par de veces en la calle
y cuando te dispusiste a hablarle desapareció
absolutamente, miserablemente
como la jovencita que luego de muchos años
volviste a encontrar y estaba acabada vieja y podrida
porque cayó en los cuerpos equivocados
como las veces que has dicho: "no la merece"
pero te engañas creyendo que el mundo se trata de
merecer
como cuando te han dicho: "te quiero a ti pero distinto"
y te engañas creyendo que no sabes de lo que hablan
es como ver a la mujer que amas feliz sin estar contigo
como la mujer que decepcionaste sin saberlo
como la chica a quien le confesaste que te gustaba
y terminó encamada con tu mejor amigo
es como una mujer hermosa que te mira de soslayo
mientras su hombre le mete la lengua en la boca
sólo para que continúes embriagándote
con cualquier cosa
y tu mente no pare de girar en torno a ella.

Antonio Mejía O.

NOSTALGIA


Oigo el lejano silencio que deja una fiesta terminada
y siento desde la oscuridad de mi casa
cómo se diluye la energía acumulada de los cuerpos
que bailaban cumbia hace unas horas.
Enciendo un cigarro y percibo cómo sucede
la madrugada
mientras hombres y mujeres andan por la calle
de regreso a sus camas.
Recuerdo una hermosa muchacha
pasando frente a mí
con un amigo a su lado;
fumaba en la puerta de la entrada
eran más o menos las tres de la tarde
y las cervezas que llevaba en la mano
la volvieron todavía más atractiva;
¿Qué hacía yo a los veinticinco años?
Y los imagino desnudos bajo las sábanas
sin comprender la dimensión cósmica
de lo sucedido
aunque las hembras de algún modo
siempre lo saben
ahora le pertenezco y ella también me pertence.
Entonces de un número sin rostro
me llega un mensaje: "me gustaría verte".
pero esta noche no se trata del sexo
ni de los cuerpos juntos
sino de la experiencia de estar vivos.
Imagino de nuevo a la chica de las cervezas
afuera los gatos maullan
buscando una hembra
adentro me masturbo
por nostalgia
por nada más
que nostalgia.

Antonio Mejía O.

9 de abril de 2012

DOS POEMAS PARA ABRIL

POEMA 147

En algún lugar te encuentras, con tus virtudes flacas.
Un séquito lo bastante bizarro como para complacerte,
descubre en los restos de tu apariencia,
la altura necesaria para evadirse de las formas esenciales.
Éramos azules y violetas, igual que la tierra
¿Cómo volver a la oculta alegría de los tiempos inocentes
y leer poesía sin que martilleen las palabras?
¿Y estar en la imagen desde el odio?
En la superficie del rencor hallarás, encarnada,
la costumbre del nacimiento
y la sensación constante de la muerte,
a tu lado como un silencio vacío, un silencio absoluto.

POEMA 196

Todos los sueños que he tenido,
cada sueño que se repite desde los diez años,
las palabras desperdiciadas en conversaciones sin nombre,
palabras vacías en espacios sin volumen.
Las veces que traté de "bello" a lo que no era bello.
Las veces que entregué mi vida sabiendo que
pasado algún tiempo, la pediría de regreso.
Las veces que intenté, que nunca logré.
Las veces que sentí cómo se agitaba mi sangre en el vientre.
Las mujeres que amé y no olvido,
aunque pueda fingir perfectamente que lo he hecho.
Los silencios hondos en la espera.
Los pensamientos: moscas alrededor de la cabeza y entre el cabello.
El presentimiento de las circunstancias
a pesar de las convicciones perdidas.
La certidumbre de lo inalcanzable.
Toda la desesperación y la blasfemia, el temor;
la pasión y el semen revolcándose en el lecho
de una eyaculación perversa.
Lo insatisfecho que puede estar un hombre sin darse cuenta.
La mala semilla que despliega sus alas como ave carroñera
para alimentarse de mi cadáver que es cobardía.
Los instantes de vértigo;
la escala humana de un ser roto y desintegrado.
La vida a pesar de todo: imperturbable, fatal, indiferente.

