Oigo el lejano silencio que deja una fiesta terminada
y siento desde la oscuridad de
mi casa
cómo se diluye la energía
acumulada de los cuerpos
que bailaban cumbia hace unas
horas.
Enciendo un cigarro y percibo
cómo sucede
la madrugada
mientras hombres y mujeres
andan por la calle
de regreso a sus camas.
Recuerdo una hermosa muchacha
pasando frente a mí
con un amigo a su lado;
fumaba en la puerta de la
entrada
eran más o menos las tres de
la tarde
y las cervezas que llevaba en
la mano
la volvieron todavía más
atractiva;
¿Qué hacía yo a los
veinticinco años?
Y los imagino desnudos bajo
las sábanas
sin comprender la dimensión
cósmica
de lo sucedido
aunque las hembras de algún
modo
siempre lo saben
ahora le pertenezco
y ella también me pertence.
Entonces de un número sin
rostro
me llega un mensaje: "me
gustaría verte".
pero esta noche no se trata
del sexo
ni de los cuerpos juntos
sino de la experiencia de
estar vivos.
Imagino de nuevo a la chica de
las cervezas
afuera los gatos maullan
buscando una hembra
adentro me masturbo
por nostalgia
por nada más
que nostalgia.
Antonio Mejía O.
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