13 de marzo de 2012

HASTA EL FIN DEL MUNDO


La autopista fue sólo tuya, el auto en complicidad decidió no detenerse. Durante gran parte del camino el auto parecía moverse solo, tú casi no manejaste. La velocidad con que avanzabas te hacía pensar que ésta no era una fatal aventura hacia el encuentro con tu destino, sino la confirmación de un vertiginoso desprendimiento. Al lado de la carretera el paisaje árido y llano agonizaba conforme el sol, que recién se levantaba, te daba alcance. No había nada que ver y durante horas no escuchaste más que el silencio del vacío. Nada qué ver además de una carretera interminable. Sólo te detuviste un par de pueblos atrás, te dolía la espalda, llevabas demasiado tiempo sentado. Aprovechaste para revisar el auto que seguía húmedo por el roció de la mañana, aunque no sabes nada de motores, ni de armas y mucho menos sobre episodios negros de carretera. Encendiste un cigarro que tiraste luego de unas cuantas fumadas porque la garganta comenzó a molestarte. Volviste a subir y volvió el camino.
Entraste a la ciudad alrededor de las diez de la mañana. No era un lugar feo, pero te desagradó inmediatamente y deseaste que tu permanencia allí no durara mucho tiempo.
A tu llegada, apenas encontraste un lugar para desayunar, pero a pesar del hambre que sentías, no comiste gran cosa, apenas un jugo y un par huevos revueltos con tocino; mientras la radio, recientemente encendida, tocaba canciones viejas a placer desde la cocina. Escuchaste a María Luisa Landín y también a Emilio Tuero antes de salir de aquel desayunadero apestoso y te acordaste de ella, aunque en realidad nunca dejaste de pensarla; recordaste las palabras dichas la noche anterior a su partida.
-Si alguien se atreviera a separarnos te buscaría hasta el final del mundo-. Y ella te dijo que ahí te esperaría.
Por unos segundos, repasaste en tu imaginación lo qué ibas a decirle cuando la encontraras y cómo esperabas hacerlo, pero inmediatamente pensaste que primero necesitabas hallarla. No podías regresar sin ella y tampoco podías ya regresar a todo eso que era ella y que eras tú; a todas esas cosas que los conformaban y que les daban significado. Pero este era el sitio exacto, habías llegado hasta aquí y tenías que localizarla. Más que por una cursi promesa, se trataba de un pacto. Encontrarla era la única forma de lacrar una voluntad puesta en marcha.
La gente rápidamente te ubico como extraño: citadino. Incluso el dueño del merendero, que no te quitó la vista desde que entraste al local, no pudo resistir y te preguntó con su voz fuerte y golpeada:
-¿Usted es de la ciudad, no?-. Tú sólo moviste la cabeza afirmando.
-¿Mucho esmog, mucha gente, no?- insistió.
-Un poco-. Dijiste seco para cortar, de una vez por todas, la conversación obligada. Te acomodaste los Ray Ban y tu pensamiento se fue a otro lado, no volvió a hablarte.
Recorriste las calles por las avenidas como cualquier turista receloso. No había muchos caminos que andar; la gente estaba como apagada, eran fantasmas durante el día en una tierra donde parecía que el tiempo no pasaba o no existía. Sus rostros agrietados y secos se confundían con la aridez del paisaje. Sólo bastó esta discreta caminata para que todos se enteraran de que eras un extraño. Buscaste una habitación en el primer hotel que encontraste y estuviste fumando recostado hasta que la última luz del atardecer fluyo a través de las cortinas. Dormiste hasta muy entrada la noche. Más tarde, con las hélices del ventilador abriendo con dificultad el humor del pueblo que se metía a la fuerza por la ventana; y con el cuerpo bañado en sudor, recordaste en orden cronológico todos tus días con ella, tratando de recrear los momentos tan exactamente como pudiste.
