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19 de enero de 2015

DISOLUCIONES (Novela por entregas)

CAPÍTULO 7


BITÁCORA: HACIA TENNESSE
(Borrador archivo Diego Henestrosa. Investigador Privado)

Doce Horas más tarde, me despierta el llamado incesante del teléfono
celular; contesto sobresaltado luego de varios sueños inquietantes porque últimamente las imágenes se me arremolinan en múltiples y confusas visiones en mi cabeza, algunas muy personales otras de viejas amistades que se perdieron en esta miserable cotidianidad. El teléfono, las redes sociales son así, como la inminente espera de una mala noticia. El chico que me contrató me llama para decirme que tiene todos los datos del sitio de escorts y que aún más, que me ha concertado una cita con la chica que tiene más tiempo trabajando allí, me dice que no fue fácil pero que a través de unas vagas mentiras y unos cuantos movimientos bancarios desde los oscuros fondos de la red, los contribuyentes más adinerados de este país van a patrocinar nuestra investigación y que así, estos “contribuyentes” hechos de la injusticia social contribuirán al servicio de la justicia moral, me lo dice con esas palabras, me dice que si no me pone contento esta ironía literaria, me lo dice con un tono de satisfacción aspiracional que me fastidia. Me pide que me conecte por Skype o algo así y que por allí podemos charlar y compartir la información. No tengo nada de eso, le contesto cortante, de hecho casi no enciendo la computadora, pero mándamelo a mi correo, él se carcajea horriblemente y por un momento pienso que se está ahogando, luego me dice que eso es del siglo pasado. Espero tu correo, le contesto y cuelgo. Pienso que toda su tecnología es también del siglo pasado, que todos los adelantos tecnológicos no son sino adornos de algo que ya era desde el siglo pasado.

Me desperezo sobre el sillón y me pregunto cuándo fui a sentarme al sillón allí; para entonces los zapatos me están matando y Harry me ha calentado el vientre como a un radiador sin agua. Tengo una colilla todavía pegada entre mis dedos y la botella de Vat al lado de mis piernas. El cenicero se ha caído esparciendo ceniza, colillas y vidrio por toda la sala. El gato se despierta, se estira sobre mí encajándome sus uñas y de un salto se libra del caos; come un poco, bebe agua haciendo gestos como indicándome que debo cambiarla y voltea a mirarme fijamente, inmóvil. No te preocupes ya limpio todo este desmadre, le digo y eso basta para que de otro salto llegue a la ventana y se largue. Los gatos tienen esa cualidad de hacerte sentir que estás cotidianamente en deuda con ellos.

Me pongo a limpiar, me baño, como me alimento un poco algo mientras reviso la información. Parece un sitio bastante legal para todo lo ilegal que allí ocurre seguramente, como todo en este país sin buen gusto, se trata de un lugar muy profesional pero falto de clase y glamour, es una especie de men´s club para la alta burocracia. La cita se realizará en un hotel conocido a las 20:00 horas. Mi nombre será Alfonso Paredes, que es el que comúnmente uso en casos como este; el de ella Ofelia Castillo aunque en privado debo llamarla Gatsby y esto ya me inspira un poco de confianza en que no se tratará sólo de una tonta con bonito cuerpo.

Tomo el último trago de la botella, enciendo un cigarrillo y salgo hacia el hotel, todavía es temprano pero soy maniático de la puntualidad y además quiero ver a Gatsby cuando entre el lobby, necesito leerla antes de enfrentarme con ella, saber de qué forma se sobrepone a la presión de esta hipócrita sociedad que nos ha contaminado a todos con sus cuentos rosas y su sexo en rasurado. A esas horas, los establecimientos decentes comienzan a cerrar y los indecentes apenas se preparan para recibir toda nuestra necesidad de reafirmarnos en oscuras calles y exóticos tragos sin embargo algo llama mi atención sobre la avenida, en medio de casas abandonadas y entre un ensuciadero de grafittis superpuestos unos sobre otros, apenas alejada de la zona comercial, se encuentra una librería con un logo idéntico al del sitio de escorts y en este momento de mi vida se me hacen insoportables las casualidades. Me detengo unos metros adelante, enciendo el último Lucky de la cajetilla y camino lentamente observándolo todo con detenimiento. Frente a la entrada doy una fumada más, en ese momento sale el dueño y me dice que está a punto de cerrar pero que si quiero un libro en especial, quizá pueda vendérmelo. El librero parece más del tipo intelectual a la antigua, con peinado de raya al lado perfectamente relamido, grandes lentes de gota y escaso bigote bien cuidado. No, no se preocupe, quería echar un vistazo porque me pareció bastante pintoresco su lugar, le comento. Claro que es pintoresco, me responde, tenemos abierto desde antes que el D. F., fuera un estado, desde que era una regencia, imagínese, me responde con un orgullo que nadie tendría únicamente por un montón de libros. Tiene alguna tarjeta o algo porque estoy de pasada y quizá olvide la dirección, le pregunto y el tipo se me queda viendo con suspicacia, como tratando de encontrar un detalle en mi rostro o mi persona que pueda recordar por si las cosas se complican, ¿ya le habían hablado de mi librería? Me pregunta en un tono cordial pero que por un


