No me busques cuando muera
sólo hallarás una sombra y un susurro
de mi presencia en el mundo.
No existe la muerte nada es finito
los hombres y la cosa trascenderán
el barro y la arcilla.
Se derrumba la tristeza toda sensación
de pérdida que cimbra la lógica de la civilización.
La incuestionable necesidad de continuar
a pesar de la palpitación y la respiración agitada.
Tú y yo somos la persistencia inmarcesible
luz en la casa de oro
donde perduran las almas y las estrellas.
A. M.
El espacio vacío donde se manifiesta el fenómeno de la experiencia sensible; o el lugar donde publico los trabajos que nadie quiere publicarme.
16 de enero de 2012
LA BELLE ENDORMIE DE CATHERINE BREILLAT: Después del cuento de hadas (PARTE II)
Proveniente de la narración de Troylus y la bella Zellandine
del romance en prosa del Perceforest; del
Pentamerone de Basilio y del cuento catalán Hermano alegría- Hermana
placer, que fueron elaboraciones cultas de expresiones orales, que posteriormente
retomarían Perrault y los Hermanos Grimm; Catherine Breillat nos presenta una
visión renovada y vanguardista de este cuento de hadas. Su postura tantas veces
discutida y criticada, llega a un clímax donde no puede haber ambigüedades ni
malos entendidos. No se trata ya de la sexualidad de la mujer frente a un mundo
falocrático, es más bien, la declaración de que lo femenino en toda su
dimensión no es objeto ni sujeto de un discurso, es una característica humana. En
tanto las versiones más antiguas divinizan la sexualidad femenina y relegan la
acción de la bella a un mero objeto contenedeor de la acción masculina; y
mientras Perrault y los hermanos Grimm, menosprecian y suprimen la identidad de
la mujer, transformando a la bella durmiente en un estereotipo sin sexualidad,
a pesar del discurso entre líneas, en el caso de Perrault; Breillat rescata por
un lado, esa presencia sustancial de lo femenino en la esencia del universo; y
por otro, la plenitud sexual, no del género, sino de la esencia de lo femenino
contenido en la mujer y su propagación, incluso en la conformación de lo
masculino. La vida, La naturaleza, La existencia, generan al hombre, lo
determinan y lo domestican. Cuando Anastasia dice “Yo soy un caballero, mi
nombre es Vladimir… yo seré quien quiera ser”, no trata de asemejarse a los
hombres, ni se trata del argumento simplista de las feministas, es mas bien, la
postura de un ser que se hace consciente de sí. Ella resguarda un deseo y va en
su búsqueda. Ha de materializarlo a través del amor o a través de la maternidad
“Yo tendré este hijo y lo llamaré Vladimir”. Lo que Anastasia niega es la
condición social que determina a la mujer a un tipo, no las condiciones de su
naturaleza, que aún siendo un principio pasivo, es energía contenida que genera
acción, como la energía estática y esto no la alude, porque halla ese mundo
donde se desdoblan las otredades que conforman su ser.
El viaje que emprende Anastasia por su sueño, es el camino
interior hacia el descubrimiento del yo verdadero. Las referencias que Breillat
hace de las versiones que existen sobre La bella durmiente, nos supone que las
conoce y las ha estudiado para la realización de su película; son un logro en
su carrera como artista y por ende como cineasta. La exploración que realiza
sobre la mujer es más íntima, ya no respecto al otro, sino respecto de si
misma. Es ahí donde encontrará la belleza y la aberración. Siendo una
tragicomedia al estilo de Fausto de Goethe, El viaje de Pedro el afortunado de
August Strindberg y por supuesto de Peer Gynt de Ibsen, los pasajes
aparentemente inconexos, tienen una relación simbólica sí, pero fundamentalmente
dramática, donde el desenlace estará marcado por el reiterado intento de
dominio por medio de la fuerza, llevado a cabo por los hombres, que se
encuentran limitados frente al carácter inaprensible e insondable de la mujer.
Pero más importante, el trayecto de la mujer, en este caso Anastasia, que
persiguiendo aparentemente el cliché del amor, sortea una serie de obstáculos
hasta llegar a su objetivo verdadero: la reivindicación en el universo de su
psique y la reafirmación de su identidad como ser en sí, que no estará
determinado por nada más que los pulsos de su voluntad. No lejos de la Lolita
de Nabokov, Breillat examina el proceso que transforma a una niña en mujer,
cuando esto sucede en la mente antes que en el organismo. Su protagonista
cuando niña reconoce su placer y ansia despertar a la vida. Permanece todo el
tiempo una tensión sexual propia del eros, es decir, de la necesidad por vivir.