Para cuando las hélices te trajeron de vuelta, las sombras, el calor y los moscos, entraban igual que las luces de bares y antros que anunciaban el momento en que la ciudad cobraba vida. Miraste por la ventana cómo camionetas y autos lujosos (o lo que ellos suponían lujoso), salían de todas partes hacia la zona “roja”, como si hubieran estado agazapados durante el día, esperando este momento. Tomaste la chamarra de cuero y la 9mm, que semanas antes le  habías robado a tu primo y saliste. Compraste una cajetilla de cigarros y encendiste uno rápidamente. Aquel sitio era completamente distinto bajo la luna, seres extraños emergían de todas procedencias. Observaste a las prostitutas sin detenerte pero con minucioso cuidado, esperando verla en alguna de esas calles corruptas y desechadas; o por lo menos, encontrar algo que te dijera a dónde se había metido y hacia dónde te dirigías tú. Te buscaré hasta el fin del mundo, fueron tus palabras  y ella dijo que allí te esperaría.
Comenzó a dolerte la cabeza y parecía que te estallaban los ojos; estabas cansado y los dolores dieron paso a un estado de alerta psicótica. Sentías en el estomago ese malestar propio de quien ha traspasado sus límites y estabas terriblemente desesperado, cuando la encontraste cogiendo al lado de un vistoso letrero de neón que anunciaba un miserable antro. En un callejón maloliente y seboso, un tipo vulgar la penetraba lascivamente, mientras ella, a ojos cerrados, hundía sus dedos en la vagina que meses antes fuera sólo tuya, con inmenso goce, pero sobre todo con extraordinaria alegría. Entonces, algo dentro de ti se rompió y dejó escapar un infinito abatimiento y, al mismo tiempo, placer en iguales proporciones. Fue en ese instante que de veras te sentiste extraviado, fuera de lugar e impresionantemente solo. Te acercaste con cautela y tomaste su mano, sólo esto la hizo volver en sí, aunque no te reconoció enseguida.
-¿Tú?-.
-Sí, yo-.
-¿Por qué viniste?-.
-Te dije que te buscaría hasta el fin del mundo, pero no me esperabas ¿verdad?-. Sonreíste nervioso.
-¡Ay! ¡Pobrecito, pobrecito!-
Un grave empujón te lanzó al suelo. De manera instintiva tomaste la 9mm, botaste el seguro mientras cortabas cartucho y todo lo demás fue sangre y trozos de piel lacerada. La presión que tenías en el pecho, te hizo sollozar.
-Hijo de tu pinche madre-. Escuchaste y un dolor agudo se esparció por todo tu cerebro. El rostro de ella se perdió en la oscuridad de la inconsciencia.
El auto donde ibas sólo corrió durante algunos minutos, sin embargo, la madrugada te había alcanzado. No sabías la hora exacta pero arrodillado como estabas a mitad del llano, te pareció que sólo con tu mirada alcanzabas a ver todas las constelaciones, que tu cuerpo se fundía con el horizonte y un extraño pensamiento vino a ti inesperadamente: “A estas horas ya estarán apagadas todas las luces en mi casa”. Miraste por última vez tu rostro en un fugaz recuerdo. Ojos cerrados, escuchaste una estruendosa y resonante explosión, un ensordecedor ruido que no ha terminado...