momento me manda de nuevo a la primaria y contento contengo mi necesidad de contestarle de inmediato que no, que yo sólo pase por allí porque iba a hacer unas compras y una serie de tonterías que sólo me descubrirían; en cambio, le sostengo la mirada, miro de nuevo el nombre y el logo del establecimiento y le contesto digo que no, pero que no sería raro si es que tienen tanta tradición como acaba de decirme; el tipo me mira unos segundo más como tratando de encontrar un gesto que delate mi mentira; ¿y qué libro andaba buscando?, me pregunta para insistir, ah, pues uno de Rimbaud, donde venga Sueño para el invierno, le digo y comienzo a leerlo también y él de inmediato se acomoda las gafas. Pues creo que tengo unas tarjetas dentro, por qué no pasa y ahorita buscamos su libro, me dice con cierto aire de que voy a encontrar algo más, eso que “ando buscando”, pero en desde hace unos meses que no sé lo que ando buscando y prefiero no arriesgarme; no, no se moleste, prefiero regresar luego y con calma revisar yo mismo, ya sabe que eso de meterse en una librería requiere su tiempo, nunca sabe uno con qué va a encontrarse, le comento. Eso, sí, eso sí, me responde y se mete por la tarjeta. Me la entrega, le agradezco y camino de vuelta hacia mi auto. Por el retrovisor de una auto camioneta veo que hace señas a alguien dentro y ese alguien, un gordo enano sale de inmediato detrás de mí, supongo que con la orden de vigilarme, de otra manera no habría avanzado tanto. Sigo de largo cuando llego al auto y me meto en el primer Oxxo que encuentro a comprar unos Lucky Strike. Mientras pago veo al gordo de ida; me quedo viendo las revistas y lo veo de regreso. Me fumo un cigarro en el estacionamiento y luego voy por mi auto dando un rodeo por las calles. Aun cuando estuvieran esperándome, en medio de esa oscuridad no podrían identificarme ¡¡Mierda, se me ha hecho tarde!!

Llego corriendo al hotel y me siento a esperar, sudoroso, fatigado y con la respiración a tope, como si hubiera corrido una maratón de 5 kilómetros, me digo que debo bajarle al cigarro, pero eso me digo desde los treinta años. Me limpio el sudor y me acomodo la ropa. Por un momento me parece que ha pasado sin que yo pudiera reconocerla, pero entonces la veo y entiendo que mi mente pertenece a otra época, que mis estereotipos son en realidad decadentes. Aparece en la entrada un mujer cerca de los cuarenta pero que en realidad no los aparenta, con una vestimenta hípster que de inmediato me envejece diez años y es que a excepción de ciertos lugares muy específicos ya es casi imposible distinguir a una prostituta de una chica cualquiera. La veo entrar y caminar hasta la recepción donde la atienden con una galantería ya anacrónica. Ya han pasado los mejores días de este hotel pero sus empleados siguen conservando los modales de un siglo pasado que se diluyó en la disolución precipitación de las individualidades. Gatsby entra arrancando las miradas de propios y extraños y por el breve momento en que se encuentra en el lobby, logra sacarnos a todos de la mediocridad de nuestras emociones y pensamientos; su cabello café cae sobre su frente y hace un medio remolino para terminar en puntas decoloradas sobre sus hombros, su maquillaje es tan discreto pero colocado en los puntos exactos para que por un momento me sienta avergonzado de mis labios partidos por el frío y la deshidratación. Viene enfundada en una gabardina impecablemente blanca estampada con golondrinas en varias posiciones y luego sus largas piernas desnudas que rematan en unos botines rojos de piel. Apenas abre la boca le dan la llave de la habitación. Se encamina hacia el elevador y desaparece blanca y cándida por sobre el velo de la incredulidad de quienes compartimos un mar de falsos conceptos e ideas tergiversadas acerca de la vida. Ella flota hacia el elevador y desaparece detrás de sus puertas metálicas y yo no puedo más que recostarme sobre la pequeña sensación de muerte de suspira sobre mi costado. Me digo que debo ser profesional, pero quién puede serlo en esta ciudad del demonio cuando ha visto la belleza de frente.

Voy a la recepción y digo que me están esperando, menciono el nombre de Ofelia Castillo, por favor su identificación señor Paredes y su ticket, me dice el chico, le muestro la identificación falsa y le pregunto para qué carajos necesitan un nombre sobrenombre entonces, es cuestión de discreción señor Paredes, sólo cuestión de discreción, aunque si usted prefiere… no, déjelo así, le contesto. Habitación 111, tiene dos horas. Subo al elevador, muy de cuerdo a la situación, se escucha Everybody knows del grandioso Leonard Cohen. Pienso que sería un error hacerse aquí el rudo, pero que tampoco debo parecer primerizo aunque de seguro se me ve la cara. no importan cuantas experiencias tengas, la primera vez para algo nada más no puedes deshacerte de esa cara de idiota que se aferra al rostro.