El mundo de la niñez, no falto de horrores y ambigüedades,
se le entrega. Ella no espera el encuentro, lo sabe desde entonces “nada es
real, esto no existe, sólo yo soy real” dice al pasar la primera puerta de su
sueño. Los diferentes aspectos como el amor, la maternidad, la sexualidad, los
anhelos, entre otros, que se vuelcan sobre Anastasia y la forma en que ella los
afronta manifiestan la postura que Catherine Breillat ha tratado de exponer en
su filmografía. Al despertar en un mundo en que la soledad y la relatividad es
la tendencia, Anastasia rompe con el pasado y se abre paso en un presente al
que no pertenece pero donde comenzará a construir su destino como un ser humano
libre. Comprende que causas y consecuencias le pertenecen, son responsabilidad
suya, lo mismo que el sentido de sus acciones que determinarán a la postre, su existencia.
LA BELLE ENDORMIE DE CATHERINE BREILLAT: Después del cuento de hadas (PARTE I)
Lo mismo que el “Ouroboros”, los mitos, las leyendas y los
cuentos, no terminan sino que se regeneran y retornan eternamente gracias a su
multiplicidad simbólica, a los aspectos humanos (morales y éticos a los que
aluden), y a las fuerzas primitivas que son motor de la voluntad del hombre y
que se hallan ocultas en el inconsciente. Provenientes de un remoto pasado
originario, son condensadores, extrapoladores y generadores del fenómeno
existencial del ser humano y de su relación con el universo que los rodea, al
cual pertenecen; esto, porque no son otra cosa que la forma concreta y simbólica
de la sabiduría popular y con popular nos referimos a los conocimientos
racionales, psicológicos y emotivos universales; independientes del tiempo y el
espacio, es decir, que comparten los hombres y mujeres que formaron y formarán
parte de la humanidad. Estas narraciones aunque vayan modificándose de acuerdo
a las normas de quienes detentan el poder, no pierden la potencia erótica,
tanática y psicológica con que fueron concebidas, ya que son trascendentes y
transgresoras. De cuando en cuando surge de entre la muchedumbre una mente
capaz de revitalizar y hacer vigente dichas fuerzas, ya sea por su
redescubrimiento o por la visión vanguardista de algo que ya estaba allí, pero fue relegado. Así, surge una nueva
lectura que sin traicionar la naturaleza de la narración, la transforma e
ilumina una nueva identidad que conduce a la humanidad a una conciencia de su
Ser y de la existencia. Pero la búsqueda y el camino, no son fáciles. El
portador de aquella voz que se levanta, debe andar a través de las penumbras y
terrores de su ser más íntimo y regresar. Lo que vemos quienes somos
espectadores, sólo es el resultado de su trayecto.
Lo mismo que el “Ouroboros”, es el camino que ha recorrido
Catherine Breillat (Romance x, 36 Fillete) para llegar a la creación de La
belle endormie. Su indagación de la naturaleza femenina comienza desde el
aspecto meramente superficial de lo sexual y su posición respecto a la
sociedad; poco a poco, con cada película se adentra en la psique de la mujer,
pero en La belle endormie va más allá
todavía, logra poner en evidencia la sustancia femenina que reside en la
naturaleza de la humanidad, manifestada justamente a través de la sexualidad y
los roles que son independientes del aparato sexual. Al hacer alusión al
termino “Hermafrodita”, se puede presumir que Breillat intenta marcar la línea
por donde versará su obra. Las diferencias de género que enfrentan al hombre y
la mujer son banales si tomamos en cuenta que forman parte de un fenómeno mayor
de contrarios complementarios llamado Ser humano. Anastasia (Carla Besnaïnou/ Julia
Artamonov) la protagonista que navega de un espacio a otro, personaje fuera del
tiempo y de las categorías de género, nos muestra cómo la consciencia de
nuestro destino, ese que golpea dentro de nuestro ser y nos llama, ha de
provocar una metamorfosis interior que transformará el mundo que nos rodea. De
esta manera nos descubrimos al mismo tiempo que se nos revela una realidad
brutal, construida en base a inevitabilidades. Quien no es capaz de llevar a
cabo el viaje interior y reafirmar su identidad encontrándose a sí mismo,
estará para siempre perdido en un mundo inconmovible. Dicho viaje representa el
transito del mundo de la niñez, ese lugar fantástico de infinitas posibilidades,
oscuras unas y luminosas otras, hacia la pubertad donde los deseos, las
compulsiones, las pasiones todas, adquieren una dimensión definitiva.
