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1 de mayo de 2012

Los Súper Pérez vs El albergue



“Hay que comprar como rico para vivir como pobre” reza un dicho popular, referido a que es mejor invertir en calidad que en cantidad, cuando los recursos son precarios. Viene al caso cuando dos programas quedan confrontados y evidenciados en sus objetivos. Por una parte, Los Súper Pérez, serie de MVS, transmitida por Canal 52mx (*), producida y dirigida por Eduardo Marrón y Ricardo Vargas, respectivamente, que lleva las buenas intenciones al siguiente nivel, ya que además de contar con una propuesta interesante, contemporánea y con elementos propios de lo mexicano (sin, por esto, caer en el cliché siempre fácil de lo “naco”), se nota el compromiso de crear un producto de calidad. En general la producción es muy buena, dadas las condiciones de la televisión actual en México (abierta y de paga). La edición es dinámica, no sólo acompaña a la trama, forma parte de ella, es decir, contextualiza las acciones y emociones, como debe suceder particularmente en series de este tipo. Lo que hace evidente un estudio a conciencia de la técnica norteamericana, que es, querámoslo o no, el parámetro. La dirección es buena, pues hace brotar el carácter de cada personaje a partir de las características y limitaciones del actor. Lo anterior se agradece a pesar del trabajo inconcluso de autodefinición, propio de las condiciones del medio y con esto quiero decir: La forma en que se adapta o sincretiza lo que hay de general en la elaboración de un producto de calidad, en este caso, la producción de una serie de televisión, en correlación con aquello particular que nos hace identificarnos con los personajes, porque es propio de nuestro contexto histórico, social, geográfico, etc.  Y esto, porque no es fácil arrancarse la inercia “telenovelera” a la que nos han sometido por años. Lo anterior hace que los pequeños problemas en el guión, que por momentos entorpecen el buen ritmo, problemas propios de los estrenos y sobre todo de la realidad creativa mexicana, sean dispensados, pues se presiente que al paso de los capítulos serán arreglados, al menos eso esperamos. De cualquier modo, felicitaciones a la producción de Los Súper Pérez y ojalá sigan yendo más allá de las buenas intenciones.
Sin embargo no todo es bello sobre el horizonte, pues así como es admirable el propósito de cuidar la producción de Los Súper Pérez, es inaceptable la cantidad de errores y la calidad miserable de El albergue, serie de Cadena tres, transmitida por canal 28 de tv abierta; creada y dirigida por Gustavo Loza; quien, con muy poca vergüenza, se atreve a subrayar “Del creador de los Héroes del Norte”, como si el fracaso, el cinismo y la ineptitud, debieran presumirse. Loza presenta una serie plagada de clichés mal utilizados, de personajes acartonados y torpemente estereotipados, que lejos de hacer crítica humorística, son parte de la visión burguesa y discriminatoria del creador. Con situaciones mal plateadas que no acaban ni cierran, con chistes vulgares y sosos, una escenografía y edición terrible, una musicalización deficiente, por decir lo menos y una dirección mezquina, El Albergue tiene la torpeza propia de las creaciones de Loza y es, además de un producto que nació muerto, una muestras más de que en este país impera la incompetencia y el amiguismo. Es de notarse que actores de importante trayectoria y demostrada calidad como Héctor Suarez y María Rojo, no sólo son desperdiciados sino puestos en entredicho, en tanto otros, que ni en su casa los conocen (me refiero a todos los “actores” jóvenes), se muestran sobrados y sin ningún respeto hacia la profesión o el público, fenómeno que antes era propio de Tv Azteca y Televisa, y que ahora se ha extendido a Canal 28 con las producciones de ARGOS  y Once TV con la llegada de Sariñana. En la televisión mexicana mientras algunos, como Mara Escalante, luchan contra viento y marea para sacar adelante sus proyectos, al señor Loza lo colman de facilidades, fracaso tras fracaso. Esto rebasa la mediocridad y raya en la impunidad.