Antonio Mejía

13 de marzo de 2012

HASTA EL FIN DEL MUNDO


La autopista fue sólo tuya, el auto en complicidad decidió no detenerse. Durante gran parte del camino el auto parecía moverse solo, tú casi no manejaste. La velocidad con que avanzabas te hacía pensar que ésta no era una fatal aventura hacia el encuentro con tu destino, sino la confirmación de un vertiginoso desprendimiento. Al lado de la carretera el paisaje árido y llano agonizaba conforme el sol, que recién se levantaba, te daba alcance. No había nada que ver y durante horas no escuchaste más que el silencio del vacío. Nada qué ver además de una carretera interminable. Sólo te detuviste un par de pueblos atrás, te dolía la espalda, llevabas demasiado tiempo sentado. Aprovechaste para revisar el auto que seguía húmedo por el roció de la mañana, aunque no sabes nada de motores, ni de armas y mucho menos sobre episodios negros de carretera. Encendiste un cigarro que tiraste luego de unas cuantas fumadas porque la garganta comenzó a molestarte. Volviste a subir y volvió el camino.
Entraste a la ciudad alrededor de las diez de la mañana. No era un lugar feo, pero te desagradó inmediatamente y deseaste que tu permanencia allí no durara mucho tiempo.
A tu llegada, apenas encontraste un lugar para desayunar, pero a pesar del hambre que sentías, no comiste gran cosa, apenas un jugo y un par huevos revueltos con tocino; mientras la radio, recientemente encendida, tocaba canciones viejas a placer desde la cocina. Escuchaste a María Luisa Landín y también a Emilio Tuero antes de salir de aquel desayunadero apestoso y te acordaste de ella, aunque en realidad nunca dejaste de pensarla; recordaste las palabras dichas la noche anterior a su partida.
-Si alguien se atreviera a separarnos te buscaría hasta el final del mundo-. Y ella te dijo que ahí te esperaría.
Por unos segundos, repasaste en tu imaginación lo qué ibas a decirle cuando la encontraras y cómo esperabas hacerlo, pero inmediatamente pensaste que primero necesitabas hallarla. No podías regresar sin ella y tampoco podías ya regresar a todo eso que era ella y que eras tú; a todas esas cosas que los conformaban y que les daban significado. Pero este era el sitio exacto, habías llegado hasta aquí y tenías que localizarla. Más que por una cursi promesa, se trataba de un pacto. Encontrarla era la única forma de lacrar una voluntad puesta en marcha.
La gente rápidamente te ubico como extraño: citadino. Incluso el dueño del merendero, que no te quitó la vista desde que entraste al local, no pudo resistir y te preguntó con su voz fuerte y golpeada:
-¿Usted es de la ciudad, no?-. Tú sólo moviste la cabeza afirmando.
-¿Mucho esmog, mucha gente, no?- insistió.
-Un poco-. Dijiste seco para cortar, de una vez por todas, la conversación obligada. Te acomodaste los Ray Ban y tu pensamiento se fue a otro lado, no volvió a hablarte.
Recorriste las calles por las avenidas como cualquier turista receloso. No había muchos caminos que andar; la gente estaba como apagada, eran fantasmas durante el día en una tierra donde parecía que el tiempo no pasaba o no existía. Sus rostros agrietados y secos se confundían con la aridez del paisaje. Sólo bastó esta discreta caminata para que todos se enteraran de que eras un extraño. Buscaste una habitación en el primer hotel que encontraste y estuviste fumando recostado hasta que la última luz del atardecer fluyo a través de las cortinas. Dormiste hasta muy entrada la noche. Más tarde, con las hélices del ventilador abriendo con dificultad el humor del pueblo que se metía a la fuerza por la ventana; y con el cuerpo bañado en sudor, recordaste en orden cronológico todos tus días con ella, tratando de recrear los momentos tan exactamente como pudiste.