Esto nos muestra Catherine Breillat en su película, mediante
un manejo de iluminación sobria y escenarios discretos pero cuidados al detalle
en cuanto al contexto histórico, que por momentos nos transportan a la ópera. La
belle endormie es un bellísimo ejemplo de la sincronía entre discurso y
montaje. Con secuencias pausadas y largas, saltando de una toma general a un
extreme close up y con un tratamiento de color, frío; con un guión que rompe la
estética formal y presenta pequeñas situaciones que sólo están conectadas por
la búsqueda del protagonista y que sirven para explicar el sentido del
argumento general; la película evoca el cine nórdico del estilo de, Tarkovski,
Svankmajer o Roy Andersson. Es notable la preocupación por la coherencia en el diseño
del vestuario, por lo menos en lo que se refiere a la vestimenta de las
versiones más conocidas (La edad media). Se desprende parcialmente del tono
realista y se sirve del tono idealista para mostrar los procesos mentales de
una niña que alcanza la pubertad mediante una profunda reflexión llevada a cabo
en su sueño. Sin concesiones brinca de una secuencia a otra generando así la
sensación onírica que le exige al espectador, atención especial para articular
la historia vinculándose y complementando la relación de ideas, para comprender
el discurso de manera imparcial. Crea lo que Brecht llamaría un efecto de distanciamiento, sin dejar de
lado la fantasía propia del cuento de hadas, sobre todo cuando Anastasia se
encuentra dentro de su sueño.
14 de diciembre de 2011
ESTE VIEJO ZAPATO SUCIO
Este viejo zapato nunca ha querido quedarse a mi lado,
se desabrocha o se pierde bajo la cama
y aunque pase días enteros buscando,
entre el polvo y los objetos olvidados,
no lo encuentro a menos que le tienda una trampa.
Desatado y roto, se le vuelve imposible para el zapatero
¿A dónde irás viejo zapato sucio cuando por fin
te hayas liberado?
¿A dónde irás viejo zapato sucio cuando tu imagen
se esconda entre las cenizas de mi memoria,
y tu piel ya no resista mis pasos
y tu corte se haya deformado
y tu estilo haya envejecido,
cuando tu cordón esté deshilachado
y tengas mas agujeros que color?
¿Quién querrá escuchar las historias de tu zuela?:
Aquellos lugares mágicos donde estuviste,
aquellos a los que desearías regresar.
Y ya que nunca más volveremos a vernos,
cuando te encuentres junto a un montón de
cosas huérfanas o abandonadas
y te halles lejos de tu par,
recuerda que alguna vez hubo un pie que te buscaba
para caminar a tientas a través de la oscuridad.
A. M.
se desabrocha o se pierde bajo la cama
y aunque pase días enteros buscando,
entre el polvo y los objetos olvidados,
no lo encuentro a menos que le tienda una trampa.
Desatado y roto, se le vuelve imposible para el zapatero
¿A dónde irás viejo zapato sucio cuando por fin
te hayas liberado?
¿A dónde irás viejo zapato sucio cuando tu imagen
se esconda entre las cenizas de mi memoria,
y tu piel ya no resista mis pasos
y tu corte se haya deformado
y tu estilo haya envejecido,
cuando tu cordón esté deshilachado
y tengas mas agujeros que color?
¿Quién querrá escuchar las historias de tu zuela?:
Aquellos lugares mágicos donde estuviste,
aquellos a los que desearías regresar.
Y ya que nunca más volveremos a vernos,
cuando te encuentres junto a un montón de
cosas huérfanas o abandonadas
y te halles lejos de tu par,
recuerda que alguna vez hubo un pie que te buscaba
para caminar a tientas a través de la oscuridad.
A. M.
2 de noviembre de 2011
Poema 16
Me sublevo ante la forma, al margen del tiempo;
mi atemporal figura es blanca y soberbia.
La vocal de mis ojos es verde lo mismo que mi belleza:
espigada tinta impregnada en la sombra,
que dibujó mi retina con un dulce sabor corrosivo.
En la ciudad de mi piel, tus labios son un vórtice
donde las presas van en desbandada por mi
lengua vagabunda.
Me acerco al abismo con sádica terquedad
y voy a la caída con tierno rencor burgués.