Ya en el pasillo comienzo a ponerme nervioso, como un puberto en la primer cita donde sabe que inevitablemente tendrá que besar a la chica; y cuando estoy a punto de tocar, me detengo porque las piernas me tiemblan, no puedo creer que un arma cargada frente a mi rostro me cause menos impresión que una mujer que usa guantes blancos. Saco la anforita y le doy un trago largo. Llamo sutilmente a la puerta y ella pregunta quién es, le digo que Alfonso Paredes, ella abre y se va a sentar en los pequeños sillones, sirve dos tragos de tequila y me da uno. La saludo y ella me pregunta qué quiero hacer, me quedo pasmado por un momento… si tienes pensadas cosas raras de una vez te digo que llevo acá algún tiempo como para aguantármela… no, en realidad tenía algunas preguntas…. No doy entrevistas, así que si quieres hacer un reportaje te me vas al carajo, pero antes te me encueras no quiero salir en las noticias… me dice Gatsby con una pose de novela gráfica que me saca una sonrisa… de qué carajos te ríes imbécil… de que para ser una puta, tienes una actitud del carajo… no soy una puta cualquier, tú sabes cuánto pagaste para que yo estuviera aquí… en realidad pagaron los contribuyentes…. Qué…. Es un chiste local y en realidad muy idiota… entonces?.... me termino el trago y arrojo el vaso, mira linda, no soy burócrata ni nada por el estilo, no tengo un trabajo convencional ni nada de esas idioteces que crees saber sobre mí, soy un investigador privado, necesito hacerte unas preguntas y no me voy hasta que me contestes, puedo salir de este hotel en un dos por tres y no trabajo sólo, si pudimos traerte aquí podemos encontrarte hasta el fin del mundo, ¿entiendes?... ¿Investigador privado, como en las películas?, ¿estilo Raymond Chandler? Vaya, una piensa que esas cosas sólo pasan en las películas o en las novelas negras, qué quieres saber, me dice Gatsby realmente emocionada y yo sólo pienso en que las prostitutas se han ido superando mientras nosotros seguimos creyendo que podemos rescatarlas salvarlas. Le sonrío a su sonrisa de niña que recién abre su regalo navideño y voy por mi vaso. Sírveme una más y te cuento. Ella lo hace. Dentro de mí, no tengo más pensamientos: Gatsby, espero no ser tan viejo.

30 de octubre de 2012

EL PORDIOSERO

Tengo un amigo
mi mejor amigo
que siempre
desde que lo conozco
llega tarde a las citas
y mientras espero
porque él es él
y yo soy yo
veo un viejo y lamentable pordiosero
que de cuando en cuando
arrastrando los pies
como si hubiera vivido cien vidas
camina unos metros
da media vuelta y vuelve.
Se sienta un rato y luego
cuando el semáforo está en verde
cruza la Av. Insurgentes.
Hace lo mismo del otro lado y regresa.
El tiempo malo y la miseria le han borrado
la identidad sexual del cuerpo.
Su piel está curtida pero no es bella
ni tiene función alguna
como sucede con los animales.
Carga varias bolsas llenas de porquerías
inservibles y también un galón vacío
de jugo de naranja.
Mi primera reacción y tal vez la única
es de asco
pero me pregunto
si no todos
de alguna manera
estamos en lo mismo.

Antonio Mejía O.