10 de febrero de 2012

SEPTEM


              LUNES
Me quedaré de nuevo en casa
con esta voz clausurada
con estas ideas hambrientas
sin explicación ni comunicación
como un hereje desposeído
o un canario lastimado
en un día frío y de violenta ausencia.

              MARTES
No quiero ser el mundo
quiero pertenecer a él
quiero fluir en mi estado natural
como los elementos que hacen posible
el fenómeno de la voluntad en la existencia.
Pero alguien ángel o demonio
me lo impide con un gesto benévolo
frente a mi desgracia.
Sólo una mirada me sustraería
del útero perverso.
No importa cuánto demore
nadie pondrá fin a mi espera.

              MIÉRCOLES (Recordando El caballo de Turín de Bela Tarr)
Recordé en la tierra de los malditos
la sed y el rostro hundido
en la noche sin grillos ni viento
sin la voluntad necesaria para sentir hambre.
En aquello que antes me pareciera
importante y sustancioso
se revelan ahora los opacos matices
de la belleza muerta.
Las luces no abren la penumbra virulenta
las brazas ya no arden.
Los caballos solitarios en sus oscuras
y arruinadas caballerizas
no quieren andar no importa
ya no existen los caminos.

              JUEVES
No hay improvisados en la lógica de la creación
aunque todos nos reunimos en la plaza
-el núcleo cosmogónico de las energías trascendentales-
el centro nunca jamás será descentrado
marginado removido.
Hay un juez un sacrificio y una mano
danzando sobre el filo de una espada.
La continuidad del tiempo está asegurada
nadie muere gratuitamente si los hijos del Hombre
permanecen en la memoria de los dioses.
Pero no es igual la muerte para todos
hay quienes pueden decir que están satisfechos.
Los alaridos del vulgo que se embriaga
se emociona y se proyecta sin enterarse
de que viene detrás suyo la estocada
generan el rito pero no pertenecen a él
¿Y los curiosos de la fe reflexiva
los que para el “arte vanguardista” son
herejes comunicadores
los desposeídos los improvisados
quienes saben que de la belleza nada más
quedan los acontecimientos descarnados
quienes saben que únicamente son olvidados
aquellos que comprenden la mecánica del olvido
los que ríen solos lloran solos se emborrachan solos
hacen el amor solos
y saben que después seguirá ocurriendo el silencio?
Mezclados van aprendiendo que no hay victoria
sólo intimidad efímera y anónima con las cosas
y dos o tres seres que reconocen
por su voz en la oscuridad.

              VIERNES
Aunque no haya a la mano
motivos para sentirse satisfecho
a veces un cigarro basta
un sueño dulce y tierno.
La música viene como un gato
a recostarse sobre nuestro pecho
y su placentero misticismo nos reconforta.
En el fondo de sus ojos
la voz desconocida del alma aparece
desde nuestras limitaciones
desde nuestras ínfimas necedades
y nos conduce a la pertenencia
a través del desprendimiento.
      Aquí está mi corazón
mañana vendrán todas las consecuencias
y estaré tranquilo.
Mi voz será clara.


              SÁBADO
Desperté cuando el sol ya se había marchado
estos días son fríos y en ellos
hay una sensación de espera.
No enciendas las luces todavía
deja que las sombras entren
y se envuelvan como pájaros en el árbol
después de la lluvia.
Podría decirte todas las verdades que necesitas
que intuyes a través de mi aparente
fastidio por la vida
pero déjanos un minuto a oscuras
cuando la voz se vuelve tranquila y grave
y no hay más dimensión que tu cuerpo
y NOCHE es una palabra que sabe
a tierra mojada de la infancia.

              DOMINGO (Poema de domingo en martes por la mañana)
Descansa la creación y reposa la materia
los destinos abren sus puertas
y las cantinas cierran.
Ayer diez años fueron un instante
y una intención contenida me despertaba temprano.
La mañana se debe vivir la vida entera.
Tú tenías otra forma
tu cuerpo era más pronunciado más entregado
como tu pasión o tus labios
pero el vértigo no cambia.
En años venideros no recordaré estos días
y querré hacerlo
y no podré
y serás otra igual desconocida.

Antonio Mejía "El genio de la multitud"

16 de enero de 2012

POEMA 188 (No me busques cuando muera...)

No me busques cuando muera
sólo hallarás una sombra y un susurro
de mi presencia en el mundo.
No existe la muerte nada es finito
los hombres y la cosa trascenderán 
el barro y la arcilla.
Se derrumba la tristeza toda sensación
de pérdida que cimbra la lógica de la civilización.
La incuestionable necesidad de continuar
a pesar de la palpitación y la respiración agitada.
Tú y yo somos la persistencia inmarcesible
luz en la casa de oro
donde perduran las almas y las estrellas.


A. M.

LA BELLE ENDORMIE DE CATHERINE BREILLAT: Después del cuento de hadas (PARTE II)



