Me encontraba un tanto aburrido esperando que dieran las
11:30 pm., para ver uno de mis programas favoritos: Toros y Toreros, conducido
por Don Luis Téllez. Pasaba de un canal a otro de la TV abierta que, dicho sea
de paso, en México es una tremenda porquería (no he visto la televisión en
otros países), cuando me encontré en canal 22 con la transmisión o
retransmisión (no me quedó claro), de la premiación de los Arieles, sucedida el
pasado sábado. Sabedor de cómo se las gastan en nuestro querido país respecto
al arte y de cómo parece ser (sólo parece), que si es verdad que todos llevamos
un naco adentro, porque todo lo dirigen hacia allá, incluso los eventos de
mayor respeto y solemnidad; pues decidí quedarme a verlos por curiosidad, no
por interés. Entonces me encuentro algunas cosas que han perseguido a la
industria(?) cinematográfica mexicana desde que murieron los que sí sabían de
cine, por ahí de los cincuentas:
1.-
Pobreza absoluta; pero no debida a la falta de presupuesto, pues cada año se
gastan millones de pesos en proyectos en cine, teatro, literatura, danza, etc.,
que a nadie le interesan, ni siquiera a los creadores de tales proyectos. No,
esta pobreza es imaginativa, creativa, emotiva, intuitiva e intelectual. Ver los
Arieles fue como asistir a la ceremonia de premiación de una secundaria de
gobierno: Todos están nerviosos, asustados, desorganizados. Hay una absoluta
falta de conocimiento acerca de la etiqueta. Y en general, la mayoría de los
premiados parecían haber sido paridos por Fernando Sariñana: chavos buena onda,
fresas, adinerados, alivianados y desfachatados que se dan baños de pueblo. La
gente de cine demostrando que no sabe cómo comportarse frente a una cámara. Es
ridículo.
2.-
En la premiación más importante en México de cine, no saben manejar las cámaras,
los tiros, los encuadres y desconocen absolutamente el significado de “montaje”.
El director de cámaras sólo tenía dos encuadres en su estúpida cabecita: el
abierto y el más abierto. Los cortes que mostraban partes de las películas
nominadas, parecían haber sido hechas por chicos de servicio social de TV
Mexiquense: sin el mayor cuidado, ni la mínima idea.
3.-
Si no existe seriedad, no se puede aspirar a la credibilidad. Para empezar, hay
una lista de más o menos diez películas hechas en el 2011 que ni siquiera
estuvieron en las ternas. Qué emocionante puede ser, ver cuatro películas
participando por todos los premios, para eso no es necesario una premiación
sino una reunión de amigos en la Condesa. En segunda, anuncian el premio de
"Mejores efectos especiales" que gana "Pastorela" y acto
seguido, anuncian la terna a efectos especiales (Sí, de nuevo), sin hacer
ninguna aclaración. Uno piensa: ya dieron ese premio. Pues resulta que no,
participan los mismos cuatro, pero esta vez la gana "Salvando al soldado
Pérez", como si quisieran justificar el gasto realizado en ese horrendo
intento de película y queriendo, a como dé lugar, poner a Miguel Rodarte frente
a los reflectores. Tercera, el presidente de la academia, Carlos Carrera no
tiene la trayectoria, la importancia, la personalidad, ni los pantalones para
llevar a cabo tal tarea. Desconozco administrativamente su labor, pero viendo
la organización y la calidad de la entrega de premios, no parece irle muy
bien.
4.-
La gente de cine se muestra en un evento donde es obvio que quien lo produjo,
no sabe nada de iluminación, sonorización, ecualización y en general, nada
acerca de la generación de un evento de tal magnitud o que debiera tener una
importancia trascendental para el ambiente cultural mexicano. Se notaba una
transmisión vieja en cuanto a los conceptos de cómo hacer televisión. Este tipo
de producción aletargada, sosa, aburrida y lenta es propia de los cincuentas.
No tuvieron ni la curiosidad de ver las muchas ceremonias de premiación gringas
y copiarse (sí, copiarse, ya por lo menos) dos o tres conceptos, para hacer una
transmisión dinámica y entretenida, además de moderna y a la altura, que se
supone, debe tener un evento de tal envergadura. Alguien debiera decirles que
estos eventos se hacen con varios meses de anticipación. Pero como siempre
sucede en México, todo se deja para el último momento.
5.-
Los Arieles nunca han tenido un valor realmente importante. Esto debido en gran
medida a las instituciones fracturadas y corruptas que padecemos todos los
mexicanos, excepto quienes ejercen dicha corrupción. También, debido a una
lamentable comprensión de los conceptos. Se confunde lo mexicano con aquello
que le pasa a los mexicanos. En el intento de ser artistas
"comprometidos" con la realidad histórica o artistas de vanguardia,
visión que proviene de una percepción aburguesada de la realidad, se pretenden
encerrar las infinitas cualidades de lo mexicano, en un aspecto mínimo y
parcial de lo que acontece en el país. No sé cuál es la intención de llevar
todo hacia un pseudo-indigenismo y someterlo a lo que se mal entiende como
folklor, cuando la realidad histórica contemporánea es otra por completo. Hablo
de involucrar a todas las partes, no de excluir una parte. Lo único que
provocan con esta visión puesta "abajo y a la izquierda", es la
tendencia a hacer de todo (es decir, de lo mexicano), un panfleto.
Pretextos
hay muchos, pero la realidad es que el cine y lo que está alrededor del cine,
debiera ser su compromiso, su responsabilidad. Una comunidad artística
cinematográfica no puede permitirse estas aberraciones, estos desaciertos de “pena
ajena”, pero como versa el dicho: "casa de herrero, azadón de palo".
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