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5 de julio de 2012

Tim Burton: El burro que tocó la (millonaria) flauta


Ayer fui a ver Sombras tenebrosas de Tim Burton, con la actuación de Johnny Depp y Eva Green. A continuación me reseña, pero antes, una pato-aventura:

Señores de la disque industria del cine del país, no se quiebren la cabeza pensando por qué no se acaba la piratería, yo se los respondo fácilmente: por la pésima calidad en los cines y los estratosféricos precios en comparación. Los cines en México se especializan en decepcionar a sus clientes, y aunque es responsabilidad de los empleados, la culpa toda, la tienen los dueños que, avariciosos, con empresas prácticamente de corte feudal y una mentalidad de usureros, generan el descontento entre sus trabajadores y estos, por ende, realizan mal su trabajo ante la imposibilidad de renunciar. Los precios son altos y todo, desde la isoptica de las salas hasta la proyección misma, es deficiente, por decir lo menos y sin groserías.

En la función de ayer en Cinemex Cuicuilco, el sonido era lamentable; casi todas las bocinas no funcionaban y la ecualización estaba tirada hacia los agudos, tanto que lastimaba los oídos. En un obtuso intento de solucionarlo subieron el volumen y esto lo hacía insoportable; terminó escuchándose como en las televisiones viejas. La imagen se saltaba y estaba más rayada que las nalgas de una abuela. Cuando voy a pedirles que ajusten el sonido, me dice la encargada del turno, que era una muchacha de menos de 25 años, que se escucha bien, le digo que no. Me responde fastidiada que así es, que no hay nada de malo, que espere y va a sonar mejor. Le digo que lo cheque de cualquier forma y, como diría mi padre, haciendo "jetas" responde que lo hará, pero es obvio que no lo hizo. Entonces pienso, me salgo, exijo un reembolso o me quedo a ver cómo termina esto, ya que pague casi 100 varos, la respuesta es evidente. Al final trato de poner una queja en el libro de quejas y no puedo porque todas las páginas están llenas de insultos y descontentos similares: precios y calidad de las proyecciones. Quiero hablar con algún encargado general y me mandan de nuevo con la muchacha de antes, que al verme hace gesto de "otra vez este güey". Trato de explicarle con mayores argumentos mi molestia y termina ofreciéndome boletos para otra función. No quiero boletos, no vengo a quejarme para eso, quiero que den un buen servicio, le digo y me responde que todo se checó y que todo estaba bien, que así vienen las películas y como no queriendo la cosa, insinúa que a lo mejor yo soy el que está mal de los oídos. Como veo que todo intento es inútil, me retiro pensando que la próxima vez, mejor compro la película pirata en un puesto de a 10 varos, unas papas de 10 varos, un chesco de tres y medio litros a 15 varos y por menos de cincuenta pesos, la veo en calzoncillos en la comodidad de mi hogar y me evito la muina.

Ahora sí, mi reseña de Sombras Tenebrosas:

0.- Lo mejor de la película, lo único rescatable y lo que casi valió el boleto fue Eva Green. Esa chica es hermosa, carismática y adorable. Es como una Anne Hathaway que sí actúa bien, que sí es bella, que sí es sexy y que sí tiene una personalidad avasalladora. 

1.- Es el ejemplo perfecto de un intento desesperado, patético, asquerosos, pobre y hasta ridículo de un viejo "emo", por regresar a las grandes ligas del cine. Es una mezcolanza indiscriminada y absurda entre lo anterior que ha hecho y la "saga" (ahora el termino se aplica a cualquier cosa) de Crepúsculo.

2.- Puedo afirmar entonces, que Tim Burton es como el "burro que tocó la flauta". El hijo emo renegado de Walt Disney que se cree profundo y con sentido, pero hace puras tonterías cursis con aspecto "gótico" (es dedcir, lo que el considera gótico). Ha tenido algunos buenos detalles, pero eso es todo y por lo mismo está sobrevalorado. Es el Woody Allen de los emos.