Para cuando las hélices te trajeron de vuelta, las sombras, el calor y los moscos, entraban igual que las luces de bares y antros que anunciaban el momento en que la ciudad cobraba vida. Miraste por la ventana cómo camionetas y autos lujosos (o lo que ellos suponían lujoso), salían de todas partes hacia la zona “roja”, como si hubieran estado agazapados durante el día, esperando este momento. Tomaste la chamarra de cuero y la 9mm, que semanas antes le  habías robado a tu primo y saliste. Compraste una cajetilla de cigarros y encendiste uno rápidamente. Aquel sitio era completamente distinto bajo la luna, seres extraños emergían de todas procedencias. Observaste a las prostitutas sin detenerte pero con minucioso cuidado, esperando verla en alguna de esas calles corruptas y desechadas; o por lo menos, encontrar algo que te dijera a dónde se había metido y hacia dónde te dirigías tú. Te buscaré hasta el fin del mundo, fueron tus palabras  y ella dijo que allí te esperaría.
Comenzó a dolerte la cabeza y parecía que te estallaban los ojos; estabas cansado y los dolores dieron paso a un estado de alerta psicótica. Sentías en el estomago ese malestar propio de quien ha traspasado sus límites y estabas terriblemente desesperado, cuando la encontraste cogiendo al lado de un vistoso letrero de neón que anunciaba un miserable antro. En un callejón maloliente y seboso, un tipo vulgar la penetraba lascivamente, mientras ella, a ojos cerrados, hundía sus dedos en la vagina que meses antes fuera sólo tuya, con inmenso goce, pero sobre todo con extraordinaria alegría. Entonces, algo dentro de ti se rompió y dejó escapar un infinito abatimiento y, al mismo tiempo, placer en iguales proporciones. Fue en ese instante que de veras te sentiste extraviado, fuera de lugar e impresionantemente solo. Te acercaste con cautela y tomaste su mano, sólo esto la hizo volver en sí, aunque no te reconoció enseguida.
-¿Tú?-.
-Sí, yo-.
-¿Por qué viniste?-.
-Te dije que te buscaría hasta el fin del mundo, pero no me esperabas ¿verdad?-. Sonreíste nervioso.
-¡Ay! ¡Pobrecito, pobrecito!-
Un grave empujón te lanzó al suelo. De manera instintiva tomaste la 9mm, botaste el seguro mientras cortabas cartucho y todo lo demás fue sangre y trozos de piel lacerada. La presión que tenías en el pecho, te hizo sollozar.
-Hijo de tu pinche madre-. Escuchaste y un dolor agudo se esparció por todo tu cerebro. El rostro de ella se perdió en la oscuridad de la inconsciencia.
El auto donde ibas sólo corrió durante algunos minutos, sin embargo, la madrugada te había alcanzado. No sabías la hora exacta pero arrodillado como estabas a mitad del llano, te pareció que sólo con tu mirada alcanzabas a ver todas las constelaciones, que tu cuerpo se fundía con el horizonte y un extraño pensamiento vino a ti inesperadamente: “A estas horas ya estarán apagadas todas las luces en mi casa”. Miraste por última vez tu rostro en un fugaz recuerdo. Ojos cerrados, escuchaste una estruendosa y resonante explosión, un ensordecedor ruido que no ha terminado...

