14 de julio de 2010

MADRE POSTIZA

Ya se le zafó un tornillo- dijo la sirvienta, contuvo una carcajada y se fue. Era un día de fiesta cuando mamá enloqueció, entre amigos y familiares. Se tiraba al suelo, con los ojos desorbitados, mientras decía incoherencias. Mi abuela avergonzada se molestó por la manera ridícula con que se hacía evidente la crisis. Por el contrario mi papá y su compadre, tranquilamente reían con ternura. Yo también quería reír, pero temí que me reprendieran. Era un niño y estaba rodeado de adultos.
Cuando mi madre me miró fijamente, tensa y enrojecida, con su cara hinchada, me aterré. No hubo nada qué hacer cuando le empezó a humear la cabeza y se quemó su piel. En esos tiempos las madres postizas eran apenas un experimento.

Antonio Mejía

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