3.- El único que le rescatas la chamba es Johnny Depp, pero como sucede con los grandes actores, J. Depp hace varias películas que dejó de actuar, es decir, de exigirse; porque los personajes que realiza sólo requieren que se presente en el plató. Lo mismo sucede con Helena Bonham-Carter, pero a ella nada más en las películas de Burton. Ahora que, ¡Ya párenle, una aparición más con J. Depp y creo que voy a gritar! 

4.- Todo lo rescatable de las películas de Tim Burton, no es suyo. Las texturas, la paleta de colores, el diseño de arte, etc., está directamente fusilado de ilustraciones que acompañan los cuentos e historias de donde provienen los argumentos de sus películas, es decir, buen e ilustrado crew, sí tiene. Sólo una cosa sí es suya y se ve a leguas: el maquillaje de Johnny Depp; recargado, burdo, inverosímil y estúpido.

5.- Tim Burton debería replantearse su carrera y crecer. No porque te peines como "chavo locochón" eres genial. En este caso el hábito no hace al monje. De cualquier forma las romantiquerías también tienen su chiste dramático. Sombras tenebrosas es una ofensa a la inteligencia. Por ningún motivo vayan a verla, excepto claro si tienes 15 años, eres cursi, estúpida, hierves en pasión juvenil y crees que el amor es "el más bello hechizo y la más grande maldición" ¡Ya párenle!

5 de junio de 2012

54 entrega de los Premios Ariel 2012. (Casa de herrero, azadón de palo)


Me encontraba un tanto aburrido esperando que dieran las 11:30 pm., para ver uno de mis programas favoritos: Toros y Toreros, conducido por Don Luis Téllez. Pasaba de un canal a otro de la TV abierta que, dicho sea de paso, en México es una tremenda porquería (no he visto la televisión en otros países), cuando me encontré en canal 22 con la transmisión o retransmisión (no me quedó claro), de la premiación de los Arieles, sucedida el pasado sábado. Sabedor de cómo se las gastan en nuestro querido país respecto al arte y de cómo parece ser (sólo parece), que si es verdad que todos llevamos un naco adentro, porque todo lo dirigen hacia allá, incluso los eventos de mayor respeto y solemnidad; pues decidí quedarme a verlos por curiosidad, no por interés. Entonces me encuentro algunas cosas que han perseguido a la industria(?) cinematográfica mexicana desde que murieron los que sí sabían de cine, por ahí de los cincuentas:

1.- Pobreza absoluta; pero no debida a la falta de presupuesto, pues cada año se gastan millones de pesos en proyectos en cine, teatro, literatura, danza, etc., que a nadie le interesan, ni siquiera a los creadores de tales proyectos. No, esta pobreza es imaginativa, creativa, emotiva, intuitiva e intelectual. Ver los Arieles fue como asistir a la ceremonia de premiación de una secundaria de gobierno: Todos están nerviosos, asustados, desorganizados. Hay una absoluta falta de conocimiento acerca de la etiqueta. Y en general, la mayoría de los premiados parecían haber sido paridos por Fernando Sariñana: chavos buena onda, fresas, adinerados, alivianados y desfachatados que se dan baños de pueblo. La gente de cine demostrando que no sabe cómo comportarse frente a una cámara. Es ridículo.

2.- En la premiación más importante en México de cine, no saben manejar las cámaras, los tiros, los encuadres y desconocen absolutamente el significado de “montaje”. El director de cámaras sólo tenía dos encuadres en su estúpida cabecita: el abierto y el más abierto. Los cortes que mostraban partes de las películas nominadas, parecían haber sido hechas por chicos de servicio social de TV Mexiquense: sin el mayor cuidado, ni la mínima idea.

3.- Si no existe seriedad, no se puede aspirar a la credibilidad. Para empezar, hay una lista de más o menos diez películas hechas en el 2011 que ni siquiera estuvieron en las ternas. Qué emocionante puede ser, ver cuatro películas participando por todos los premios, para eso no es necesario una premiación sino una reunión de amigos en la Condesa. En segunda, anuncian el premio de "Mejores efectos especiales" que gana "Pastorela" y acto seguido, anuncian la terna a efectos especiales (Sí, de nuevo), sin hacer ninguna aclaración. Uno piensa: ya dieron ese premio. Pues resulta que no, participan los mismos cuatro, pero esta vez la gana "Salvando al soldado Pérez", como si quisieran justificar el gasto realizado en ese horrendo intento de película y queriendo, a como dé lugar, poner a Miguel Rodarte frente a los reflectores. Tercera, el presidente de la academia, Carlos Carrera no tiene la trayectoria, la importancia, la personalidad, ni los pantalones para llevar a cabo tal tarea. Desconozco administrativamente su labor, pero viendo la organización y la calidad de la entrega de premios, no parece irle muy bien. 