1 de mayo de 2012

Los Súper Pérez vs El albergue



“Hay que comprar como rico para vivir como pobre” reza un dicho popular, referido a que es mejor invertir en calidad que en cantidad, cuando los recursos son precarios. Viene al caso cuando dos programas quedan confrontados y evidenciados en sus objetivos. Por una parte, Los Súper Pérez, serie de MVS, transmitida por Canal 52mx (*), producida y dirigida por Eduardo Marrón y Ricardo Vargas, respectivamente, que lleva las buenas intenciones al siguiente nivel, ya que además de contar con una propuesta interesante, contemporánea y con elementos propios de lo mexicano (sin, por esto, caer en el cliché siempre fácil de lo “naco”), se nota el compromiso de crear un producto de calidad. En general la producción es muy buena, dadas las condiciones de la televisión actual en México (abierta y de paga). La edición es dinámica, no sólo acompaña a la trama, forma parte de ella, es decir, contextualiza las acciones y emociones, como debe suceder particularmente en series de este tipo. Lo que hace evidente un estudio a conciencia de la técnica norteamericana, que es, querámoslo o no, el parámetro. La dirección es buena, pues hace brotar el carácter de cada personaje a partir de las características y limitaciones del actor. Lo anterior se agradece a pesar del trabajo inconcluso de autodefinición, propio de las condiciones del medio y con esto quiero decir: La forma en que se adapta o sincretiza lo que hay de general en la elaboración de un producto de calidad, en este caso, la producción de una serie de televisión, en correlación con aquello particular que nos hace identificarnos con los personajes, porque es propio de nuestro contexto histórico, social, geográfico, etc.  Y esto, porque no es fácil arrancarse la inercia “telenovelera” a la que nos han sometido por años. Lo anterior hace que los pequeños problemas en el guión, que por momentos entorpecen el buen ritmo, problemas propios de los estrenos y sobre todo de la realidad creativa mexicana, sean dispensados, pues se presiente que al paso de los capítulos serán arreglados, al menos eso esperamos. De cualquier modo, felicitaciones a la producción de Los Súper Pérez y ojalá sigan yendo más allá de las buenas intenciones.
Sin embargo no todo es bello sobre el horizonte, pues así como es admirable el propósito de cuidar la producción de Los Súper Pérez, es inaceptable la cantidad de errores y la calidad miserable de El albergue, serie de Cadena tres, transmitida por canal 28 de tv abierta; creada y dirigida por Gustavo Loza; quien, con muy poca vergüenza, se atreve a subrayar “Del creador de los Héroes del Norte”, como si el fracaso, el cinismo y la ineptitud, debieran presumirse. Loza presenta una serie plagada de clichés mal utilizados, de personajes acartonados y torpemente estereotipados, que lejos de hacer crítica humorística, son parte de la visión burguesa y discriminatoria del creador. Con situaciones mal plateadas que no acaban ni cierran, con chistes vulgares y sosos, una escenografía y edición terrible, una musicalización deficiente, por decir lo menos y una dirección mezquina, El Albergue tiene la torpeza propia de las creaciones de Loza y es, además de un producto que nació muerto, una muestras más de que en este país impera la incompetencia y el amiguismo. Es de notarse que actores de importante trayectoria y demostrada calidad como Héctor Suarez y María Rojo, no sólo son desperdiciados sino puestos en entredicho, en tanto otros, que ni en su casa los conocen (me refiero a todos los “actores” jóvenes), se muestran sobrados y sin ningún respeto hacia la profesión o el público, fenómeno que antes era propio de Tv Azteca y Televisa, y que ahora se ha extendido a Canal 28 con las producciones de ARGOS  y Once TV con la llegada de Sariñana. En la televisión mexicana mientras algunos, como Mara Escalante, luchan contra viento y marea para sacar adelante sus proyectos, al señor Loza lo colman de facilidades, fracaso tras fracaso. Esto rebasa la mediocridad y raya en la impunidad.

*Por algún motivo desconocido aparece una línea blanca que impide ver el nombre del productor y del director, pero la información completa está en: www.mvstelevision.com/superperez/

9 de abril de 2012

DOS POEMAS PARA ABRIL

POEMA 147

En algún lugar te encuentras, con tus virtudes flacas.
Un séquito lo bastante bizarro como para complacerte,
descubre en los restos de tu apariencia,
la altura necesaria para evadirse de las formas esenciales.
Éramos azules y violetas, igual que la tierra
¿Cómo volver a la oculta alegría de los tiempos inocentes
y leer poesía sin que martilleen las palabras?
¿Y estar en la imagen desde el odio?
En la superficie del rencor hallarás, encarnada,
la costumbre del nacimiento
y la sensación constante de la muerte,
a tu lado como un silencio vacío, un silencio absoluto.

POEMA 196

Todos los sueños que he tenido,
cada sueño que se repite desde los diez años,
las palabras desperdiciadas en conversaciones sin nombre,
palabras vacías en espacios sin volumen.
Las veces que traté de "bello" a lo que no era bello.
Las veces que entregué mi vida sabiendo que
pasado algún tiempo, la pediría de regreso.
Las veces que intenté, que nunca logré.
Las veces que sentí cómo se agitaba mi sangre en el vientre.
Las mujeres que amé y no olvido,
aunque pueda fingir perfectamente que lo he hecho.
Los silencios hondos en la espera.
Los pensamientos: moscas alrededor de la cabeza y entre el cabello.
El presentimiento de las circunstancias
a pesar de las convicciones perdidas.
La certidumbre de lo inalcanzable.
Toda la desesperación y la blasfemia, el temor;
la pasión y el semen revolcándose en el lecho
de una eyaculación perversa.
Lo insatisfecho que puede estar un hombre sin darse cuenta.
La mala semilla que despliega sus alas como ave carroñera
para alimentarse de mi cadáver que es cobardía.
Los instantes de vértigo;
la escala humana de un ser roto y desintegrado.
La vida a pesar de todo: imperturbable, fatal, indiferente.