27 de octubre de 2011
18 de octubre de 2011
19 de septiembre de 2011
CUENTO: Fractura Estructural
¿Quién detendrá la piedra que viaja hacia la ventana?, pesada como si fuera un cúmulo de plomo, ligera como un ave de rapiña. Maliciosa y astuta a la fragilidad del momento. El tiempo transcurre, todas las nubes arriba, que piensan: ya se quiebra, ya se revienta. Y la piedra ara el viento, siembra el caos en semillas pequeñas, irreconocibles como los cristales del vidrio que se esparce. Es la acción de la masa sobre el espacio, transcurre con el tiempo, perdido como el límite del universo; es la revelación del microcosmos en el flujo cósmico del infinito. Todo fluye y sin embargo permanece, aquí, en este momento en que la piedra, se extasía con los vidrios, abre cada uno de sus poros, los desgarra, forma parte suya, destroza la membrana que sostiene el equilibrio del cual se conforman las cosas. También la piedra que lo siente y bufa su polvo estelar que desconoce y penetra, fácil, ágil como la flecha que atraviesa tierna carne; y no se rompe sólo el vidrio, escurre por la barda que se pinta del color de la fractura y entonces la pureza del material se desconoce ante esta insaciable necesidad de la culpa. Lo he dicho, no es la ventana que ya es hilo de vergüenza descarada, es el marco que también se resquebraja y fluye con la fractura. El metal que se tuerce, lamina que se dobla frente al sabor de lo que se corrompe. Viaja la piedra en su andar de parábola y las columnas que sostienen el marco por donde ha durado la ruptura, del mismo modo se abren, igual sus columnas a su esqueleto, se dobla, retrayéndose hasta los ángulos en movimiento, esos lugares rincones inéditos donde la ausencia solar mantiene frescas las telarañas y el polvo se queda quieto al sentir a las sombras lamer la sal de los tiempos prístinos. Y sigue su camino aquel rayo oscuro que va dejando nada, que sustituye al trueno con el polvo de sus ladrillos. La piedra se limpia de rayones falsos y en su eterno lapso, huérfano de principio, ausente de muerte, mira los cuadros, las manchas, protuberancias, accidentes cualesquiera que resbalan en lamidas momentáneas y más adentro, en el interior del esqueleto, entre los muros y se quebranta, corre la sangre desde los ladrillos, golpea en su trance interno, el palpitar que con intensidad se abulta en derredor del calor de los focos aún encendidos y los objetos parecen, parte por parte, desmembrarse. Una sensación de que las cosas se funden con el viaje de la piedra impregna los cuerpos. Afuera árboles y nubes se vuelven tierra, forman ahora gran parte del estruendo que regresa a los oídos y luego un silencio de suspenso, en donde nada más que la piedra, al caer fragmenta el mosaico de la casa, se escucha. Y luego sigue la suela de un zapato que se derrite mezclándose con el sudor que han bebido los calcetines. Humo de carne quemada, hueso ceniciento, uñas separadas, tendones, tejidos, músculos arrugándose prematuramente; es una rodilla quien logra ver su contracara y sin embargo sube por dentro de las piernas, pasional y angustiante, blando dolor de entrepiernas que se regalan, de arco que se tensa, de nalgas aplastadas por la luz que aún llega y se queda y rocía, velo dactilar, savia recalcitrante, fractura primera que se parte ante la presencia del tabique, que deja escapar su olor a fuego sin color, inmarcesible y avanza, diminuta, dominante, baba invisible que se apodera de la sangre y la trabaja lento y no es lo mismo que la cintura se doblegue con esa fuerza, a que se deje doblegar, sin fuerza, con fuerza, no importa, porque es la decisión lo que vale cuando la grieta sube y apuñala el ombligo, soltando de pronto los recuerdos de una madre, de un padre, de un quizá y de un luego, de un ahora que no se cumple porque no es nuestro, porque no, porque se doblega. Es la piedra pero no ahora la que avanza, es su fuerza, su inercia la que nos arrastra, furia contenida que no se detiene, imperturbable, que antes araño el vientre y ahora el pecho, cada pezón de manera distinta. Piedra que se eterniza y estruja las costillas, las hace polvo, toma las armas del cuerpo para quebrantar el corazón y arrinconar los quejidos en la garganta como a los insectos en un vaso de licor, y verlos ahogarse en la fractura de la quijada, apolillados los dientes, desgarrada cada papila de la lengua, reunidos cadáveres en las fosas, hasta donde los ojos hacen ruta, caricias hondas en el cráneo, ultrajado cada relieve del cerebro, neuronas succionadas, como las orugas a las larvas en tiempos de crecimiento y regresa, busca, hay, encuentra, se filtra, humedad venenosa, pulmones insuficientes, ramificaciones de piedra que se devuelven y concentran en los brazos sin llegar a las manos. Sólo una, es una, no hay más, sólo una y eso es todo, por donde baja la grieta que se apoya en la palma, deletrea las líneas, los secretos, la identidad y nada, porque toma un dedo, que hace escurrir tinta de las palabras escritas en el papel. La pluma gotea, también se escurre y en la hoja nada más que manchas, letras derretidas, signos alcanzados por la piedra; pero ya no es la piedra, es la grieta de su movimiento la que perdura y llega hasta la hoja y no se detiene, brama y se encaja en un dedo de los varios, que en este momento, sostienen la hoja que la contiene.
4 de agosto de 2011
Poema de cumpleaños
Desprecio cualquier lazo que me una
a la infamia de las antiguas generaciones
que conforman mi familia.