Proveniente de la narración de Troylus y la bella Zellandine del romance en prosa del Perceforest; del  Pentamerone de Basilio y del cuento catalán Hermano alegría- Hermana placer, que fueron elaboraciones cultas de expresiones orales, que posteriormente retomarían Perrault y los Hermanos Grimm; Catherine Breillat nos presenta una visión renovada y vanguardista de este cuento de hadas. Su postura tantas veces discutida y criticada, llega a un clímax donde no puede haber ambigüedades ni malos entendidos. No se trata ya de la sexualidad de la mujer frente a un mundo falocrático, es más bien, la declaración de que lo femenino en toda su dimensión no es objeto ni sujeto de un discurso, es una característica humana. En tanto las versiones más antiguas divinizan la sexualidad femenina y relegan la acción de la bella a un mero objeto contenedeor de la acción masculina; y mientras Perrault y los hermanos Grimm, menosprecian y suprimen la identidad de la mujer, transformando a la bella durmiente en un estereotipo sin sexualidad, a pesar del discurso entre líneas, en el caso de Perrault; Breillat rescata por un lado, esa presencia sustancial de lo femenino en la esencia del universo; y por otro, la plenitud sexual, no del género, sino de la esencia de lo femenino contenido en la mujer y su propagación, incluso en la conformación de lo masculino. La vida, La naturaleza, La existencia, generan al hombre, lo determinan y lo domestican. Cuando Anastasia dice “Yo soy un caballero, mi nombre es Vladimir… yo seré quien quiera ser”, no trata de asemejarse a los hombres, ni se trata del argumento simplista de las feministas, es mas bien, la postura de un ser que se hace consciente de sí. Ella resguarda un deseo y va en su búsqueda. Ha de materializarlo a través del amor o a través de la maternidad “Yo tendré este hijo y lo llamaré Vladimir”. Lo que Anastasia niega es la condición social que determina a la mujer a un tipo, no las condiciones de su naturaleza, que aún siendo un principio pasivo, es energía contenida que genera acción, como la energía estática y esto no la alude, porque halla ese mundo donde se desdoblan las otredades que conforman su ser.
El viaje que emprende Anastasia por su sueño, es el camino interior hacia el descubrimiento del yo verdadero. Las referencias que Breillat hace de las versiones que existen sobre La bella durmiente, nos supone que las conoce y las ha estudiado para la realización de su película; son un logro en su carrera como artista y por ende como cineasta. La exploración que realiza sobre la mujer es más íntima, ya no respecto al otro, sino respecto de si misma. Es ahí donde encontrará la belleza y la aberración. Siendo una tragicomedia al estilo de Fausto de Goethe, El viaje de Pedro el afortunado de August Strindberg y por supuesto de Peer Gynt de Ibsen, los pasajes aparentemente inconexos, tienen una relación simbólica sí, pero fundamentalmente dramática, donde el desenlace estará marcado por el reiterado intento de dominio por medio de la fuerza, llevado a cabo por los hombres, que se encuentran limitados frente al carácter inaprensible e insondable de la mujer. Pero más importante, el trayecto de la mujer, en este caso Anastasia, que persiguiendo aparentemente el cliché del amor, sortea una serie de obstáculos hasta llegar a su objetivo verdadero: la reivindicación en el universo de su psique y la reafirmación de su identidad como ser en sí, que no estará determinado por nada más que los pulsos de su voluntad. No lejos de la Lolita de Nabokov, Breillat examina el proceso que transforma a una niña en mujer, cuando esto sucede en la mente antes que en el organismo. Su protagonista cuando niña reconoce su placer y ansia despertar a la vida. Permanece todo el tiempo una tensión sexual propia del eros, es decir, de la necesidad por vivir.
El mundo de la niñez, no falto de horrores y ambigüedades, se le entrega. Ella no espera el encuentro, lo sabe desde entonces “nada es real, esto no existe, sólo yo soy real” dice al pasar la primera puerta de su sueño. Los diferentes aspectos como el amor, la maternidad, la sexualidad, los anhelos, entre otros, que se vuelcan sobre Anastasia y la forma en que ella los afronta manifiestan la postura que Catherine Breillat ha tratado de exponer en su filmografía. Al despertar en un mundo en que la soledad y la relatividad es la tendencia, Anastasia rompe con el pasado y se abre paso en un presente al que no pertenece pero donde comenzará a construir su destino como un ser humano libre. Comprende que causas y consecuencias le pertenecen, son responsabilidad suya, lo mismo que el sentido de sus acciones que determinarán a la postre, su existencia.