Antonio Mejía

13 de marzo de 2012

HASTA EL FIN DEL MUNDO


La autopista fue sólo tuya, el auto en complicidad decidió no detenerse. Durante gran parte del camino el auto parecía moverse solo, tú casi no manejaste. La velocidad con que avanzabas te hacía pensar que ésta no era una fatal aventura hacia el encuentro con tu destino, sino la confirmación de un vertiginoso desprendimiento. Al lado de la carretera el paisaje árido y llano agonizaba conforme el sol, que recién se levantaba, te daba alcance. No había nada que ver y durante horas no escuchaste más que el silencio del vacío. Nada qué ver además de una carretera interminable. Sólo te detuviste un par de pueblos atrás, te dolía la espalda, llevabas demasiado tiempo sentado. Aprovechaste para revisar el auto que seguía húmedo por el roció de la mañana, aunque no sabes nada de motores, ni de armas y mucho menos sobre episodios negros de carretera. Encendiste un cigarro que tiraste luego de unas cuantas fumadas porque la garganta comenzó a molestarte. Volviste a subir y volvió el camino.
Entraste a la ciudad alrededor de las diez de la mañana. No era un lugar feo, pero te desagradó inmediatamente y deseaste que tu permanencia allí no durara mucho tiempo.
A tu llegada, apenas encontraste un lugar para desayunar, pero a pesar del hambre que sentías, no comiste gran cosa, apenas un jugo y un par huevos revueltos con tocino; mientras la radio, recientemente encendida, tocaba canciones viejas a placer desde la cocina. Escuchaste a María Luisa Landín y también a Emilio Tuero antes de salir de aquel desayunadero apestoso y te acordaste de ella, aunque en realidad nunca dejaste de pensarla; recordaste las palabras dichas la noche anterior a su partida.
-Si alguien se atreviera a separarnos te buscaría hasta el final del mundo-. Y ella te dijo que ahí te esperaría.
Por unos segundos, repasaste en tu imaginación lo qué ibas a decirle cuando la encontraras y cómo esperabas hacerlo, pero inmediatamente pensaste que primero necesitabas hallarla. No podías regresar sin ella y tampoco podías ya regresar a todo eso que era ella y que eras tú; a todas esas cosas que los conformaban y que les daban significado. Pero este era el sitio exacto, habías llegado hasta aquí y tenías que localizarla. Más que por una cursi promesa, se trataba de un pacto. Encontrarla era la única forma de lacrar una voluntad puesta en marcha.
La gente rápidamente te ubico como extraño: citadino. Incluso el dueño del merendero, que no te quitó la vista desde que entraste al local, no pudo resistir y te preguntó con su voz fuerte y golpeada:
-¿Usted es de la ciudad, no?-. Tú sólo moviste la cabeza afirmando.
-¿Mucho esmog, mucha gente, no?- insistió.
-Un poco-. Dijiste seco para cortar, de una vez por todas, la conversación obligada. Te acomodaste los Ray Ban y tu pensamiento se fue a otro lado, no volvió a hablarte.
Recorriste las calles por las avenidas como cualquier turista receloso. No había muchos caminos que andar; la gente estaba como apagada, eran fantasmas durante el día en una tierra donde parecía que el tiempo no pasaba o no existía. Sus rostros agrietados y secos se confundían con la aridez del paisaje. Sólo bastó esta discreta caminata para que todos se enteraran de que eras un extraño. Buscaste una habitación en el primer hotel que encontraste y estuviste fumando recostado hasta que la última luz del atardecer fluyo a través de las cortinas. Dormiste hasta muy entrada la noche. Más tarde, con las hélices del ventilador abriendo con dificultad el humor del pueblo que se metía a la fuerza por la ventana; y con el cuerpo bañado en sudor, recordaste en orden cronológico todos tus días con ella, tratando de recrear los momentos tan exactamente como pudiste.
Para cuando las hélices te trajeron de vuelta, las sombras, el calor y los moscos, entraban igual que las luces de bares y antros que anunciaban el momento en que la ciudad cobraba vida. Miraste por la ventana cómo camionetas y autos lujosos (o lo que ellos suponían lujoso), salían de todas partes hacia la zona “roja”, como si hubieran estado agazapados durante el día, esperando este momento. Tomaste la chamarra de cuero y la 9mm, que semanas antes le  habías robado a tu primo y saliste. Compraste una cajetilla de cigarros y encendiste uno rápidamente. Aquel sitio era completamente distinto bajo la luna, seres extraños emergían de todas procedencias. Observaste a las prostitutas sin detenerte pero con minucioso cuidado, esperando verla en alguna de esas calles corruptas y desechadas; o por lo menos, encontrar algo que te dijera a dónde se había metido y hacia dónde te dirigías tú. Te buscaré hasta el fin del mundo, fueron tus palabras  y ella dijo que allí te esperaría.
Comenzó a dolerte la cabeza y parecía que te estallaban los ojos; estabas cansado y los dolores dieron paso a un estado de alerta psicótica. Sentías en el estomago ese malestar propio de quien ha traspasado sus límites y estabas terriblemente desesperado, cuando la encontraste cogiendo al lado de un vistoso letrero de neón que anunciaba un miserable antro. En un callejón maloliente y seboso, un tipo vulgar la penetraba lascivamente, mientras ella, a ojos cerrados, hundía sus dedos en la vagina que meses antes fuera sólo tuya, con inmenso goce, pero sobre todo con extraordinaria alegría. Entonces, algo dentro de ti se rompió y dejó escapar un infinito abatimiento y, al mismo tiempo, placer en iguales proporciones. Fue en ese instante que de veras te sentiste extraviado, fuera de lugar e impresionantemente solo. Te acercaste con cautela y tomaste su mano, sólo esto la hizo volver en sí, aunque no te reconoció enseguida.
-¿Tú?-.
-Sí, yo-.
-¿Por qué viniste?-.
-Te dije que te buscaría hasta el fin del mundo, pero no me esperabas ¿verdad?-. Sonreíste nervioso.
-¡Ay! ¡Pobrecito, pobrecito!-
Un grave empujón te lanzó al suelo. De manera instintiva tomaste la 9mm, botaste el seguro mientras cortabas cartucho y todo lo demás fue sangre y trozos de piel lacerada. La presión que tenías en el pecho, te hizo sollozar.
-Hijo de tu pinche madre-. Escuchaste y un dolor agudo se esparció por todo tu cerebro. El rostro de ella se perdió en la oscuridad de la inconsciencia.
El auto donde ibas sólo corrió durante algunos minutos, sin embargo, la madrugada te había alcanzado. No sabías la hora exacta pero arrodillado como estabas a mitad del llano, te pareció que sólo con tu mirada alcanzabas a ver todas las constelaciones, que tu cuerpo se fundía con el horizonte y un extraño pensamiento vino a ti inesperadamente: “A estas horas ya estarán apagadas todas las luces en mi casa”. Miraste por última vez tu rostro en un fugaz recuerdo. Ojos cerrados, escuchaste una estruendosa y resonante explosión, un ensordecedor ruido que no ha terminado...