Sin humo sobre el espejo, me doy cuenta
de que mis ojos se perdieron
en vagas imágenes de pusilánimes glorias,
repentinas y robadas.
Sé lo que digo y no puedo alejarme
lo suficiente de esa marca originaria.
Podríamos intentar reconstruirlo encendiendo un beso,
pero aún quedarías intranquila en una tarde necesitada.
No eres demasiado tiempo
ni demasiada esperanza.
Tu cuerpo cabe en mi cuerpo
y esto ya es mejor que mi destino.
Soy como un león amaestrado,
tengo el rencor del siervo y el orgullo del amo;
pero tus ojos expanden mi horizonte
como un violento látigo de aire y agua,
que golpea la roca de la nostalgia infértil.
Vendrás de nuevo a mi cama,
a la mirada de niño que tengo,
y ya no habrán cuerpos en las paredes,
ni alas en las almohadas.
Las palabras, igual que los besos,
se quedarán en las grietas,
como la humedad y ese olor a viejo;
y esto será un designio más que una súplica.
a la infamia de las antiguas generaciones
que conforman mi familia.
Sin humo sobre el espejo, me doy cuenta
de que mis ojos se perdieron
en vagas imágenes de pusilánimes glorias,
repentinas y robadas.
Sé lo que digo y no puedo alejarme
lo suficiente de esa marca originaria.
Podríamos intentar reconstruirlo encendiendo un beso,
pero aún quedarías intranquila en una tarde necesitada.
No eres demasiado tiempo
ni demasiada esperanza.
Tu cuerpo cabe en mi cuerpo
y esto ya es mejor que mi destino.
Soy como un león amaestrado,
tengo el rencor del siervo y el orgullo del amo;
pero tus ojos expanden mi horizonte
como un violento látigo de aire y agua,
que golpea la roca de la nostalgia infértil.
Vendrás de nuevo a mi cama,
a la mirada de niño que tengo,
y ya no habrán cuerpos en las paredes,
ni alas en las almohadas.
Las palabras, igual que los besos,
se quedarán en las grietas,
como la humedad y ese olor a viejo;
y esto será un designio más que una súplica.
13 de julio de 2011
Sentidos
I
Moebius enamorado
Te dije. Con otra manera de llamarte. Un nombre que es distinto a los nombres habituales. Una forma que es todas las formas. Déjame escribirte. Aprender a deletrearte. Escúchame decirlo. Alguna vez lo hice y un suspiro no basta.
Te digo. Y de nuevo comienzo, cada vez que lo he dicho. Eres siempre distinta. Un signo verde atrapado a veces en otros colores. Te digo, con toda la extrañeza de tu orgullo indiferente. Vuelvo a decirte y vienen días, fechas, estaciones, donde recuerdo haberte visto. Eres cinta de Moebius que me hace cuerpo de tu nombre en eterno movimiento.
Te diré. No terminará mi voz de nombrarte. No terminará mi respiración de tenerte. Serás en mi aliento, inmarcesible susurro que no sale de mi boca, para que de alguna forma te quedes en mis labios.
II
Soledad escucha
Puedo reconocer la distancia cuando cierro los ojos,
acústicas y resonancias preñan mis oídos de curiosidades;
rústicas melodías son delineadas por tu suave nota,
atravesadas por la esencia del sonido que rehace tu cuerpo.
Me pierdo y en mis orejas anidan palomas mensajeras,
armonías sensuales, que vienen de tus tierras donde los cuerpos son,
retumbos de nostalgia, coros que te mencionan en sus cantos;
te escucho y regresa el eco de esta voz, para desaparecer en mi ciudad,
hecha de tímpano y vibraciones, de martillo y claves y también
alabanzas de mi soledad, que de sonar ahogadas, se desangran.
III
Mirada darwiniana
No es que mire, porque no lo hago. Sólo atrapo imágenes para que se las coma el cerebro, como se atrapan las mariposas con las redes o los insectos que se coleccionan. Como se atrapan las moscas, quemándolas en el instante. Cada cual tiene trayectorias definidas y un código asignado, para no perderse en la naturaleza abstracta y dura del pensamiento, cada vez que se agitan cuando un entramado o un impulso les alude.
Pero una vez asimilado es imposible no durar. Cada ventisca de restos imaginativos o cada oleada de vacío, les degrada. Observo, definitivamente observo cada detalle, cada diminuta fractura en la línea. Cómo los colores cambian su forma, pierden su nombre y se mezclan con nuevos elementos para crear especies que no me atrevo a reconocer y mucho menos a dejar en libertad.