*Por algún motivo desconocido aparece una línea blanca que impide ver el nombre del productor y del director, pero la información completa está en: www.mvstelevision.com/superperez/

4 de noviembre de 2010

Boardwalk Empire o Los rostros del poder

Por Antonio Mejía Ortiz

Una ciudad luego del horror y la crisis de la primera guerra mundial. Los derechos están cooptados; políticos corruptos llevan una vida ostentosa mientras crece la miseria, la falta de motivos y la descomposición social; grupos fascistas como el Ku Klux Klan, emergen bajo la mirada protectora de moralistas que imponen todo tipo de prohibiciones, en tanto los hombres en su desesperación personal, están dispuestos a cualquier cosa para salir de su condición social deplorable. Es el universo donde se desarrolla la trama de El imperio del contrabando, serie situada en Atlantic City durante la época de la Ley seca en los años 20´s. Basada en Boardwalk Empire: The Birth, High Times, and Corruption of Atlantic City de Nelson Johnson, fue estrenada para América Latina el pasado domingo 17 de octubre por HBO. Es protagonizada por Steve Buscemi (Perros de reserva), escrita por Terence Winter (Los soprano) y producida por Martin Scorsese (Taxi driver, Los infiltrados), quién dirigió el primer capítulo.

El imperio del contrabando puede ser un trabajo perfecto en todos sentidos. El guión es poderoso. A diferencia de las películas de Scorsese, donde a través de las circunstancias intuimos el fondo del carácter de sus personajes y el universo es tan cerrado, que las implicaciones sociales apenas se perciben, en la serie muestra cómo las acciones del individuo provocan el devenir de la historia. Las imposiciones puritanas que pretende resolver problemas de educación y cultura por medio de la prohibición, provocan la creación de un mercado ilegal y una escalada por el poder, que se tornará violenta y despiadada a cargo de las mafias, protegidas por quienes se proclaman en discursos, contra del “Demonio de la bebida”: políticos y empresarios.

Los escenarios, la paleta de colores (propia de la filmografía de Scrosese), el vestuario y la iluminación, no sólo aportan en un sentido emotivo, sino que obligan a la coherencia dramática. La dirección es impecable, desde el principio establece el carácter particular de los personajes y muestra el conflicto general que los alcanza de inmediato, “No se puede ser gángster a medias”. A partir de allí, cada situación será una lucha contra su condición social y su perspectiva de vida.
Sin dar concesiones exhibe cómo el poder político está íntimamente ligado con la mafia, aún antes de la “Ley seca”. “Nucky” Thompson (Steve Buscemi), prominente figura política que controla Atlantic City desde los casinos hasta la policía, se convertirá en el comercializador más importante de alcohol. Detonando en figuras como Jimmy Darmody (Michael Pitt) que es seducido por el ansia de poder. Las intenciones, bien manejadas, despliegan los diferentes rostros de los personajes y de las situaciones. La intensidad se genera por medio de la expectativa y el suspenso derivados de la inminencia de la circunstancia límite, ya presente, que se desarrollará durante los capítulos siguientes, hasta que la tensión sea inaguantable para los protagonistas.

En los pequeños detalles se nota la preocupación por el realismo y la verosimilitud. Sustentado por el trabajo de los actores, la carga emotiva del monologo interno y el subtexto del argumento, los encaminan hacia el carácter universal del ser humano, donde no hay juicios de valor ni estándares morales; sólo causas y efectos de hombres que lidian con su naturaleza y su entorno.
La producción estilo Hollywood, se aleja de estereotipos propios de éste cine. La historia de la “Ley seca” y del contrabando, es la de una sociedad chauvinista, hipócrita y llena de miedo; también de la frustración, la avaricia y el dolor de los hombres en una sociedad que los aplasta. Quienes ostentan el poder, intentan no ser rebasados por la ferocidad de los acontecimientos y se vuelven brutales a fuerza de mantener la potestad de su imperio.

El imperio del contrabando es un proyecto magistral donde confluye, con éxito, un discurso profundo, analítico y serio, junto a una producción comercial. La vigencia de la serie, sobre todo ante el problema actual del narcotráfico es innegable. El alcance del mensaje se conocerá sólo hacia el final.

UN BREVE Y MORTAL SUEÑO

Novelas para el fin del mundo UN BREVE Y MORTAL SUEÑO (Antonio Mejía Ortiz, México 2019), nos conduce a un viaje a través del alma y la men...