LA BELLE ENDORMIE DE CATHERINE BREILLAT: Después del cuento de hadas (PARTE I)



Lo mismo que el “Ouroboros”, los mitos, las leyendas y los cuentos, no terminan sino que se regeneran y retornan eternamente gracias a su multiplicidad simbólica, a los aspectos humanos (morales y éticos a los que aluden), y a las fuerzas primitivas que son motor de la voluntad del hombre y que se hallan ocultas en el inconsciente. Provenientes de un remoto pasado originario, son condensadores, extrapoladores y generadores del fenómeno existencial del ser humano y de su relación con el universo que los rodea, al cual pertenecen; esto, porque no son otra cosa que la forma concreta y simbólica de la sabiduría popular y con popular nos referimos a los conocimientos racionales, psicológicos y emotivos universales; independientes del tiempo y el espacio, es decir, que comparten los hombres y mujeres que formaron y formarán parte de la humanidad. Estas narraciones aunque vayan modificándose de acuerdo a las normas de quienes detentan el poder, no pierden la potencia erótica, tanática y psicológica con que fueron concebidas, ya que son trascendentes y transgresoras. De cuando en cuando surge de entre la muchedumbre una mente capaz de revitalizar y hacer vigente dichas fuerzas, ya sea por su redescubrimiento o por la visión vanguardista de algo que ya estaba allí,  pero fue relegado. Así, surge una nueva lectura que sin traicionar la naturaleza de la narración, la transforma e ilumina una nueva identidad que conduce a la humanidad a una conciencia de su Ser y de la existencia. Pero la búsqueda y el camino, no son fáciles. El portador de aquella voz que se levanta, debe andar a través de las penumbras y terrores de su ser más íntimo y regresar. Lo que vemos quienes somos espectadores, sólo es el resultado de su trayecto.
Lo mismo que el “Ouroboros”, es el camino que ha recorrido Catherine Breillat (Romance x, 36 Fillete) para llegar a la creación de La belle endormie. Su indagación de la naturaleza femenina comienza desde el aspecto meramente superficial de lo sexual y su posición respecto a la sociedad; poco a poco, con cada película se adentra en la psique de la mujer, pero  en La belle endormie va más allá todavía, logra poner en evidencia la sustancia femenina que reside en la naturaleza de la humanidad, manifestada justamente a través de la sexualidad y los roles que son independientes del aparato sexual. Al hacer alusión al termino “Hermafrodita”, se puede presumir que Breillat intenta marcar la línea por donde versará su obra. Las diferencias de género que enfrentan al hombre y la mujer son banales si tomamos en cuenta que forman parte de un fenómeno mayor de contrarios complementarios llamado Ser humano. Anastasia (Carla Besnaïnou/ Julia Artamonov) la protagonista que navega de un espacio a otro, personaje fuera del tiempo y de las categorías de género, nos muestra cómo la consciencia de nuestro destino, ese que golpea dentro de nuestro ser y nos llama, ha de provocar una metamorfosis interior que transformará el mundo que nos rodea. De esta manera nos descubrimos al mismo tiempo que se nos revela una realidad brutal, construida en base a inevitabilidades. Quien no es capaz de llevar a cabo el viaje interior y reafirmar su identidad encontrándose a sí mismo, estará para siempre perdido en un mundo inconmovible. Dicho viaje representa el transito del mundo de la niñez, ese lugar fantástico de infinitas posibilidades, oscuras unas y luminosas otras, hacia la pubertad donde los deseos, las compulsiones, las pasiones todas, adquieren una dimensión definitiva.
Esto nos muestra Catherine Breillat en su película, mediante un manejo de iluminación sobria y escenarios discretos pero cuidados al detalle en cuanto al contexto histórico, que por momentos nos transportan a la ópera. La belle endormie es un bellísimo ejemplo de la sincronía entre discurso y montaje. Con secuencias pausadas y largas, saltando de una toma general a un extreme close up y con un tratamiento de color, frío; con un guión que rompe la estética formal y presenta pequeñas situaciones que sólo están conectadas por la búsqueda del protagonista y que sirven para explicar el sentido del argumento general; la película evoca el cine nórdico del estilo de, Tarkovski, Svankmajer o Roy Andersson. Es notable la preocupación por la coherencia en el diseño del vestuario, por lo menos en lo que se refiere a la vestimenta de las versiones más conocidas (La edad media). Se desprende parcialmente del tono realista y se sirve del tono idealista para mostrar los procesos mentales de una niña que alcanza la pubertad mediante una profunda reflexión llevada a cabo en su sueño. Sin concesiones brinca de una secuencia a otra generando así la sensación onírica que le exige al espectador, atención especial para articular la historia vinculándose y complementando la relación de ideas, para comprender el discurso de manera imparcial. Crea lo que Brecht llamaría  un efecto de distanciamiento, sin dejar de lado la fantasía propia del cuento de hadas, sobre todo cuando Anastasia se encuentra dentro de su sueño.