IV
Tacto adentro
Tacto adentro palpitan mis dedos, signos en movimiento con los que trato de saber, reconocer y refigurarte. Cada parte tuya serás tú, igual que la suma de todas quienes eres y has sido. No existe nada más que esta metáfora del instante, es decir:
Mis yemas, que son mis dedos. Mis dedos que son mi piel. Mi piel reblandecida que te hace como yo te quiero. Justo a la medida de mi contacto, mujer que yo deseo, de quien estoy enamorado. Extensa como el universo, pequeña como tu cuerpo; expandida y contraída como la piel del tiempo.
Tienes todas las edades que mi tacto lee cuando se escurre por tu cuerpo encrespado. Apenas delineo con el último dedo la curva de tu cintura, alargada casi como tu espalda. Puedo reconocer las tiernas y blandas arrugas de tu edad más secreta que aprendió a querer y también, tu sórdido corazón más profundo que el secreto de quien te enseñó cómo abandonarte al amor.
V
Llena de ti
El baño de tu casa que se contagia con el agua tibia de su regadera y hace resbalar días neutros enjabonados. Las sombras de tus ojos, el color de tus pestañas donde se percibe tu humor acuoso, manchado de sangre ordinaria, como el perfume que te esconde. Tu nariz de cuarzo. Tus brazos lacios como las mentiras que nos precedían. Tus brazos hartos de minúsculos pantano cremosos, poros y crema donde no terminé de perderme.
Tu cuello escuálido como las caricias, y el vapor salado y penetrante de tu sudor. Tus senos de leche bronca y buenos tiempos, de pasado que esconde una verdad sin fragancia, a causa de un engaño que huele a saciedad y mejores días, los mejores días, en un mundo raro que no encontró sabor, ni sonido, ni gusto o tacto en su aroma.
Tu cintura de calor y cansancio, tus caderas largas como el olor de un vaso lleno de tinto donde se ha caído un cigarro. Tus piernas abiertas, tus muslos sin venas, tus pies que le pertenecían a mi espalda; y tu sangre aceitosa en la transpiración de las tardes, cuando nos permitíamos olernos como hacen los animales, para no olvidarse nunca.
Todo eres tú. Tú que eres olor y que eres idéntica a ti misma. Tú misma que soy yo. Yo que sólo soy percepción multisensorial, percepción que no puede ser sino memoria de nuestro deseo, costumbre de las circunstancias y aroma que no envejece. El aroma que no se pierde, materia prima del recuerdo.
Moebius enamorado
Te dije. Con otra manera de llamarte. Un nombre que es distinto a los nombres habituales. Una forma que es todas las formas. Déjame escribirte. Aprender a deletrearte. Escúchame decirlo. Alguna vez lo hice y un suspiro no basta.
Te digo. Y de nuevo comienzo, cada vez que lo he dicho. Eres siempre distinta. Un signo verde atrapado a veces en otros colores. Te digo, con toda la extrañeza de tu orgullo indiferente. Vuelvo a decirte y vienen días, fechas, estaciones, donde recuerdo haberte visto. Eres cinta de Moebius que me hace cuerpo de tu nombre en eterno movimiento.
Te diré. No terminará mi voz de nombrarte. No terminará mi respiración de tenerte. Serás en mi aliento, inmarcesible susurro que no sale de mi boca, para que de alguna forma te quedes en mis labios.
II
Soledad escucha
Puedo reconocer la distancia cuando cierro los ojos,
acústicas y resonancias preñan mis oídos de curiosidades;
rústicas melodías son delineadas por tu suave nota,
atravesadas por la esencia del sonido que rehace tu cuerpo.
Me pierdo y en mis orejas anidan palomas mensajeras,
armonías sensuales, que vienen de tus tierras donde los cuerpos son,
retumbos de nostalgia, coros que te mencionan en sus cantos;
te escucho y regresa el eco de esta voz, para desaparecer en mi ciudad,
hecha de tímpano y vibraciones, de martillo y claves y también
alabanzas de mi soledad, que de sonar ahogadas, se desangran.
III
Mirada darwiniana
No es que mire, porque no lo hago. Sólo atrapo imágenes para que se las coma el cerebro, como se atrapan las mariposas con las redes o los insectos que se coleccionan. Como se atrapan las moscas, quemándolas en el instante. Cada cual tiene trayectorias definidas y un código asignado, para no perderse en la naturaleza abstracta y dura del pensamiento, cada vez que se agitan cuando un entramado o un impulso les alude.
Pero una vez asimilado es imposible no durar. Cada ventisca de restos imaginativos o cada oleada de vacío, les degrada. Observo, definitivamente observo cada detalle, cada diminuta fractura en la línea. Cómo los colores cambian su forma, pierden su nombre y se mezclan con nuevos elementos para crear especies que no me atrevo a reconocer y mucho menos a dejar en libertad.