10 de febrero de 2012

SEPTEM


              LUNES
Me quedaré de nuevo en casa
con esta voz clausurada
con estas ideas hambrientas
sin explicación ni comunicación
como un hereje desposeído
o un canario lastimado
en un día frío y de violenta ausencia.

              MARTES
No quiero ser el mundo
quiero pertenecer a él
quiero fluir en mi estado natural
como los elementos que hacen posible
el fenómeno de la voluntad en la existencia.
Pero alguien ángel o demonio
me lo impide con un gesto benévolo
frente a mi desgracia.
Sólo una mirada me sustraería
del útero perverso.
No importa cuánto demore
nadie pondrá fin a mi espera.

              MIÉRCOLES (Recordando El caballo de Turín de Bela Tarr)
Recordé en la tierra de los malditos
la sed y el rostro hundido
en la noche sin grillos ni viento
sin la voluntad necesaria para sentir hambre.
En aquello que antes me pareciera
importante y sustancioso
se revelan ahora los opacos matices
de la belleza muerta.
Las luces no abren la penumbra virulenta
las brazas ya no arden.
Los caballos solitarios en sus oscuras
y arruinadas caballerizas
no quieren andar no importa
ya no existen los caminos.

              JUEVES
No hay improvisados en la lógica de la creación
aunque todos nos reunimos en la plaza
-el núcleo cosmogónico de las energías trascendentales-
el centro nunca jamás será descentrado
marginado removido.
Hay un juez un sacrificio y una mano
danzando sobre el filo de una espada.
La continuidad del tiempo está asegurada
nadie muere gratuitamente si los hijos del Hombre
permanecen en la memoria de los dioses.
Pero no es igual la muerte para todos
hay quienes pueden decir que están satisfechos.
Los alaridos del vulgo que se embriaga
se emociona y se proyecta sin enterarse
de que viene detrás suyo la estocada
generan el rito pero no pertenecen a él
¿Y los curiosos de la fe reflexiva
los que para el “arte vanguardista” son
herejes comunicadores
los desposeídos los improvisados
quienes saben que de la belleza nada más
quedan los acontecimientos descarnados
quienes saben que únicamente son olvidados
aquellos que comprenden la mecánica del olvido
los que ríen solos lloran solos se emborrachan solos
hacen el amor solos
y saben que después seguirá ocurriendo el silencio?
Mezclados van aprendiendo que no hay victoria
sólo intimidad efímera y anónima con las cosas
y dos o tres seres que reconocen
por su voz en la oscuridad.

              VIERNES
Aunque no haya a la mano
motivos para sentirse satisfecho
a veces un cigarro basta
un sueño dulce y tierno.
La música viene como un gato
a recostarse sobre nuestro pecho
y su placentero misticismo nos reconforta.
En el fondo de sus ojos
la voz desconocida del alma aparece
desde nuestras limitaciones
desde nuestras ínfimas necedades
y nos conduce a la pertenencia
a través del desprendimiento.
      Aquí está mi corazón
mañana vendrán todas las consecuencias
y estaré tranquilo.
Mi voz será clara.


              SÁBADO
Desperté cuando el sol ya se había marchado
estos días son fríos y en ellos
hay una sensación de espera.
No enciendas las luces todavía
deja que las sombras entren
y se envuelvan como pájaros en el árbol
después de la lluvia.
Podría decirte todas las verdades que necesitas
que intuyes a través de mi aparente
fastidio por la vida
pero déjanos un minuto a oscuras
cuando la voz se vuelve tranquila y grave
y no hay más dimensión que tu cuerpo
y NOCHE es una palabra que sabe
a tierra mojada de la infancia.

              DOMINGO (Poema de domingo en martes por la mañana)
Descansa la creación y reposa la materia
los destinos abren sus puertas
y las cantinas cierran.
Ayer diez años fueron un instante
y una intención contenida me despertaba temprano.
La mañana se debe vivir la vida entera.
Tú tenías otra forma
tu cuerpo era más pronunciado más entregado
como tu pasión o tus labios
pero el vértigo no cambia.
En años venideros no recordaré estos días
y querré hacerlo
y no podré
y serás otra igual desconocida.

