16 de enero de 2012

LA BELLE ENDORMIE DE CATHERINE BREILLAT: Después del cuento de hadas (PARTE I)



Lo mismo que el “Ouroboros”, los mitos, las leyendas y los cuentos, no terminan sino que se regeneran y retornan eternamente gracias a su multiplicidad simbólica, a los aspectos humanos (morales y éticos a los que aluden), y a las fuerzas primitivas que son motor de la voluntad del hombre y que se hallan ocultas en el inconsciente. Provenientes de un remoto pasado originario, son condensadores, extrapoladores y generadores del fenómeno existencial del ser humano y de su relación con el universo que los rodea, al cual pertenecen; esto, porque no son otra cosa que la forma concreta y simbólica de la sabiduría popular y con popular nos referimos a los conocimientos racionales, psicológicos y emotivos universales; independientes del tiempo y el espacio, es decir, que comparten los hombres y mujeres que formaron y formarán parte de la humanidad. Estas narraciones aunque vayan modificándose de acuerdo a las normas de quienes detentan el poder, no pierden la potencia erótica, tanática y psicológica con que fueron concebidas, ya que son trascendentes y transgresoras. De cuando en cuando surge de entre la muchedumbre una mente capaz de revitalizar y hacer vigente dichas fuerzas, ya sea por su redescubrimiento o por la visión vanguardista de algo que ya estaba allí,  pero fue relegado. Así, surge una nueva lectura que sin traicionar la naturaleza de la narración, la transforma e ilumina una nueva identidad que conduce a la humanidad a una conciencia de su Ser y de la existencia. Pero la búsqueda y el camino, no son fáciles. El portador de aquella voz que se levanta, debe andar a través de las penumbras y terrores de su ser más íntimo y regresar. Lo que vemos quienes somos espectadores, sólo es el resultado de su trayecto.
Lo mismo que el “Ouroboros”, es el camino que ha recorrido Catherine Breillat (Romance x, 36 Fillete) para llegar a la creación de La belle endormie. Su indagación de la naturaleza femenina comienza desde el aspecto meramente superficial de lo sexual y su posición respecto a la sociedad; poco a poco, con cada película se adentra en la psique de la mujer, pero  en La belle endormie va más allá todavía, logra poner en evidencia la sustancia femenina que reside en la naturaleza de la humanidad, manifestada justamente a través de la sexualidad y los roles que son independientes del aparato sexual. Al hacer alusión al termino “Hermafrodita”, se puede presumir que Breillat intenta marcar la línea por donde versará su obra. Las diferencias de género que enfrentan al hombre y la mujer son banales si tomamos en cuenta que forman parte de un fenómeno mayor de contrarios complementarios llamado Ser humano. Anastasia (Carla Besnaïnou/ Julia Artamonov) la protagonista que navega de un espacio a otro, personaje fuera del tiempo y de las categorías de género, nos muestra cómo la consciencia de nuestro destino, ese que golpea dentro de nuestro ser y nos llama, ha de provocar una metamorfosis interior que transformará el mundo que nos rodea. De esta manera nos descubrimos al mismo tiempo que se nos revela una realidad brutal, construida en base a inevitabilidades. Quien no es capaz de llevar a cabo el viaje interior y reafirmar su identidad encontrándose a sí mismo, estará para siempre perdido en un mundo inconmovible. Dicho viaje representa el transito del mundo de la niñez, ese lugar fantástico de infinitas posibilidades, oscuras unas y luminosas otras, hacia la pubertad donde los deseos, las compulsiones, las pasiones todas, adquieren una dimensión definitiva.
Esto nos muestra Catherine Breillat en su película, mediante un manejo de iluminación sobria y escenarios discretos pero cuidados al detalle en cuanto al contexto histórico, que por momentos nos transportan a la ópera. La belle endormie es un bellísimo ejemplo de la sincronía entre discurso y montaje. Con secuencias pausadas y largas, saltando de una toma general a un extreme close up y con un tratamiento de color, frío; con un guión que rompe la estética formal y presenta pequeñas situaciones que sólo están conectadas por la búsqueda del protagonista y que sirven para explicar el sentido del argumento general; la película evoca el cine nórdico del estilo de, Tarkovski, Svankmajer o Roy Andersson. Es notable la preocupación por la coherencia en el diseño del vestuario, por lo menos en lo que se refiere a la vestimenta de las versiones más conocidas (La edad media). Se desprende parcialmente del tono realista y se sirve del tono idealista para mostrar los procesos mentales de una niña que alcanza la pubertad mediante una profunda reflexión llevada a cabo en su sueño. Sin concesiones brinca de una secuencia a otra generando así la sensación onírica que le exige al espectador, atención especial para articular la historia vinculándose y complementando la relación de ideas, para comprender el discurso de manera imparcial. Crea lo que Brecht llamaría  un efecto de distanciamiento, sin dejar de lado la fantasía propia del cuento de hadas, sobre todo cuando Anastasia se encuentra dentro de su sueño.

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