IV
Tacto adentro
Tacto adentro palpitan mis dedos, signos en movimiento con los que trato de saber, reconocer y refigurarte. Cada parte tuya serás tú, igual que la suma de todas quienes eres y has sido. No existe nada más que esta metáfora del instante, es decir:
Mis yemas, que son mis dedos. Mis dedos que son mi piel. Mi piel reblandecida que te hace como yo te quiero. Justo a la medida de mi contacto, mujer que yo deseo, de quien estoy enamorado. Extensa como el universo, pequeña como tu cuerpo; expandida y contraída como la piel del tiempo.
Tienes todas las edades que mi tacto lee cuando se escurre por tu cuerpo encrespado. Apenas delineo con el último dedo la curva de tu cintura, alargada casi como tu espalda. Puedo reconocer las tiernas y blandas arrugas de tu edad más secreta que aprendió a querer y también, tu sórdido corazón más profundo que el secreto de quien te enseñó cómo abandonarte al amor.
V
Llena de ti
El baño de tu casa que se contagia con el agua tibia de su regadera y hace resbalar días neutros enjabonados. Las sombras de tus ojos, el color de tus pestañas donde se percibe tu humor acuoso, manchado de sangre ordinaria, como el perfume que te esconde. Tu nariz de cuarzo. Tus brazos lacios como las mentiras que nos precedían. Tus brazos hartos de minúsculos pantano cremosos, poros y crema donde no terminé de perderme.
Tu cuello escuálido como las caricias, y el vapor salado y penetrante de tu sudor. Tus senos de leche bronca y buenos tiempos, de pasado que esconde una verdad sin fragancia, a causa de un engaño que huele a saciedad y mejores días, los mejores días, en un mundo raro que no encontró sabor, ni sonido, ni gusto o tacto en su aroma.
Tu cintura de calor y cansancio, tus caderas largas como el olor de un vaso lleno de tinto donde se ha caído un cigarro. Tus piernas abiertas, tus muslos sin venas, tus pies que le pertenecían a mi espalda; y tu sangre aceitosa en la transpiración de las tardes, cuando nos permitíamos olernos como hacen los animales, para no olvidarse nunca.
Todo eres tú. Tú que eres olor y que eres idéntica a ti misma. Tú misma que soy yo. Yo que sólo soy percepción multisensorial, percepción que no puede ser sino memoria de nuestro deseo, costumbre de las circunstancias y aroma que no envejece. El aroma que no se pierde, materia prima del recuerdo.
14 de junio de 2011
Tu forma
Para B.P.
Tampoco se te quita esa forma de los dientes
aunque pienses que has cambiado;
la mirada que atraviesa las intenciones
ni la piel blanda y dulce de tus senos
y tus labios como tus pezones, pequeños y definitivos:
formas en que el amor renace con la contemplación.
Evoco las ganas y el placer de sentirte viva aunque errada;
imaginaste la existencia como un descubrimiento
del desprecio mutuo y la decencia pusilánime.
Te resistías al origen del carácter como
una perra embustera y por eso te he querido siempre.
Sabías qué juego te acomodaba para ganar,
sabías tus sensaciones y cuándo ibas a dejarme y
cómo no podía realmente hacer nada.
Ahora mismo te necesito y así lo digo
con las palabras más pedestres del imaginario,
pero me sirven, me funcionan, como alguna vez
el ladrido de los perros acompañando nuestros ajetreos
y como fue el vino y las sombras,
las palabras ausentes en la borrachera,
el "de veras te quiero" cuando nos amábamos;
por eso tenías que hacerte lejana, a través de mí
y no desde mí, no conmigo.
Sin embargo nunca perdiste los besos delgados,
ni esa caída en tu nariz ni tus pechos tan grandes
como la necesidad en el mundo,
tus senos de madrugada soñolienta,
tus senos de calor en la sustancia,
tus senos de soledad amordazada,
tus senos de estambre y terciopelo,
de playa desnuda y mojada,
tus senos de tarde en la espera,
tus senos de tinta pálida derramada,
tus senos de fin de mundo y amigo solitario y
malidecente al final del tiempo,
tus senos de blanco amanecer insomne,
tus senos de tumulto enardecido,
tus senos igual que tu boca: tu boca de algodón
y el filo endeble de tus brazos sin color;
y tu manera de lograr lo que deseaste
aunque algunas cosas fueron tonterías;
en una pequeña cima del mundo despreciándonos a todos,
eligiéndonos, tan iguales como siempre.
Con tu sincera amistad que nadie necesitaba
y tu vida desintegrada a causa de la sonrisa
que te llenaba la cara.