Antonio Mejía "El genio de la multitud"

2 de noviembre de 2011

Poema 16


Me sublevo ante la forma, al margen del tiempo;
mi atemporal figura es blanca y soberbia.
La vocal de mis ojos es verde lo mismo que mi belleza:
espigada tinta impregnada en la sombra,
que dibujó mi retina con un dulce sabor corrosivo.
En la ciudad de mi piel, tus labios son un vórtice
donde las presas van en desbandada por mi
lengua vagabunda.
Me acerco al abismo con sádica terquedad
y voy a la caída con tierno rencor burgués.

4 de agosto de 2011

Poema de cumpleaños

Desprecio cualquier lazo que me una
a la infamia de las antiguas generaciones
que conforman mi familia.
Sin humo sobre el espejo, me doy cuenta
de que mis ojos se perdieron
en vagas imágenes de pusilánimes glorias,
repentinas y robadas.
Sé lo que digo y no puedo alejarme
lo suficiente de esa marca originaria.
Podríamos intentar reconstruirlo encendiendo un beso,
pero aún quedarías intranquila en una tarde necesitada.
No eres demasiado tiempo
ni demasiada esperanza.
Tu cuerpo cabe en mi cuerpo
y esto ya es mejor que mi destino.
Soy como un león amaestrado,
tengo el rencor del siervo y el orgullo del amo;
pero tus ojos expanden mi horizonte
como un violento látigo de aire y agua,
que golpea la roca de la nostalgia infértil.
Vendrás de nuevo a mi cama,
a la mirada de niño que tengo,
y ya no habrán cuerpos en las paredes,
ni alas en las almohadas.
Las palabras, igual que los besos,
se quedarán en las grietas,
como la humedad y ese olor a viejo;
y esto será un designio más que una súplica.

13 de julio de 2011

Sentidos

I
Moebius enamorado


Te dije. Con otra manera de llamarte. Un nombre que es distinto a los nombres habituales. Una forma que es todas las formas. Déjame escribirte. Aprender a deletrearte. Escúchame decirlo. Alguna vez lo hice y un suspiro no basta.
Te digo. Y de nuevo comienzo, cada vez que lo he dicho. Eres siempre distinta. Un signo verde atrapado a veces en otros colores. Te digo, con toda la extrañeza de tu orgullo indiferente. Vuelvo a decirte y vienen días, fechas, estaciones, donde recuerdo haberte visto. Eres cinta de Moebius que me hace cuerpo de tu nombre en eterno movimiento.
Te diré. No terminará mi voz de nombrarte. No terminará mi respiración de tenerte. Serás en mi aliento, inmarcesible susurro que no sale de mi boca, para que de alguna forma te quedes en mis labios.


II

Soledad escucha


Puedo reconocer la distancia cuando cierro los ojos,
acústicas y resonancias preñan mis oídos de curiosidades;
rústicas melodías son delineadas por tu suave nota,
atravesadas por la esencia del sonido que rehace tu cuerpo.

Me pierdo y en mis orejas anidan palomas mensajeras,
armonías sensuales, que vienen de tus tierras donde los cuerpos son,
retumbos de nostalgia, coros que te mencionan en sus cantos;
te escucho y regresa el eco de esta voz, para desaparecer en mi ciudad,
hecha de tímpano y vibraciones, de martillo y claves y también
alabanzas de mi soledad, que de sonar ahogadas, se desangran.


III

Mirada darwinian
a

No es que mire, porque no lo hago. Sólo atrapo imágenes para que se las coma el cerebro, como se atrapan las mariposas con las redes o los insectos que se coleccionan. Como se atrapan las moscas, quemándolas en el instante. Cada cual tiene trayectorias definidas y un código asignado, para no perderse en la naturaleza abstracta y dura del pensamiento, cada vez que se agitan cuando un entramado o un impulso les alude.

Pero una vez asimilado es imposible no durar. Cada ventisca de restos imaginativos o cada oleada de vacío, les degrada. Observo, definitivamente observo cada detalle, cada diminuta fractura en la línea. Cómo los colores cambian su forma, pierden su nombre y se mezclan con nuevos elementos para crear especies que no me atrevo a reconocer y mucho menos a dejar en libertad.


IV

Tacto adentro


Tacto adentro palpitan mis dedos, signos en movimiento con los que trato de saber, reconocer y refigurarte. Cada parte tuya serás tú, igual que la suma de todas quienes eres y has sido. No existe nada más que esta metáfora del instante, es decir:

Mis yemas, que son mis dedos. Mis dedos que son mi piel. Mi piel reblandecida que te hace como yo te quiero. Justo a la medida de mi contacto, mujer que yo deseo, de quien estoy enamorado. Extensa como el universo, pequeña como tu cuerpo; expandida y contraída como la piel del tiempo.

Tienes todas las edades que mi tacto lee cuando se escurre por tu cuerpo encrespado. Apenas delineo con el último dedo la curva de tu cintura, alargada casi como tu espalda. Puedo reconocer las tiernas y blandas arrugas de tu edad más secreta que aprendió a querer y también, tu sórdido corazón más profundo que el secreto de quien te enseñó cómo abandonarte al amor.


