Proveniente de la narración de Troylus y la bella Zellandine
del romance en prosa del Perceforest; del
Pentamerone de Basilio y del cuento catalán Hermano alegría- Hermana
placer, que fueron elaboraciones cultas de expresiones orales, que posteriormente
retomarían Perrault y los Hermanos Grimm; Catherine Breillat nos presenta una
visión renovada y vanguardista de este cuento de hadas. Su postura tantas veces
discutida y criticada, llega a un clímax donde no puede haber ambigüedades ni
malos entendidos. No se trata ya de la sexualidad de la mujer frente a un mundo
falocrático, es más bien, la declaración de que lo femenino en toda su
dimensión no es objeto ni sujeto de un discurso, es una característica humana. En
tanto las versiones más antiguas divinizan la sexualidad femenina y relegan la
acción de la bella a un mero objeto contenedeor de la acción masculina; y
mientras Perrault y los hermanos Grimm, menosprecian y suprimen la identidad de
la mujer, transformando a la bella durmiente en un estereotipo sin sexualidad,
a pesar del discurso entre líneas, en el caso de Perrault; Breillat rescata por
un lado, esa presencia sustancial de lo femenino en la esencia del universo; y
por otro, la plenitud sexual, no del género, sino de la esencia de lo femenino
contenido en la mujer y su propagación, incluso en la conformación de lo
masculino. La vida, La naturaleza, La existencia, generan al hombre, lo
determinan y lo domestican. Cuando Anastasia dice “Yo soy un caballero, mi
nombre es Vladimir… yo seré quien quiera ser”, no trata de asemejarse a los
hombres, ni se trata del argumento simplista de las feministas, es mas bien, la
postura de un ser que se hace consciente de sí. Ella resguarda un deseo y va en
su búsqueda. Ha de materializarlo a través del amor o a través de la maternidad
“Yo tendré este hijo y lo llamaré Vladimir”. Lo que Anastasia niega es la
condición social que determina a la mujer a un tipo, no las condiciones de su
naturaleza, que aún siendo un principio pasivo, es energía contenida que genera
acción, como la energía estática y esto no la alude, porque halla ese mundo
donde se desdoblan las otredades que conforman su ser.
El viaje que emprende Anastasia por su sueño, es el camino
interior hacia el descubrimiento del yo verdadero. Las referencias que Breillat
hace de las versiones que existen sobre La bella durmiente, nos supone que las
conoce y las ha estudiado para la realización de su película; son un logro en
su carrera como artista y por ende como cineasta. La exploración que realiza
sobre la mujer es más íntima, ya no respecto al otro, sino respecto de si
misma. Es ahí donde encontrará la belleza y la aberración. Siendo una
tragicomedia al estilo de Fausto de Goethe, El viaje de Pedro el afortunado de
August Strindberg y por supuesto de Peer Gynt de Ibsen, los pasajes
aparentemente inconexos, tienen una relación simbólica sí, pero fundamentalmente
dramática, donde el desenlace estará marcado por el reiterado intento de
dominio por medio de la fuerza, llevado a cabo por los hombres, que se
encuentran limitados frente al carácter inaprensible e insondable de la mujer.
Pero más importante, el trayecto de la mujer, en este caso Anastasia, que
persiguiendo aparentemente el cliché del amor, sortea una serie de obstáculos
hasta llegar a su objetivo verdadero: la reivindicación en el universo de su
psique y la reafirmación de su identidad como ser en sí, que no estará
determinado por nada más que los pulsos de su voluntad. No lejos de la Lolita
de Nabokov, Breillat examina el proceso que transforma a una niña en mujer,
cuando esto sucede en la mente antes que en el organismo. Su protagonista
cuando niña reconoce su placer y ansia despertar a la vida. Permanece todo el
tiempo una tensión sexual propia del eros, es decir, de la necesidad por vivir.
El mundo de la niñez, no falto de horrores y ambigüedades,
se le entrega. Ella no espera el encuentro, lo sabe desde entonces “nada es
real, esto no existe, sólo yo soy real” dice al pasar la primera puerta de su
sueño. Los diferentes aspectos como el amor, la maternidad, la sexualidad, los
anhelos, entre otros, que se vuelcan sobre Anastasia y la forma en que ella los
afronta manifiestan la postura que Catherine Breillat ha tratado de exponer en
su filmografía. Al despertar en un mundo en que la soledad y la relatividad es
la tendencia, Anastasia rompe con el pasado y se abre paso en un presente al
que no pertenece pero donde comenzará a construir su destino como un ser humano
libre. Comprende que causas y consecuencias le pertenecen, son responsabilidad
suya, lo mismo que el sentido de sus acciones que determinarán a la postre, su existencia.
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