Y mis manos a través de tu juventud mojada y virgen
como tu piel de papel cebolla
¡Cuántas ganas de destruirte en un beso, que dosificaste
con tus manera limpias y la levedad acariciatoria
de tus dedos! El punto luminoso y etéreo sobre tu ojo:
precipicio donde se oculta la flor de fuego;
y el perfecto nudo de tu lengua siempre agitada,
obligada a la mesura. Pero tu calor no cambia,
tu calor que lleno las líneas de mis manos
con secretas escrituras de un destino que
quisieron moldear los idealistas cursis del amor eterno,
cuando pensamos en arrojarlo al abismo para que lo incendiara
y calentara la tierra frígida de nuestras emociones.
Se detuvo tu sangre y se contrajeron tus órganos
en el espacio vacío cuando te llenaste de lindas trivialidades,
de horas en los sitios de moda, como hacen las chicas de ciudad
y te olvidaste de todo y te llenaste de mustias amistades
para no escuchar eso que te arañaba las piernas y el vientre
y te reventaba la mirada porque sabías que ellos
querían de ti nada más que a ellos mismos.
A pesar de todo, seguirá tu piel intacta como tus senos
adormecidos y tus pezones inconmovibles hasta mi regreso;
tus labios tiernos y despiadados en la piel del suspenso
y tu voz como tus pasos que serán tu forma.
Tampoco se te quita esa forma de los dientes
aunque pienses que has cambiado;
la mirada que atraviesa las intenciones
ni la piel blanda y dulce de tus senos
y tus labios como tus pezones, pequeños y definitivos:
formas en que el amor renace con la contemplación.
Evoco las ganas y el placer de sentirte viva aunque errada;
imaginaste la existencia como un descubrimiento
del desprecio mutuo y la decencia pusilánime.
Te resistías al origen del carácter como
una perra embustera y por eso te he querido siempre.
Sabías qué juego te acomodaba para ganar,
sabías tus sensaciones y cuándo ibas a dejarme y
cómo no podía realmente hacer nada.
Ahora mismo te necesito y así lo digo
con las palabras más pedestres del imaginario,
pero me sirven, me funcionan, como alguna vez
el ladrido de los perros acompañando nuestros ajetreos
y como fue el vino y las sombras,
las palabras ausentes en la borrachera,
el "de veras te quiero" cuando nos amábamos;
por eso tenías que hacerte lejana, a través de mí
y no desde mí, no conmigo.
Sin embargo nunca perdiste los besos delgados,
ni esa caída en tu nariz ni tus pechos tan grandes
como la necesidad en el mundo,
tus senos de madrugada soñolienta,
tus senos de calor en la sustancia,
tus senos de soledad amordazada,
tus senos de estambre y terciopelo,
de playa desnuda y mojada,
tus senos de tarde en la espera,
tus senos de tinta pálida derramada,
tus senos de fin de mundo y amigo solitario y
malidecente al final del tiempo,
tus senos de blanco amanecer insomne,
tus senos de tumulto enardecido,
tus senos igual que tu boca: tu boca de algodón
y el filo endeble de tus brazos sin color;
y tu manera de lograr lo que deseaste
aunque algunas cosas fueron tonterías;
en una pequeña cima del mundo despreciándonos a todos,
eligiéndonos, tan iguales como siempre.
Con tu sincera amistad que nadie necesitaba
y tu vida desintegrada a causa de la sonrisa
que te llenaba la cara.
Y mis manos a través de tu juventud mojada y virgen
como tu piel de papel cebolla
¡Cuántas ganas de destruirte en un beso, que dosificaste
con tus manera limpias y la levedad acariciatoria
de tus dedos! El punto luminoso y etéreo sobre tu ojo:
precipicio donde se oculta la flor de fuego;
y el perfecto nudo de tu lengua siempre agitada,
obligada a la mesura. Pero tu calor no cambia,
tu calor que lleno las líneas de mis manos
con secretas escrituras de un destino que
quisieron moldear los idealistas cursis del amor eterno,
cuando pensamos en arrojarlo al abismo para que lo incendiara
y calentara la tierra frígida de nuestras emociones.
Se detuvo tu sangre y se contrajeron tus órganos
en el espacio vacío cuando te llenaste de lindas trivialidades,
de horas en los sitios de moda, como hacen las chicas de ciudad
y te olvidaste de todo y te llenaste de mustias amistades
para no escuchar eso que te arañaba las piernas y el vientre
y te reventaba la mirada porque sabías que ellos
querían de ti nada más que a ellos mismos.
A pesar de todo, seguirá tu piel intacta como tus senos
adormecidos y tus pezones inconmovibles hasta mi regreso;
tus labios tiernos y despiadados en la piel del suspenso
y tu voz como tus pasos que serán tu forma.
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