V

Llena de ti


El baño de tu casa que se contagia con el agua tibia de su regadera y hace resbalar días neutros enjabonados. Las sombras de tus ojos, el color de tus pestañas donde se percibe tu humor acuoso, manchado de sangre ordinaria, como el perfume que te esconde. Tu nariz de cuarzo. Tus brazos lacios como las mentiras que nos precedían. Tus brazos hartos de minúsculos pantano cremosos, poros y crema donde no terminé de perderme.

Tu cuello escuálido como las caricias, y el vapor salado y penetrante de tu sudor. Tus senos de leche bronca y buenos tiempos, de pasado que esconde una verdad sin fragancia, a causa de un engaño que huele a saciedad y mejores días, los mejores días, en un mundo raro que no encontró sabor, ni sonido, ni gusto o tacto en su aroma.

Tu cintura de calor y cansancio, tus caderas largas como el olor de un vaso lleno de tinto donde se ha caído un cigarro. Tus piernas abiertas, tus muslos sin venas, tus pies que le pertenecían a mi espalda; y tu sangre aceitosa en la transpiración de las tardes, cuando nos permitíamos olernos como hacen los animales, para no olvidarse nunca.

Todo eres tú. Tú que eres olor y que eres idéntica a ti misma. Tú misma que soy yo. Yo que sólo soy percepción multisensorial, percepción que no puede ser sino memoria de nuestro deseo, costumbre de las circunstancias y aroma que no envejece. El aroma que no se pierde, materia prima del recuerdo.

14 de junio de 2011

Tu forma

Para B.P.

Tampoco se te quita esa forma de los dientes
aunque pienses que has cambiado;
la mirada que atraviesa las intenciones
ni la piel blanda y dulce de tus senos
y tus labios como tus pezones, pequeños y definitivos:
formas en que el amor renace con la contemplación.
Evoco las ganas y el placer de sentirte viva aunque errada;
imaginaste la existencia como un descubrimiento
del desprecio mutuo y la decencia pusilánime.
Te resistías al origen del carácter como
una perra embustera y por eso te he querido siempre.
Sabías qué juego te acomodaba para ganar,
sabías tus sensaciones y cuándo ibas a dejarme y
cómo no podía realmente hacer nada.
Ahora mismo te necesito y así lo digo
con las palabras más pedestres del imaginario,
pero me sirven, me funcionan, como alguna vez
el ladrido de los perros acompañando nuestros ajetreos
y como fue el vino y las sombras,
las palabras ausentes en la borrachera,
el "de veras te quiero" cuando nos amábamos;
por eso tenías que hacerte lejana, a través de mí
y no desde mí, no conmigo.
Sin embargo nunca perdiste los besos delgados,
ni esa caída en tu nariz ni tus pechos tan grandes
como la necesidad en el mundo,
tus senos de madrugada soñolienta,
tus senos de calor en la sustancia,
tus senos de soledad amordazada,
tus senos de estambre y terciopelo,
de playa desnuda y mojada,
tus senos de tarde en la espera,
tus senos de tinta pálida derramada,
tus senos de fin de mundo y amigo solitario y
malidecente al final del tiempo,
tus senos de blanco amanecer insomne,
tus senos de tumulto enardecido,
tus senos igual que tu boca: tu boca de algodón
y el filo endeble de tus brazos sin color;
y tu manera de lograr lo que deseaste
aunque algunas cosas fueron tonterías;
en una pequeña cima del mundo despreciándonos a todos,
eligiéndonos, tan iguales como siempre.
Con tu sincera amistad que nadie necesitaba
y tu vida desintegrada a causa de la sonrisa
que te llenaba la cara.
Y mis manos a través de tu juventud mojada y virgen
como tu piel de papel cebolla
¡Cuántas ganas de destruirte en un beso, que dosificaste
con tus manera limpias y la levedad acariciatoria
de tus dedos! El punto luminoso y etéreo sobre tu ojo:
precipicio donde se oculta la flor de fuego;
y el perfecto nudo de tu lengua siempre agitada,
obligada a la mesura. Pero tu calor no cambia,
tu calor que lleno las líneas de mis manos
con secretas escrituras de un destino que
quisieron moldear los idealistas cursis del amor eterno,
cuando pensamos en arrojarlo al abismo para que lo incendiara
y calentara la tierra frígida de nuestras emociones.
Se detuvo tu sangre y se contrajeron tus órganos
en el espacio vacío cuando te llenaste de lindas trivialidades,
de horas en los sitios de moda, como hacen las chicas de ciudad
y te olvidaste de todo y te llenaste de mustias amistades
para no escuchar eso que te arañaba las piernas y el vientre
y te reventaba la mirada porque sabías que ellos
querían de ti nada más que a ellos mismos.
A pesar de todo, seguirá tu piel intacta como tus senos
adormecidos y tus pezones inconmovibles hasta mi regreso;
tus labios tiernos y despiadados en la piel del suspenso
y tu voz como tus pasos que serán tu forma.

UN BREVE Y MORTAL SUEÑO

Novelas para el fin del mundo UN BREVE Y MORTAL SUEÑO (Antonio Mejía Ortiz, México 2019), nos conduce a un viaje a través del alma y la men...