4 de noviembre de 2013

Por: Antonio Mejía Ortiz
Del poemario RECURRENCIA
Completo en: http://sdrv.ms/1f925QQ


Del tabaco se trasmutan, a través del filtro,
las viejas edades. El polvo gris que en algún momento
fue humo de cigarro, elevándose curiosamente por el espacio.
La espalda reclinada en un quejido ahogado,
palpita la palabra, cada ladrillo de la casa:
sonido gutural y pintura gastada.
El eco se liberó justo en el proceso de la caída.
Sólo quedó ansiedad en los pies.
Un rumor en el estómago, un hueco dominante,
el insondable misterio que alimentó la voz
en el lugar de los condenados.
El temor de los arrepentidos me transporta
al presentimiento, a la mesa donde he bebido y vomitado,
a la posición exacta del beso: la sofocación de espacios
serenos y vacíos en la carne espinada y
la avaricia de la sangre.
Claro que aún me satisface la crónica, el recuerdo
y la retrospectiva.
Las propiedades psicológicas de la placenta,
de la leche materna que fue mamada por el necesitado;
el gusto adquirido por la inocencia en la sepultura
del sueño y la proporción bizarra.
Dedos morbosos en los labios, el sabor quemado,
la pasión, la urgencia vil que perdura en el cuerpo.
La sal: el paraíso perdido y la muerte.
La verdad y el principio trascendente se diluyen
en lo multiplicado. Al abrirse paso por las venas,
trozos de luz avivaron la demencia,
el hueso áspero y el fuego.

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