10 de febrero de 2012

SEPTEM


              LUNES
Me quedaré de nuevo en casa
con esta voz clausurada
con estas ideas hambrientas
sin explicación ni comunicación
como un hereje desposeído
o un canario lastimado
en un día frío y de violenta ausencia.

              MARTES
No quiero ser el mundo
quiero pertenecer a él
quiero fluir en mi estado natural
como los elementos que hacen posible
el fenómeno de la voluntad en la existencia.
Pero alguien ángel o demonio
me lo impide con un gesto benévolo
frente a mi desgracia.
Sólo una mirada me sustraería
del útero perverso.
No importa cuánto demore
nadie pondrá fin a mi espera.

              MIÉRCOLES (Recordando El caballo de Turín de Bela Tarr)
Recordé en la tierra de los malditos
la sed y el rostro hundido
en la noche sin grillos ni viento
sin la voluntad necesaria para sentir hambre.
En aquello que antes me pareciera
importante y sustancioso
se revelan ahora los opacos matices
de la belleza muerta.
Las luces no abren la penumbra virulenta
las brazas ya no arden.
Los caballos solitarios en sus oscuras
y arruinadas caballerizas
no quieren andar no importa
ya no existen los caminos.

              JUEVES
No hay improvisados en la lógica de la creación
aunque todos nos reunimos en la plaza
-el núcleo cosmogónico de las energías trascendentales-
el centro nunca jamás será descentrado
marginado removido.
Hay un juez un sacrificio y una mano
danzando sobre el filo de una espada.
La continuidad del tiempo está asegurada
nadie muere gratuitamente si los hijos del Hombre
permanecen en la memoria de los dioses.
Pero no es igual la muerte para todos
hay quienes pueden decir que están satisfechos.
Los alaridos del vulgo que se embriaga
se emociona y se proyecta sin enterarse
de que viene detrás suyo la estocada
generan el rito pero no pertenecen a él
¿Y los curiosos de la fe reflexiva
los que para el “arte vanguardista” son
herejes comunicadores
los desposeídos los improvisados
quienes saben que de la belleza nada más
quedan los acontecimientos descarnados
quienes saben que únicamente son olvidados
aquellos que comprenden la mecánica del olvido
los que ríen solos lloran solos se emborrachan solos
hacen el amor solos
y saben que después seguirá ocurriendo el silencio?
Mezclados van aprendiendo que no hay victoria
sólo intimidad efímera y anónima con las cosas
y dos o tres seres que reconocen
por su voz en la oscuridad.

              VIERNES
Aunque no haya a la mano
motivos para sentirse satisfecho
a veces un cigarro basta
un sueño dulce y tierno.
La música viene como un gato
a recostarse sobre nuestro pecho
y su placentero misticismo nos reconforta.
En el fondo de sus ojos
la voz desconocida del alma aparece
desde nuestras limitaciones
desde nuestras ínfimas necedades
y nos conduce a la pertenencia
a través del desprendimiento.
      Aquí está mi corazón
mañana vendrán todas las consecuencias
y estaré tranquilo.
Mi voz será clara.


              SÁBADO
Desperté cuando el sol ya se había marchado
estos días son fríos y en ellos
hay una sensación de espera.
No enciendas las luces todavía
deja que las sombras entren
y se envuelvan como pájaros en el árbol
después de la lluvia.
Podría decirte todas las verdades que necesitas
que intuyes a través de mi aparente
fastidio por la vida
pero déjanos un minuto a oscuras
cuando la voz se vuelve tranquila y grave
y no hay más dimensión que tu cuerpo
y NOCHE es una palabra que sabe
a tierra mojada de la infancia.

              DOMINGO (Poema de domingo en martes por la mañana)
Descansa la creación y reposa la materia
los destinos abren sus puertas
y las cantinas cierran.
Ayer diez años fueron un instante
y una intención contenida me despertaba temprano.
La mañana se debe vivir la vida entera.
Tú tenías otra forma
tu cuerpo era más pronunciado más entregado
como tu pasión o tus labios
pero el vértigo no cambia.
En años venideros no recordaré estos días
y querré hacerlo
y no podré
y serás otra igual desconocida.

Antonio Mejía "El genio de la multitud"

UN BREVE Y MORTAL SUEÑO

Novelas para el fin del mundo UN BREVE Y MORTAL SUEÑO (Antonio Mejía Ortiz, México 2019), nos conduce a un viaje a través del alma y la men...