14 de diciembre de 2011

ESTE VIEJO ZAPATO SUCIO

Este viejo zapato nunca ha querido quedarse a mi lado,
se desabrocha o se pierde bajo la cama
y aunque pase días enteros buscando,
entre el polvo y los objetos olvidados,
no lo encuentro a menos que le tienda una trampa.
Desatado y roto, se le vuelve imposible para el zapatero
¿A dónde irás viejo zapato sucio cuando por fin
te hayas liberado?
¿A dónde irás viejo zapato sucio cuando tu imagen
se esconda entre las cenizas de mi memoria,
y tu piel ya no resista mis pasos
y tu corte se haya deformado
y tu estilo haya envejecido,
cuando tu cordón esté deshilachado
y tengas mas agujeros que color?
¿Quién querrá escuchar las historias de tu zuela?:
Aquellos lugares mágicos donde estuviste,
aquellos a los que desearías regresar.
Y ya que nunca más volveremos a vernos,
cuando te encuentres junto a un montón de
cosas huérfanas o abandonadas
y te halles lejos de tu par,
recuerda que alguna vez hubo un pie que te buscaba
para caminar a tientas a través de la oscuridad.

A. M.

2 de noviembre de 2011

Poema 16


Me sublevo ante la forma, al margen del tiempo;
mi atemporal figura es blanca y soberbia.
La vocal de mis ojos es verde lo mismo que mi belleza:
espigada tinta impregnada en la sombra,
que dibujó mi retina con un dulce sabor corrosivo.
En la ciudad de mi piel, tus labios son un vórtice
donde las presas van en desbandada por mi
lengua vagabunda.
Me acerco al abismo con sádica terquedad
y voy a la caída con tierno rencor burgués.