4.- La gente de cine se muestra en un evento donde es obvio que quien lo produjo, no sabe nada de iluminación, sonorización, ecualización y en general, nada acerca de la generación de un evento de tal magnitud o que debiera tener una importancia trascendental para el ambiente cultural mexicano. Se notaba una transmisión vieja en cuanto a los conceptos de cómo hacer televisión. Este tipo de producción aletargada, sosa, aburrida y lenta es propia de los cincuentas. No tuvieron ni la curiosidad de ver las muchas ceremonias de premiación gringas y copiarse (sí, copiarse, ya por lo menos) dos o tres conceptos, para hacer una transmisión dinámica y entretenida, además de moderna y a la altura, que se supone, debe tener un evento de tal envergadura. Alguien debiera decirles que estos eventos se hacen con varios meses de anticipación. Pero como siempre sucede en México, todo se deja para el último momento.

5.- Los Arieles nunca han tenido un valor realmente importante. Esto debido en gran medida a las instituciones fracturadas y corruptas que padecemos todos los mexicanos, excepto quienes ejercen dicha corrupción. También, debido a una lamentable comprensión de los conceptos. Se confunde lo mexicano con aquello que le pasa a los mexicanos. En el intento de ser artistas "comprometidos" con la realidad histórica o artistas de vanguardia, visión que proviene de una percepción aburguesada de la realidad, se pretenden encerrar las infinitas cualidades de lo mexicano, en un aspecto mínimo y parcial de lo que acontece en el país. No sé cuál es la intención de llevar todo hacia un pseudo-indigenismo y someterlo a lo que se mal entiende como folklor, cuando la realidad histórica contemporánea es otra por completo. Hablo de involucrar a todas las partes, no de excluir una parte. Lo único que provocan con esta visión puesta "abajo y a la izquierda", es la tendencia a hacer de todo (es decir, de lo mexicano), un panfleto.

Pretextos hay muchos, pero la realidad es que el cine y lo que está alrededor del cine, debiera ser su compromiso, su responsabilidad. Una comunidad artística cinematográfica no puede permitirse estas aberraciones, estos desaciertos de “pena ajena”, pero como versa el dicho: "casa de herrero, azadón de palo".

23 de febrero de 2010

TARKOVSKI (Filmografía de la contemplación)

Si observáramos detalladamente la vida comprenderíamos que se trata de la resignificación, reafirmación y sublimación de un horizonte que presentimos irreductible.
El deseo -como enunciado de las potencias vitales- hace referencia en ese ideal al que nos consagramos de forma consciente o inconsciente a través del sacrificio del desprendimiento o del “palacio de los excesos”; sus distintos aspectos forman parte de una misma esencia realizadora. Andréy Tarkovski (1932-1986), director de cine, actor y escritor, uno de los más importantes e influyentes autores del cine de todos los tiempos, lo comprendió muy pronto y construyó su poética cinematográfica bajo éste credo. Entendió que la forma de llegar a una realización totalizadora del Ser era la insistencia en el detalle puntual y casi obsesivo de su vocación: esculpir el tiempo.

Su filmografía muestra la purificación de sus personajes como individuos. El tema es el mismo: la voluntad humana, la esencia de lo verdadero frente a las apariencias materiales del mundo. La sublimación en que podemos intervenir directamente por medio de las pasiones o de la razón, contrapuesto a un sistema que intenta suprimir la individualidad y la identidad por una promesa de bienestar común, homogéneo y alienado. La queja constante al mundo por su aburguesamiento y panfletarismo, percepción que en gran medida proviene de su experiencia de vida en la Unión Soviética. Esto desde una contemplación racional y analítica del fenómeno de la vida pero permitiéndose arrebatar por los pulsos que la conforman: Eros, Tánatos y Psique.


La multiplicidad, la réplica, el espejo, la reiteración del aspecto metafísico de los elementos naturales e incluso los constantes tropiezos -literalmente hablando- de sus personajes (acción retomada por Kieslowski luego), la enfermedad, el fuego que purga y las cenizas, etcétera, son características del enfrentamiento con la verdad del inconsciente; puerta de entrada a uno mismo, a ese “otro que es yo”, escribía A. Rimbaud. Así, en la esfera de la conciencia onírica, del trance lúcido en la vigilia o la fractura de la conciencia crítica, desentraña la paz del silencio y de allí se desprende el entramado infinito e inagotable del éxtasis del tiempo.

La filmografía de Andréy Tarkovski, comparte una misma esencia poética que no proviene sólo de un aspecto técnico, cuya precisión milimétrica es espectacular: el acomodo puntual y dinámico de cuadro en cuadro; la técnica visceral y purificada, pero nunca estilizada ni sensiblera. La contención y la plástica de la fotografía en el punto exacto para retratar la belleza con madurez. Los planos y secuencias en constante dialéctica: el cuidado extremo de la relación entre lo que dice y el modo cinematográfico de decirlo (1). Conforme nos internamos en todos y cada uno de sus filmes presentimos la construcción dramática y filosófica de un argumento que se mueve desde la Rusia zarista hasta la zona post-apocalíptica, desde los confines del universo hasta los confines del vacío que habita una casa olvidada por los acontecimientos y las circunstancias.


Sus obras, interconectadas por medio de conceptos de su “interioridad profunda”, son diferentes aristas de un mismo fenómeno: el individuo como ente universal y el devenir de sus errores de carácter como ser humano; cuando el hombre se enfrenta a su realidad intenta, como diría el zorro de El principito: domesticarla; pero al mismo tiempo se domestica él mismo, aunque al hombre no le interesa más orden que el suyo. Sin embargo Tarkovski no inventa el universo, lo redescubre, lo mira: Mirar es detenerse en la contemplación. Contemplar es ver lo invisible (2). Su referente es la realidad que conocemos. Nos muestra que la victoria no está en conseguir lo deseado sino en el proceso que llevamos a cabo para llegar allí. Asimismo la relación del Humano con sus trances más íntimos y por ende inexplorados.


La filmografía de Tarkovski no es muy extensa (La infancia de Ivan, Andréy Rubliov, Solaris, El espejo, La zona, Nostalgia y Sacrificio) pero sí es amplia en cuanto a la exploración de lo sagrado que nos habita y que al mundo habita (3). En tanto algunos cineastas intentan mostrarnos su percepción acerca de ciertos eventos de la realidad, Tarkovski muestra el mundo del tiempo mediante una cadena sin fin de significaciones donde confluyen los elementos trágicos del Orden de la Creación; mismo que conforman una “suma teológica”, una epifanía o revelación de esa vida que es la vida otra y que existe en el tiempo y para el tiempo, a fin de ser descubierta en los días de nuestro instante (4), como bien apunta Manuel Capetillo. Así, siguiendo las mutaciones del héroe mítico de J. Campbell, su propósito es alcanzar la trascendencia llevando hasta las últimas consecuencias su revelación, arrancarla de la existencia, hebra por hebra, para luego otorgárselo al hombre, como hace cada uno de sus personajes principales, todas esas miradas distintas que son en realidad una misma declaración de principios ante el viaje hacia lo desconocido, declaración que nos cuestiona: ¿Qué clase de mundo es éste,  si un loco os dice, que deberíais estar avergonzados?(5)

Notas
1.- La sacralidad y la poética en la cinematografía de Andrei Tarkovski. Capetillo, Manuel. Laberinto, 2010. p 42
2.- ibídem p. 34
3.- ibíd. p 44
4.- ibíd. p 33
5.- Nostalgia. Tarkovski, Andréy. Italia y Unión Soviética,1983



Bibliografía
Esculpir el tiempo. Tarkovski, Andréy. UNAM, 2009

La sacralidad y la poética en la cinematografía de Andrei Tarkovski. Capetillo, Manuel. Laberinto, 2010

UN BREVE Y MORTAL SUEÑO

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