19 de septiembre de 2011

CUENTO: Fractura Estructural

¿Quién detendrá la piedra que viaja hacia la ventana?, pesada como si fuera un cúmulo de plomo, ligera como un ave de rapiña. Maliciosa y astuta a la fragilidad del momento. El tiempo transcurre, todas las nubes arriba, que piensan: ya se quiebra, ya se revienta. Y la piedra ara el viento, siembra el caos en semillas pequeñas, irreconocibles como los cristales del vidrio que se esparce. Es la acción de la masa sobre el espacio, transcurre con el tiempo, perdido como el límite del universo; es la revelación del microcosmos en el flujo cósmico del infinito. Todo fluye y sin embargo permanece, aquí, en este momento en que la piedra, se extasía con los vidrios, abre cada uno de sus poros, los desgarra, forma parte suya, destroza la membrana que sostiene el equilibrio del cual se conforman las cosas. También la piedra que lo siente y bufa su polvo estelar que desconoce y penetra, fácil, ágil como la flecha que atraviesa tierna carne; y no se rompe sólo el vidrio, escurre por la barda que se pinta del color de la fractura y entonces la pureza del material se desconoce ante esta insaciable necesidad de la culpa. Lo he dicho, no es la ventana que ya es hilo de vergüenza descarada, es el marco que también se resquebraja y fluye con la fractura. El metal que se tuerce, lamina que se dobla frente al sabor de lo que se corrompe. Viaja la piedra en su andar de parábola y las columnas que sostienen el marco por donde ha durado la ruptura, del mismo modo se abren, igual sus columnas a su esqueleto, se dobla, retrayéndose hasta los ángulos en movimiento, esos lugares rincones inéditos donde la ausencia solar mantiene frescas las telarañas y el polvo se queda quieto al sentir a las sombras lamer la sal de los tiempos prístinos. Y sigue su camino aquel rayo oscuro que va dejando nada, que sustituye al trueno con el polvo de sus ladrillos. La piedra se limpia de rayones falsos y en su eterno lapso, huérfano de principio, ausente de muerte, mira los cuadros, las manchas, protuberancias, accidentes cualesquiera que resbalan en lamidas momentáneas y más adentro, en el interior del esqueleto, entre los muros y se quebranta, corre la sangre desde los ladrillos, golpea en su trance interno, el palpitar que con intensidad se abulta en derredor del calor de los focos aún encendidos y los objetos parecen, parte por parte, desmembrarse. Una sensación de que las cosas se funden con el viaje de la piedra impregna los cuerpos. Afuera árboles y nubes se vuelven tierra, forman ahora gran parte del estruendo que regresa a los oídos y luego un silencio de suspenso, en donde nada más que la piedra, al caer fragmenta el mosaico de la casa, se escucha. Y luego sigue la suela de un zapato que se derrite mezclándose con el sudor que han bebido los calcetines. Humo de carne quemada, hueso ceniciento, uñas separadas, tendones, tejidos, músculos arrugándose prematuramente; es una rodilla quien logra ver su contracara y sin embargo sube por dentro de las piernas, pasional y angustiante, blando dolor de entrepiernas que se regalan, de arco que se tensa, de nalgas aplastadas por la luz que aún llega y se queda y rocía, velo dactilar, savia recalcitrante, fractura primera que se parte ante la presencia del tabique, que deja escapar su olor a fuego sin color, inmarcesible y avanza, diminuta, dominante, baba invisible que se apodera de la sangre y la trabaja lento y no es lo mismo que la cintura se doblegue con esa fuerza, a que se deje doblegar, sin fuerza, con fuerza, no importa, porque es la decisión lo que vale cuando la grieta sube y apuñala el ombligo, soltando de pronto los recuerdos de una madre, de un padre, de un quizá y de un luego, de un ahora que no se cumple porque no es nuestro, porque no, porque se doblega. Es la piedra pero no ahora la que avanza, es su fuerza, su inercia la que nos arrastra, furia contenida que no se detiene, imperturbable, que antes araño el vientre y ahora el pecho, cada pezón de manera distinta. Piedra que se eterniza y estruja las costillas, las hace polvo, toma las armas del cuerpo para quebrantar el corazón y arrinconar los quejidos en la garganta como a los insectos en un vaso de licor, y verlos ahogarse en la fractura de la quijada, apolillados los dientes, desgarrada cada papila de la lengua, reunidos cadáveres en las fosas, hasta donde los ojos hacen ruta, caricias hondas en el cráneo, ultrajado cada relieve del cerebro, neuronas succionadas, como las orugas a las larvas en tiempos de crecimiento y regresa, busca, hay, encuentra, se filtra, humedad venenosa, pulmones insuficientes, ramificaciones de piedra que se devuelven y concentran en los brazos sin llegar a las manos. Sólo una, es una, no hay más, sólo una y eso es todo, por donde baja la grieta que se apoya en la palma, deletrea las líneas, los secretos, la identidad y nada, porque toma un dedo, que hace escurrir tinta de las palabras escritas en el papel. La pluma gotea, también se escurre y en la hoja nada más que manchas, letras derretidas, signos alcanzados por la piedra; pero ya no es la piedra, es la grieta de su movimiento la que perdura y llega hasta la hoja y no se detiene, brama y se encaja en un dedo de los varios, que en este momento, sostienen la hoja que la contiene.

4 de agosto de 2011

Poema de cumpleaños

Desprecio cualquier lazo que me una
a la infamia de las antiguas generaciones
que conforman mi familia.
Sin humo sobre el espejo, me doy cuenta
de que mis ojos se perdieron
en vagas imágenes de pusilánimes glorias,
repentinas y robadas.
Sé lo que digo y no puedo alejarme
lo suficiente de esa marca originaria.
Podríamos intentar reconstruirlo encendiendo un beso,
pero aún quedarías intranquila en una tarde necesitada.
No eres demasiado tiempo
ni demasiada esperanza.
Tu cuerpo cabe en mi cuerpo
y esto ya es mejor que mi destino.
Soy como un león amaestrado,
tengo el rencor del siervo y el orgullo del amo;
pero tus ojos expanden mi horizonte
como un violento látigo de aire y agua,
que golpea la roca de la nostalgia infértil.
Vendrás de nuevo a mi cama,
a la mirada de niño que tengo,
y ya no habrán cuerpos en las paredes,
ni alas en las almohadas.
Las palabras, igual que los besos,
se quedarán en las grietas,
como la humedad y ese olor a viejo;
y esto será un designio más que una súplica.

UN BREVE Y MORTAL SUEÑO

Novelas para el fin del mundo UN BREVE Y MORTAL SUEÑO (Antonio Mejía Ortiz, México 2019), nos conduce a un viaje a través del alma y la men...